Posiblemente haya sido un día frío. No es seguro porque agosto es irregular en ese sentido. Pero es totalmente cierto que fue un día triste para la Argentina. En agosto de 1848, a través de un pelotón de fusilamiento, el Estado mató a una mujer muy joven que estaba embarazada.
El amor prohibido que terminó en fusilamiento y se volvió un clásico del cine argentino
En la sala de calle 25 de Mayo se podrá ver este viernes la película de María Luisa Bemberg, protagonizada por Susú Pecoraro en 1984. Fue muy vista en su época, compitió por el Oscar y sigue siendo una referencia del cine latinoamericano.

Se llamaba Camila O'Gorman, tenía 23 años y había cometido el delito de amar a quien quiso. Interpretado, según los cánones de la época, como sacrilegio, desafío al orden rosista y escándalo público.
Un siglo y medio después, en 1984, María Luisa Bemberg convirtió esa historia en una de las películas argentinas más vistas de su tiempo. Hoy, "Camila" vuelve a la pantalla grande en el Cine América, donde se proyecta este viernes a las 20.
Un film que cambió el cine argentino
Cuando se estrenó la película, el 17 de mayo de 1984, la Argentina acababa de salir de la dictadura. El Ente de Calificación Cinematográfica, que por años mutiló, prohibió y enterró películas, había sido disuelto pocos meses antes.

El contexto no era un dato anecdótico, ya que Bemberg filmó una historia de amor clandestino, represión estatal y rebeldía femenina en el mismo año en que el país recuperaba la democracia y empezaba el "destape".
El film generó conmoción y fue nominado al Oscar a la Mejor Película Extranjera. Susú Pecoraro ganó el premio a Mejor Actriz en el Festival Internacional de Karlovy Vary y en el 6° Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.
Nada de eso, sin embargo, agota lo que la obra hizo, que fue instalar en el cine argentino una pregunta sobre el deseo femenino que no se había formulado, hasta entonces, con ese nivel de claridad.
La historia real
Camila O'Gorman nació en 1825 en el seno de una familia de ascendencia irlandesa y francesa. Su padre, Adolfo O'Gorman, pertenecía a las estirpes acomodadas de Buenos Aires.
El sacerdote Uladislao Gutiérrez (sobrino del Gobernador de Tucumán) llegó a la ciudad tras ser designado párroco de la iglesia Nuestra Señora del Socorro. Eduardo O' Gorman, hermano menor de Camila, era su compañero en el seminario y lo introdujo en las tertulias familiares.
El romance fue secreto hasta que, el 12 de diciembre de 1847, la pareja huyó a Goya, bajo nombres falsos. Allí, ella dio clases de piano y él fue maestro de una escuela para niños.
La noche del 16 de junio de 1848 fueron delatados. El propio padre de Camila acudió ante Rosas para pedir "la sanción de los amantes por haber cometido el acto más atroz y nunca oído en el país".
El castigo fue el fusilamiento, el 18 de agosto de 1848. Como Camila estaba embarazada, se le hizo beber un litro de agua bendita momentos antes de la ejecución, a modo de "bautismo preventivo". Diversas fuentes señalan que fue la primera vez en la Argentina que una mujer sufría la pena de muerte.

El giro de Bemberg
En los documentos de época, Camila aparece como víctima. Una carta del gobernador de Santa Fe dirigida al ministro de Relaciones Exteriores la llama directamente "una mujer robada". El cura es el seductor; ella, la doncella arrastrada por la pasión ajena. Bemberg decidió invertir la lógica.
En la película, Camila no es arrastrada, conduce. Es ella quien seduce al sacerdote, quien propone la fuga, quien en el confesionario le dice: "Voy a tener que inventar muchos pecados". La historia documentada hablaba de una mujer robada. La película habla de una mujer que eligió.
Esa modificación es una declaración política. Como señala la investigadora Julia Kratje, la transposición fílmica construye a Camila como "la instancia más activa de la relación erótica", desplazándola del lugar convencional de objeto erótico para ponerla "en la posición de portadora de una mirada propia"
Bemberg, fundadora de la Unión Feminista Argentina en 1970, sabía que construir un personaje deseante era, en el cine, un acto de subversión.
Una química que no se fuerza
La película descansa sobre dos actuaciones que funcionan porque no se esfuerzan en demostrar nada. Susú Pecoraro construye una Camila lectora, curiosa, capaz de reírse de las convenciones y de enfrentar al padre con una serenidad que es, en sí misma, una forma de desafío.
Imanol Arias encarna al cura con la tensión de un hombre dividido en dos (el mandato divino y el deseo de la carne) sin que ninguno de los dos polos aplaste al otro.
El deseo como política
María Luisa Bemberg llegó tarde al cine. Su primer largometraje, "Momentos", fue en 1980, cuando tenía 58 años. Pero llegó con una claridad conceptual poco frecuente.
Entendía que el cine narrativo clásico convierte a las mujeres en objetos de la mirada masculina. Y en lugar de romper con el lenguaje cinematográfico tradicional y legitimado, decidió trabajar desde adentro para subvertir esas convenciones.

En "Camila", el sistema de miradas se invierte. Es la protagonista quien mira, quien desea, quien toma la iniciativa. Pero el film también trabaja otros sentidos. Un juego a las escondidas pone el tacto y la escucha por encima de la visión. El deseo no es solo lo que se ve. Es lo que se toca y oye, lo que el cuerpo reconoce antes de que la mente lo nombre.
Rosas omnipresente
Juan Manuel de Rosas nunca aparece representado físicamente en la película. Pero su presencia impregna todo: los aperos rojos, los uniformes, los retratos colgados en las iglesias, el terror. Bemberg trabaja muy bien en la construcción de esa presencia invisible con precisión, la del poder que no necesita mostrarse para controlar.
Una apostilla de color
Una perlita para los lectores: cuando Camila y Uladislao decidieron huir de Buenos Aires en diciembre de 1847, Tomás Lubary, propietario de una flotilla de barcazas, los transportó en su goleta desde San Fernando hasta la provincia de Corrientes, donde los amantes vivirían hasta ser descubiertos.

Lubary había nacido en las Islas Canarias hacia 1822 y llegado al Río de la Plata tras naufragar frente a las costas uruguayas. Trabajó en los campos de Urquiza, construyó una pequeña fortuna en el comercio fluvial de madera y participó de los enfrentamientos entre la Confederación y Buenos Aires.
Años después, se radicó en San Carlos Centro, provincia de Santa Fe, donde fue designado Juez de Paz en 1868. Más tarde desempeñó la misma función en San Agustín, Franck y Las Tunas.
¿Por qué vale la pena verla hoy?
"Camila" pasó los 40 años pero no los muestra. El film sostiene su tensión narrativa con una economía que el cine contemporáneo, adicto a la explicación exacerbada de todo lo que ya se muestra, perdió.
Verla en una sala, en la oscuridad compartida, es algo distinto a verla en una pantalla doméstica. El cine fue siempre, también, un acto colectivo. Y hay algo apropiado en reunirse para ver una historia sobre dos personas que eligieron estar juntas cuando el mundo entero les decía "no".








