Chuck Norris: el último duro, y el principio del adiós a los 80
Con el fallecimiento del actor y artista marcial comienza a quedar atrás la era de los guerreros solitarios, entre las artes marciales combinadas (hoy en cada televisor, en vivo y en directo) y los veteranos de Vietnam que salían a recuperar el orgullo perdido.
De bigote, sin barba, con los guantes de la confrontación final de “Octagón” “The Octagon”, 1980). Foto: Archivo El Litoral
Con la muerte de Carlos Ray “Chuck” Norris empieza a despedirse una era del cine de acción, la misma que Sylvester Stallone homenajeó/parodió en su serie de películas de “The Expendables” (aquí titulada “Los indestructibles”), en la que Norris revistó como “Booker, el Lobo Solitario” (en la segunda entrega); allí también se permitió bromear sobre los “Chuck Norris Facts” (aquello de que lo picó una serpiente y esta murió dos días después, entre tantos otros hechos exagerados.
Como ex militar y artista marcial, Chuck era una figura ideal para los dos universos concurrentes del cine de acción de los 80: por un lado las películas de artes marciales, con villanos ninjas, miembros de la yakuza o las Tríadas. Así se destacó en películas como “Octagón” (1980), donde compartió pantalla con Lee Van Cleef, el ex cowboy spaghetti devenido en “El maestro ninja” de la TV.
Por el otro, la linea “rambesca” de veteranos de Vietnam, como en la trilogía de “Desaparecido en acción”: en la primera de estas (1984), una de las más populares, tuvo una de sus primeras apariciones Jean-Claude Van Damme, en la misma forma en que Norris había debutado en “El regreso del dragón”, protagonizada por Bruce Lee: la cofradía de los luchadores sabe pasar testigos. (Por supuesto, tuvo alguna película enfrentando a cubanos y soviéticos, en la era en que Rambo y el “Red Scorpion” de Dolph Lundgren pisaban Afganistán).
En “Desaparecido en acción” (“Missing in Action”, 1985), una de sus películas más populares. Foto: Archivo El Litoral
Al Oeste
Papeles exóticos de sheriff expertos en artes marciales combinadas en “Silent Rage” y “Lone Wolf McQuade” anticiparon su llegada en los 90 a la serie “Walker, Texas Ranger”, que atravesaría toda la década y se convirtió en la imagen del actor para una generación más joven. Pisando las seis décadas, ya no era el vigor de sus golpes sino su presencia y su mito lo que lo validaba como un “duro”.
Ese vínculo con los Estados Unidos de botas y sombrero no quedó solo en la pantalla: Conservador, aportante del Partido Republicano, supo apoyar a Ronald Reagan para decantarse por figuras del “Tea Party” como Ron Paul, Mitt Romney o Sarah Palin. Por el otro lado, se le reconoce su apoyo a las asociaciones de veteranos, como así también financiar iniciativas filantrópicas en India y otros lugares.
Justamente, Norris fue parte de esa era Reagan, donde Estados Unidos lamía sus heridas de Vietnam para prepararse a dar los últimos golpes en la Guerra Fría; y se necesitaban héroes solitarios que pudieran vencer ejércitos con un cuchillo y la precisión de sus golpes.
Foto autografiada de los tiempos de “Walker, Texas Ranger”: un sheriff a las patadas. Foto: Archivo El Litoral
Vientos nuevos
Su fallecimiento se produce en un tiempo nuevo, con nuevos conflictos internacionales. ¿Habrá un Chuck para la época que viene? Al mismo tiempo, hoy las artes marciales combinadas tienen sus propios octógonos en vivo, con sangre real, para pasión y morbo de los fans.
Mientras tanto, el imaginario popular lo recordará en su imagen de edad indefinida (siempre fue “parecido a sí mismo”, con su rostro barbado y poco expresivo), en conceptos ingeniosos como el siguiente: “Un oso trató de devorar a Chuck Norris. Chuck le mostró su mejor golpe y el oso decidió devorarse a sí mismo, ya que era la forma menos dolorosa de morir”.