Diego Oxley vivió más de 90 años y dentro de ese largo paréntesis tuvo muchísimos recorridos. Nacido en Rosario, casi junto al propio siglo XX (en 1901) fue maestro en entornos rurales, se dedicó al periodismo y, sobre todo, fue un eximio narrador. Esta última faceta le otorgó una trascendencia que llegó más allá de aquel año 1995 en el cual se cerró su provechoso paso por este mundo.
Diego Oxley, el "viajero lúcido e infatigable" que hizo del Litoral el eje de su obra
Maestro rural, periodista y escritor, encontró en los paisajes y los habitantes del nordeste santafesino una fuente de inspiración para sus relatos. El 25 de octubre de 1976, la Asociación Santafesina de Escritores le rindió homenaje.

Cuentan las crónicas sobre su vida que "era alto, delgado, cordial y templado en su carácter y que vivió sin preocuparse por las tertulias literarias". Trabajó durante años en el nordeste de la bota santafesina, allí donde conviven el río, la tradición agropecuaria y el recuerdo de la explotación forestal. Ese ambiente, donde observó a criollos, peones y pescadores, sería arcilla para sus textos.

Cuando dejó la docencia, se fue a vivir a Santa Fe, donde ejerció el periodismo, pero siempre volvió a esa zona que tanta influencia tuvo en su literatura. Lo hizo "como un auténtico islero de adopción", según Eugenio Castelli. En este sentido, está muy cerca de Juan José Saer, Alcides Greca y Mateo Booz, en cuya labor literaria el territorio santafesino también tuvo un influjo categórico.
Representativo cultor del cuento
"Desde su primer volumen de cuentos, 'Quebrachos', Oxley ha venido afirmando sin titubeos una personalidad literaria que le confiere un lugar de preeminencia entre los narradores argentinos de los últimos años y lo consagra como el más representativo cultor del género en el litoral”, escribió W. G. Wéyland en el prólogo de 'Las aguas turbias', publicado por Ediciones Colmegna en 1975.

"Dos circunstancias importantes debieron conjugarse para hacer posible la firmeza de esta trayectoria de permanente superación: una, el haber comenzado a escribir en la madurez, cuando ya había completado su visión del hombre y de la vida, lo cual le ahorró los tropiezos de aprendiz", afirmó Wéyland.
"Otra, el conocimiento profundo y henchido de fervor (logrado merced a una prolongada carrera de maestro rural en su nativa Santa Fe, y en sus incursiones de viajero lúcido e infatigable por la región mesopotámica) de paisajes, seres, idiosincrasias y actitudes vitales que le proporciona los personajes, ambientes y asuntos que utiliza en sus creaciones".

"Amigo de la soledad"
¿Por qué recordar hoy a Oxley? Es que hace justo medio siglo, el 25 de octubre de 1976, este autor fue homenajeado en la Bolsa de Comercio de Santa Fe por la Asociación Santafesinas de Escritores, con motivo de la “reciente aparición de su antología de cuentos 'Las aguas turbias' y del ensayo del profesor Eugenio Castelli, titulado 'Diego R. Oxley: la soledad del hombre isleño'".
En ese marco, Arturo Lomello se refirió a Oxley como amigo y como hombre, señalando que "la persona de éste está muy por encima de sus aptitudes de creador literario, sin desconocer los valores y la autenticidad de su labor". Agregó: "Diego no sólo ha escrito cuentos y novelas, sino que las ha vivido".

Luego resaltó que "tiene una recia personalidad y confianza en la inteligencia del hombre y esconde una inmensa ternura que no deja traslucir, pero que se adivina en su solidaridad y conversación siempre amistosa". Lo consideró "amigo de la soledad, viajero de las distancias acuáticas y telúricas que ha aprendido a expresarse también con el silencio".
Dijo que si Oxley hubiera vivido en Buenos Aires hubiera logrado su obra más rápida difusión, pero eso hubiera sido claudicar a la confianza que él le profesa a la autenticidad. "No obstante, al pasar los años no es extraño que la tarea silenciosa, digna, talentosa de Oxley haya impuesto sus piezas literarias a la consideración de cada vez más vastos sectores".

También habló del "tiempo de reflexión y de aire libre" que el escritor "desarrolla en la soledad de su casa de San José del Rincón, mientras madura trabajos que durante sus años en la ciudad le costaba encarar".
"Honda palpitación dramática"
Seguidamente, Castelli manifestó, entre otras cosas, que la obra de Oxley está "profundamente enraizada en el estudio del hombre solitario en lucha por la supervivencia", y consideró al cuento como "el género más adecuado para tratar ese tipo de personajes por medio de la captación de momentos vitales de honda palpitación dramática".
Para finalizar, José Oscar Perusini leyó "Niebla", relato que integra la antología "Las aguas turbias" y finalmente, intervino el homenajeado, quien tuvo palabras de agradecimiento. Dijo, además, que la literatura le había permitido ganar amigos y reconoció "el empeño de la Editorial Colmegna en favor de la difusión de las letras litoralenses".








