El guitarrista, compositor y docente santafesino Exequiel Ricca fue convocado para participar del 2º Pinzgauer Gitarrenfestival, encuentro internacional que se desarrolló durante el mes de mayo en la región de Salzburgo, Austria.
Un guitarrista santafesino emocionó en Austria con una zamba de su autoría
El artista participó de un festival internacional en ese país. A través de la interpretación de una obra instrumental propia, de carácter melancólico, reafirmó la vigencia universal de las músicas nacidas en el territorio argentino.

La invitación fue cursada por los directores del festival, Barbara Giusto y Danilo Alvarado, quienes lo llamaron para integrar una programación que reunió a maestros de la guitarra provenientes de distintos países.
Durante el evento, Ricca brindó una conferencia y trabajó con estudiantes del conservatorio Musikum Pinzgau en una composición de su autoría, en el marco de una propuesta que de conciertos, clases, actividades formativas e instancias de intercambio entre artistas, docentes y aficionados.
La edición 2026 contó además con la participación del reconocido guitarrista cubano Marco Tamayo, una de las figuras destacadas de la guitarra clásica.
En diálogo con El Litoral, Ricca habló sobre el significado de esta convocatoria, los desafíos que implicó presentar su trabajo en Europa y el valor de la guitarra como herramienta de creación, encuentro y transmisión cultural.
Comunicar matices
-En el festival diste conciertos, pero también compartiste ideas y procesos de trabajo. ¿Qué descubriste sobre tu propia música cuando tuviste que explicarla y ponerla en diálogo con músicos de otras tradiciones?
-Esta experiencia me permitió descubrir y confirmar que el lenguaje de la música es verdaderamente universal.
Más allá de las diferencias culturales, geográficas o lingüísticas que puedan existir entre un país y otro, las emociones, las sensaciones y las ideas pueden transmitirse con enorme profundidad sin necesidad de explicaciones verbales.
En mi caso particular, como creador e intérprete de música instrumental, esta certeza adquiere un significado especial. A través de los sonidos es posible comunicar una inmensa cantidad de matices emocionales y simbólicos.
El sonido viaja, ocupa el espacio, resuena en las paredes, en el suelo y en el aire; pero, sobre todo, encuentra un lugar en el cuerpo y la sensibilidad de quienes escuchan, penetrando en su interior y generando una experiencia compartida.
Recuerdo especialmente la interpretación de una composición propia titulada “Zamaba”, una zamba instrumental argentina de carácter melancólico, contemplativo y de tempo pausado.
Desde el escenario podía percibir claramente cómo el público conectaba con esa atmósfera emocional. Aún sin comprender necesariamente el contexto cultural de la obra o sin mediar palabra alguna, la música lograba transmitir su esencia.
Esa conexión silenciosa y profunda entre intérprete y audiencia fue una experiencia significativa y reveladora.
Intercambio cultural
-Trabajaste una composición tuya con estudiantes austríacos. ¿Qué ocurre cuando una obra escrita desde una experiencia cultural determinada empieza a ser interpretada por músicos que tienen otras referencias, otra formación y otra manera de escuchar?
-La actividad educativa fue replanteada para alumnos y alumnas de una escuela primaria del lugar donde se desarrolló el festival en Austria.
Realice una experiencia expositiva e interactiva de ritmos argentinos, explicando e interpretando diferentes especies folclóricas (zamba, chacarera, gato, carnavalito, bailecito, entre otras).
La recepción de los alumnos y maestros fue de mucho interés, eran ritmos que nunca habían escuchado. Hubo un espacio para preguntas de los niños y niñas muy interesante, como por ejemplo en qué contextos se interpretan las canciones y si se tocaban también con guitarra eléctrica.
Otras preguntas fueron orientadas a las actividades como guitarrista profesional. Por otro lado, hicimos una experiencia lúdica de percusión con chacarera y zamba, que presentaba un desafío, ya que en estos ritmos conviven el compás de 3/4 y 6/8 donde se mezcla la división binaria con la ternaria.
Para nosotros es sencillo e intuitivo poder tocar o percutir estos ritmos, pero en otras culturas es muy complejo, fue muy gratificante lograr estas actividades de intercambio cultural.

Escucha activa
-Los festivales suelen ser espacios donde conviven distintas escuelas y formas de entender la guitarra. ¿Hubo alguna mirada o propuesta artística que te haya interpelado especialmente durante esos días?
-Fueron días de profunda reflexión, marcados por la riqueza de las experiencias vividas y por una notable diversidad cultural y musical, siempre con la guitarra como eje articulador.
En este encuentro convivieron la música popular de tradición alpina, el folclore argentino, la música clásica y la música contemporánea original para guitarra, junto con espacios dedicados a presentaciones de estudiantes y exposiciones de instrumentos construidos por luthiers.
Toda esta experiencia me llevó a reflexionar sobre la importancia del arte en la vida humana. El arte genera movimiento, propicia encuentros, acorta distancias y fronteras, y nos invita a vibrar en una frecuencia común de sensibilidad, humanidad y comunidad, especialmente en tiempos atravesados por el individualismo y la fragmentación social.
Desde una perspectiva profesional, me resultó especialmente enriquecedora la mirada técnica de la escuela guitarrística europea, con su permanente búsqueda de la excelencia interpretativa y su abordaje del repertorio para guitarra.
Esta concepción se manifiesta en la interpretación de obras de grandes compositores como Bach, Antonio Vivaldi y Tchaikovsky, entre otros, y constituye una fuente de inspiración para seguir profundizando en mi propio desarrollo artístico.
Otra de las sensaciones que me acompañó a lo largo de todo el festival fue la calidad de la recepción del público. En cada concierto pude percibir una escucha activa, atenta y respetuosa frente a las diversas propuestas musicales, generando un clima de intercambio y valoración que enriqueció profundamente la experiencia de artistas y oyentes.
Estudiar a los maestros
-En un contexto donde la música circula cada vez más globalmente, ¿qué lugar sentís que ocupa hoy la identidad latinoamericana en tu escritura y en tu forma de pensar la guitarra?
-La identidad ocupa un lugar central en mi producción compositiva. Mi trabajo creativo se nutre principalmente de los ritmos y lenguajes de la música argentina, y es desde allí donde comienzo a desarrollar una mirada personal sobre el entorno que me rodea.
El paisaje, la vida urbana, las experiencias culturales y ciertas reflexiones filosóficas vinculadas al territorio que habito se transforman en elementos fundamentales de mi discurso musical.
Del mismo modo, esta búsqueda de una identidad latinoamericana atraviesa profundamente mi interpretación y mi vínculo con la guitarra.
Desde mis años de formación hasta la actualidad, he encontrado una fuente de inspiración en grandes referentes como Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Cacho Tirao, Juanjo Domínguez, Abel Carlevaro y Baden Powell, entre otros.
En sus interpretaciones reconozco una manera particular de concebir el instrumento, una sonoridad y una sensibilidad que conforman una auténtica escuela guitarrística argentina y latinoamericana.
La escucha y el estudio de estos maestros han contribuido a la construcción de mi propia voz artística, reafirmando una búsqueda constante de identidad sonora que dialogue con nuestras raíces culturales y, al mismo tiempo, exprese una visión contemporánea y personal.

Una forma de vida
-Después de esta experiencia en Austria, ¿volvés con nuevas preguntas sobre tu trabajo artístico o con la confirmación de algunas búsquedas que venís desarrollando desde hace años?
-Emprender nuevos caminos siempre despierta interrogantes e incertidumbres. Sin embargo, en esta etapa siento una certeza cada vez más profunda: la búsqueda que vengo realizando a través de la música, el arte y la construcción de una identidad sonora propia es el camino que deseo seguir transitando y desarrollando como forma de vida.
Cada experiencia reafirma esa convicción y me impulsa a continuar explorando, creando y compartiendo mi humilde aporte como ser humano.
Me siento feliz por haber vivido una experiencia tan enriquecedora en todos los sentidos, que no solo alimenta mi crecimiento artístico, sino también mi crecimiento personal.
Agradezco de corazón a todas las personas que me acompañan, apoyan y alientan diariamente en este recorrido. Su confianza y afecto son una parte fundamental de este camino que sigo construyendo con pasión, compromiso y gratitud.








