En una Estación Belgrano que comenzaba a prepararse para vivir el Harlem Festival el próximo fin de semana (el escenario fue el que será Outdoor en unos días), una multitud se congregó para recibir a Los Fabulosos Cadillacs en la presentación de su 40 Aniversario Tour.
Los Fabulosos Cadillacs: 40 años de viaje sonoro
La banda encabezada por Vicentico y Sr. Flavio pasó por Santa Fe en el marco de su gira aniversario. En casi dos horas de show recorrieron canciones de todas sus épocas, de lo festivo a lo complejo, y se permitieron evocar otras músicas, demostrando la riqueza de su paleta expresiva.

Una mayoría de +45 se congregó así para recibir a una de las bandas de sus años mozos, de explosión en los 80 a los tiempos en que la MTV los promocionaba en el marco de la “escena alterlatina” panregional. El clima de reencuentro generacional y entre amigos matizó, de esa manera, la espera.
Desembarco
El slap de Sr. Flavio (enfundado en una remera de la banda santafesina The Estigma) y la percusión de su hijo Astor en “Intro SRF Astral” llamaron a los demás músicos, con los rulos blancos del saxofonista Sergio Rotman encabezando los vientos, hasta que apareció Vicentico para arrancar una espesa versión de “El genio del dub”, con sólo de trompeta de Daniel Lozano.
Siguieron con “Mi novia se cayó en un pozo ciego”: el cantante bastón en mano y el bajista zurdo recorriendo el escenario; en formato punk, con solo de trombón del ex Cuatro Varas Joaquín de Francisco y agite popular.
La intro de “Manuel Santillán, el León” arrancó gritos, que siguieron en coros para los vientos y la letra, trombón dibujando sobre la potencia combinada de la percusión y la batería de Fernando Ricciardi.
Bajaron un cambio aparente con la complejidad de “Carmela”, con sus fluctuaciones de ritmos e intensidades, avisando que “el cielo puede esperar”, y los teclados de Mario Siperman luciendo en la coda.
Gabriel Fernández Capello golpeó como un chamán el piso tres veces, llamando a “La vida”, con Rotman (que metió solo) y Florián (guitarrista e hijo del cantante y Valeria Bertuccelli) en los coros.
La melancolía brotó en los corazones con “Demasiada presión”, explotando allí donde dice: “Noche de calor en la ciudad / ella te dejó y todo sigue igual”; con Cianciarulo construyendo la base y apoyando su pelada para la caricia de Vicentico.
Florián (solista, tanguero, marido de Feli Colina) enhebró una melodía entre el piano Rhodes de Ricciardi y el güiro de Astor para vestir “C.J.”, que su padre acompañó en la guitarra acústica (dando la postal de que los dos patriarcas son zurdos).

Evocaciones
“Chh, calle la boca”, se escuchó, antes de volver a subir con “Calaveras y diablitos”, el vocalista tomando la armónica y Flavio invocando al rocksteady en Santa Fe; esa que invita a vivir la vida mejor sobre cadencia jamaiquina. Tras el solo de De Francisco, el frontman saludó sobre piano y batería, invitando a corear. Florián y Flavio dispararon la subida para el último estribillo.
La gente se quedó coreando un rato más, hasta que la banda aceleró con la punk rocker “Piazzolla”, con los vientos a full, la guitarra a puro wah-wah y el bajo en acordes ascendentes y descendentes a lo Bad Religion; eso hasta que la canción baja y se enrarece hasta el final jazzístico de Rotman y los chiches electrónicos de Vicentico.
Un caballo galopó en blanco y negro en las pantallas, mientras Florián (pasado de la Telecaster a una Rickenbacker), traía “Los condenaditos”, que lideró desde su solo, con Astor pasado de las congas (las mismas que usaba su padrino, el fallecido Gerardo “Toto” Rotblat, presente en una foto gigante) a las timbaletas, entre teclados espaciales.
Sobre la misma base, Gabriel desplegó el tango “La última curda”, en una lucida interpretación vocal que quedó primero como una construcción modal ambient hasta que la banda cae en la armonía del tema de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo.
Pasó a la letra de “Averno, el fantasma” (“Me caí muerto y dije: Chau, chau, chau / salí volando por arriba del mar / no tengo ojos, pero te puedo ver / pasé del otro lado y ya no me puedo mover”.
Volvieron a “Los condenaditos”: “Todos con las manos en el cielo”, entonó, rezar para que llueva que limpie todo: “Se nubla, se nubla” sonó con nubes en la pantalla de fondo.
El segmento viajero prosiguió con Flavio encarando a solas la intro del Himno Nacional Argentino; delineando 2Mañana en el Abasto” de Sumo con el Mi de la cuarta al aire como nota pedal, yendo a “Post-crucifixión” de Pescado Rabioso y “Fuga y misterio” de Astor Piazzolla; volviendo a Sumo y luego al final de la canción patria.
A bailar
Cruces negras sobre fondo rojo convocaron a “Padre nuestro”, entre sonidos de acordeón y teclados cumbieros, y Ricciardi pasado a las timbaletas. Con Flavio enmascarado como luchador de luchador mexicano. Batería y percusión se batieron mientras les gritaban “toca, si va a tocar”. El volantazo fue violento, al ska veloz de “V centenario”, con el contrapunto en las voces de los jefes.
La festividad bailable de los comienzos volvió con “Contrabando de amor”, pidiendo ritmo a rodillas que vieron tiempos mejores. Florián metió una intro hendrixiana para “Saco azul”, bajo luces de ese color, y el cantor de saco largo, que se sacó antes de entonar la última vuelta.
Los bronces de “Siguiendo la luna” (Rotman se pasó a la segunda guitarra) trajeron sabor a playa y verano, llamando al romanticismo de la letra entonada por la inconfundible voz solista, hoy con otros matices y colores ganados con los años.
Florián separó con una melodía elegante, antes de la segunda vuelta, sobre un bajo ascendente de Flavio, que permitió que la canción mute en “Kaya”, (la canción que Luca Prodan le dedicó a su abuela).
El convite a la fiesta volvió con “Carnaval toda la vida”, y los cuerpos y las gargantas acompañaron eso de “Que se te va pasando el tiempo / y que la vida se te va”.
El redoble de “Mal bicho” salió pegado para que vuelvan a jugar entre las voces, con el bajista tomando el protagonismo en el estribillo; el teclado de Mario interpoló melodías de “Misión imposible” y “El Padrino. Hubo un viaje minimalista trayendo a “el niño que baila le va a robar” (de “Se despierta la ciudad”) antes de explotar en el “Digo no”.
El slap funky llamó a la guitarra disco para abrirse en “El satánico Dr. Cadillac”, cantada por el referente como un crooner latino, antes del mantra de “Los Cadillacs tocando para vos”. Cianciarulo padre volvió a groovear una melodía antes del cierre.

El cierre
Se fueron, pero para volver. Primero Nando y Astor para un solo compartido, que derivó en el ritmo axé de “Matador”, entre las melodías vocales y de los vientos y la base frenada del bajo. Flavio mandó un beso al cielo cuando pasaron por “Resiste Víctor Jara”.
Los Fernández Capello rasguearon juntos para “Nro. 2 en tu lista”, con su melodía “cantábile” y su órgano de banda beat.
La gente empezó a corear “Yo no me sentaría en tu mesa”, pero antes quedaba “Vasos vacíos”, aquel clásico que inmortalizaron junto a Celia Cruz; esta vez padre e hijo compartieron de cerca los estribillos, sobre la orfebrería de Flavio. Florián se hizo cargo del puente (“Aquí te quiero decir / no te preocupes mi amor…) antes de rematar juntos.
“Santa Fe, ponele ritmo, llegó la hora de que canten ustedes”, dijo Flavio, enmascarado, antes de entrarle a “Yo no me sentaría en tu mesa” como voz solista, pasándole el bajo a Vicentico.
Rotman fue al frente a compartir su solo, antes de hacer cantar a la gente la melodía principal. Que curiosamente es la que se usa para “no nos vamos nada”: quizás por eso los presentes siguieron cantando un poco más, durante el saludó final. Después de todo, siempre queda un poco del lugar en las gargantas y los corazones para una más.








