Flavio Mendoza construyó su carrera a fuerza de creatividad, riesgo y espectáculos que desafían los límites del escenario. Pero detrás de las grandes estructuras, las acrobacias y los despliegues tecnológicos hay también una historia personal atravesada por las dificultades, los recuerdos familiares y una convicción que lo acompaña desde sus comienzos: el arte puede transformar una vida.
Flavio Mendoza, antes de La Cúpula: “El arte me salvó y quiero que la gente vuelva a emocionarse con una historia”
El artista llega a la capital provincial con una propuesta inmersiva inspirada en un cuento de Oscar Wilde. En diálogo con El Litoral, habló de su infancia, los desafíos de crear un nuevo formato y el valor de detenerse a escuchar.

Con esa idea llega a Santa Fe con La Cúpula, un nuevo proyecto que se aleja de los formatos tradicionales para proponer una experiencia inmersiva de 360 grados. La primera producción, El Príncipe Feliz, Corazón Dorado, toma como punto de partida el cuento de Oscar Wilde y pone en escena una historia de sacrificio, generosidad y solidaridad.
En diálogo con El Litoral, Mendoza explicó que la iniciativa nació de su deseo de contar historias sin las limitaciones de un teatro convencional. También recordó los momentos difíciles que atravesó antes de alcanzar el éxito, habló de la relación con su hijo Dionisio y reflexionó sobre el lugar del arte en una sociedad cada vez más acelerada y atravesada por la tecnología. “Quería encontrar un espacio propio donde pudiera crear lo que se me ocurriera”, resumió sobre el origen de La Cúpula.
La Cúpula: un espacio para contar historias de otra manera
La idea de La Cúpula surgió mientras Mendoza trabajaba en la posibilidad de contar con una segunda carpa para Circo Ánima. Sin embargo, el proyecto fue tomando otro rumbo. El artista buscaba algo diferente: un espacio propio en el que pudiera experimentar con libertad y desarrollar propuestas que no respondieran necesariamente a las convenciones del circo o del teatro.
“Ya para circo tengo Ánima, que tiene varios shows que tienen que ver con todo lo circense. Yo quería tener un espacio donde pudiera crear lo que se me ocurriera”, explicó. Y la diferencia no es solamente técnica. Para Mendoza, definir un espectáculo como circo supone determinadas expectativas sobre lo que el público va a encontrar. Por eso eligió construir una propuesta con identidad propia, capaz de combinar disciplinas y lenguajes sin quedar encasillada en una categoría.

La Cúpula integra danza, acrobacias, música, actuación y recursos audiovisuales en un entorno inmersivo. Entre sus características, el artista destacó las proyecciones sobre el techo, la estructura de 360 grados y la posibilidad de que los intérpretes se desplacen por diferentes niveles del espacio.
Pero detrás de la dimensión visual hay otra búsqueda: que el espectador no se limite a contemplar una sucesión de efectos, sino que siga una historia y se involucre emocionalmente con ella. “Quise hacer un show donde no te dé todo el tiempo para aturdirte, sino que también le prestes atención, escuches el cuento, lo vayas transitando y te vayas emocionando”, sostuvo.
Un cuento de la infancia que volvió convertido en espectáculo
La historia elegida para inaugurar este nuevo formato tiene un origen íntimo. El Príncipe Feliz, del escritor irlandés Oscar Wilde, es un relato que Mendoza recuerda desde su infancia, cuando su madre se lo leyó en una ocasión que quedó grabada en su memoria. Según contó, ella no tenía el hábito de leerle cuentos, pero aquella historia lo marcó especialmente por la reacción que tuvo al terminarla.
“Cuando terminó de leérmelo, por la historia en sí, que es una historia de sacrificio, ella se largó a llorar. En ese momento no entendí mucho el cuento, pero me quedó grabado”, recordó. Con el paso de los años volvió a leerlo y, cuando nació su hijo Dionisio, decidió compartirlo con él. La experiencia le permitió descubrir otra vez el sentido de una narración que habla de ayudar a los demás incluso cuando eso implica renunciar a algo propio.
En el relato original, una golondrina permanece junto a la estatua de un príncipe para ayudar a quienes lo necesitan, aunque esa decisión termina costándole la vida. Mendoza decidió modificar el desenlace para ofrecer una resolución más esperanzadora, sin abandonar el mensaje central de la obra. “Yo le hice un final más feliz. La magia del teatro y de lo que uno crea puede transformar las cosas”, señaló.
Para el artista, el valor de la historia está en la entrega y la solidaridad. También encuentra una conexión entre el cuento, los sacrificios de su madre y algunas experiencias de su propia vida. La adaptación, además, le permitió mostrar una faceta diferente de su trabajo. “Tengo un universo muy grande como artista y no solamente soy una sola cosa”, afirmó.
La experiencia de compartir el arte con su hijo
La relación entre el cuento y su historia familiar adquirió un significado especial cuando Mendoza se lo contó a Dionisio. Al principio, al niño también le costó comprender algunos pasajes, por lo que su padre fue explicándole lo que sucedía y por qué los protagonistas actuaban de esa manera.
La enseñanza que buscó transmitirle fue que la tristeza del relato no debía ocultar el valor de lo que hacían sus personajes para ayudar a otros. Esa misma intención atraviesa la puesta en escena. Mendoza quiere que los chicos puedan seguir la historia, pero también que los adultos encuentren un momento para acompañarlos, conversar y explicarles aquello que todavía no comprenden.

“Quiero que la gente se olvide un poquito del celular y le preste atención al cuento. Que, si un niño no entiende lo que está pasando, como papás tengamos ese momento de decirle: '¿Sabés por qué pasa esto?'”, planteó. La propuesta aparece así como una invitación a recuperar una experiencia compartida en familia. En un contexto de estímulos permanentes, el artista apuesta a que el espectáculo permita bajar el ritmo, escuchar y dejarse llevar por una narración.
“Vivimos muy acelerados, estamos en un cambio muy grande a nivel mundial y me parece que es necesario que pase eso”, reflexionó.
Los desafíos de construir un espectáculo desde cero
El desarrollo de La Cúpula también implicó una exigencia técnica considerable. Mendoza contó que la estructura y los distintos componentes de la producción fueron construidos en China e Italia y que uno de los mayores desafíos consistió en integrar todas esas piezas para que funcionaran de manera coordinada.
El escenario, por ejemplo, requiere una programación precisa para que sus movimientos coincidan con las coreografías. Cada desplazamiento debe estar sincronizado con los intérpretes, de modo que una plataforma que se eleva o cambia de posición no interfiera con la ejecución de una escena. “Fue como unir muchas cosas como director y como creador. Yo puedo entenderlas, pero cada área tiene que resolver lo suyo”, explicó.
También reconoció las dificultades que tuvo con la acústica y el sonido para alcanzar el resultado que buscaba. La experiencia lo obligó a trabajar sobre aspectos que no siempre forman parte de su tarea creativa cotidiana. Lejos de considerar esos obstáculos como un impedimento, los tomó como parte del proceso.
La necesidad de resolver problemas nuevos le permitió afrontar el proyecto con una energía diferente y evitar la comodidad de repetir fórmulas conocidas. “Está bueno que suceda así porque eso me hace estar con una adrenalina diferente. No con esta cosa de ‘me sale de taquito, ya está’”, expresó.

De una infancia difícil a una carrera construida a fuerza de trabajo
La historia de Mendoza también está atravesada por momentos en los que el futuro parecía incierto. Nacido en una familia vinculada al circo, recordó que sus padres perdieron todo y que, durante un período, se trasladaron a Nogoyá, Entre Ríos, ciudad que lo vio nacer. Allí, en medio de una etapa difícil, sintió que no encontraba su lugar. Recordó una escena de su infancia en la que se acostó en una esquina de la calle y pidió que algo cambiara, porque no lograba imaginar qué podía hacer con su vida en ese entorno.
Después llegó Buenos Aires, donde debió abrirse camino sin contactos que le facilitaran el acceso al mundo artístico. Mendoza contó que participaba en castings, caminaba largas distancias y repartía volantes para conseguir ingresos. Durante dos años trabajó repartiendo publicidad en una vereda cercana a la Catedral Metropolitana. En ese lugar se hizo una promesa: si algún día tenía un hijo, lo bautizaría allí.
Cuando nació Dionisio y su situación económica había cambiado, quiso cumplirla. Sin embargo, le explicaron que ya no se realizaban bautismos en ese lugar. El artista contó su historia y logró que hicieran una excepción. Para él, ese momento representó mucho más que una ceremonia religiosa. Fue una manera de volver sobre aquellos años difíciles y mostrarle a su hijo que había conseguido construir un camino a partir del esfuerzo.
“Era como decir: ‘Bueno, lo logré’. Yo la pasaba mal en esa época. Era trabajar para agarrar una platita y llevar a mi casa”, recordó. Esa memoria personal también aparece en la elección de El Príncipe Feliz. Mendoza encuentra un vínculo entre el sacrificio que atraviesa el cuento y el que reconoce en la vida de su madre, así como en su propia historia.

“El arte me salvó”: por qué sigue apostando a los espectáculos
Al reflexionar sobre el presente de la cultura en Argentina, Mendoza defendió el valor del arte como una experiencia capaz de despertar vocaciones, abrir posibilidades y mostrar otros mundos. “Porque creo que el arte a mí me salvó. El arte me hizo ver cosas”, afirmó.
Como ejemplo, recordó el impacto que le produjo ver a Michael Jackson y la capacidad que tienen ciertos artistas para despertar en los chicos el deseo de hacer algo nuevo. Para él, asistir a un espectáculo puede convertirse en una experiencia inspiradora, incluso para quienes todavía no imaginan que podrían dedicarse a una actividad artística.
También señaló las dificultades que enfrentan los artistas argentinos para encontrar espacios de trabajo. En ese sentido, adelantó que para su próximo espectáculo, 7 Auras, convocará a intérpretes argentinos que actualmente viven en el exterior. Y aunque sigue apostando a nuevos proyectos, Mendoza también empieza a reconocer los límites que le impone el cuerpo. Después de años de espectáculos que combinan danza, acrobacia y exigencia física, el artista contempla la posibilidad de que su próxima producción marque el final de una etapa sobre el escenario.
“Creo que va a ser uno de mis últimos, no porque no pueda seguir, pero sí de este tipo de usar tanto el cuerpo. Además, por mis lesiones, está bien parar un poquito”, reconoció al hablar de este nuevo espectáculo, que prepara para la próxima temporada de verano.
Sobre el financiamiento de la cultura, planteó una posición personal: considera que es importante acompañar a quienes necesitan oportunidades de formación, especialmente los chicos, pero también cree que los artistas pueden asociarse y generar proyectos de manera independiente.
En su caso, sostuvo que el apoyo más concreto del público consiste en asistir a sus funciones y comprar una entrada. Al mismo tiempo, contó que suele invitar a personas que no tienen los recursos para pagarla. Su mirada no está puesta únicamente en la dimensión económica de la actividad, sino en la posibilidad de sostener espacios donde el trabajo artístico pueda desarrollarse y llegar a distintas audiencias.
Una invitación a detenerse y volver a escuchar
La Cúpula representa para Mendoza un nuevo paso en una trayectoria marcada por la búsqueda de formatos diferentes. A diferencia de otras producciones en las que el humor, la velocidad y el impacto visual ocupan un lugar central, esta propuesta pone el acento en la emoción y en el tiempo que necesita una historia para desplegarse.
El artista no renuncia a los elementos que identifican sus espectáculos: habrá baile, acrobacias, vestuario, música y un importante despliegue tecnológico. La diferencia está en cómo esos recursos se ponen al servicio de una narración que invita a reflexionar sobre la solidaridad y el vínculo con los demás.
En esa elección también hay una mirada sobre el presente. Frente a una vida cotidiana marcada por la velocidad y la atención fragmentada, Mendoza propone recuperar la posibilidad de sentarse, mirar y compartir una experiencia sin apurarse por llegar al siguiente estímulo.
La Cúpula de Flavio Mendoza en Santa Fe: fechas, horarios y entradas
La Cúpula tendrá su gran estreno en Santa Fe el viernes 30 de octubre, a las 21. El espectáculo se presentará en el estacionamiento del Hiper Chango Más, ubicado sobre la Ruta Nacional 168, kilómetro 473,6.
Las funciones serán los miércoles, jueves y viernes a las 21, mientras que los sábados y domingos habrá dos presentaciones, a las 18 y a las 21.
Las entradas se encuentran a la venta a través del sitio oficial lacupulaarena.com.ar. Próximamente también podrán adquirirse en la boletería del predio.
Información para el público
- Gran estreno: viernes 30 de octubre, a las 21.
- Miércoles, jueves y viernes: 21.
- Sábados y domingos: 18 y 21.
- Lugar: estacionamiento del Hiper Chango Más, Ruta Nacional 168, km 473,6, Santa Fe.
- Entradas: lacupulaarena.com.ar y próximamente en la boletería de La Cúpula.









