En el marco de la Noche de los Museos 2026, la artista santafesina Gabriela Pertovt eligió Casira Espacio de Arte (espacio centrado en la venta y la capacitación en el trabajo en cerámica, ubicado en Tucumán 2950) para su reencuentro en grande con el público local, tras más de una década de ausencia.
Gabriela Pertovt: un reencuentro con Santa Fe, repasando su historia
En el marco de la Noche de los Museos 2026, la santafesina que construyó un lenguaje propio a partir de imágenes autóctonas, presentó la muestra “La trama de la tierra” en Casira Espacio de Arte con trabajos de distintas épocas. En la previa conversó con Santa Fe Arte sobre esta experiencia y sobre sus ganas de reencontrarse con la pintura desde otro lugar.

La muestra llevó por título “La trama de la tierra”, y remite al encuentro entre la trama de las cintas presentes en la obra clásica de Pertovt, lo que ella denominó “tejido criollo”, y el barro a partir del cual ha creado la alfarería desde tiempos inmemoriales. Como parte de esa colaboración, Gabriela realizó también intervenciones en acuarela sobre piezas cerámicas.

Antes de la velada, la artista de las vacas y las banderas conversó con El Litoral sobre esta oportunidad para volver a mostrar sus trabajos más representativos, mientras busca su nueva estética para una nueva etapa vital.
Repaso de obra
-Es un reencuentro para vos con el público de Santa Fe. ¿Cómo se vive, después de haber vivido afuera y no haber expuesto acá?
-Es todo un desafío: estoy muy emocionada, muy removida, porque son 11 años que no mostraba aquí. Pero además realmente ha sido una pausa; si bien en el tiempo que he estado viviendo en España pinté un poco y la obra cambió, lo siento como una pausa.
Cuando yo conocí a Luis Felipe Noé, cuando era estudiante, justo él volvía al país después de diez años de no pintar. Y pensaba: ¿Cómo se vive 10 años sin pintar? Pues ahora, me ha tocado: estoy reconectando con este mundo y es todo un desafío.

-Esta muestra retoma obras de tu catálogo. ¿Qué elegiste para mostrar en esta ocasión?
-Elegí un poco de dos o tres series que fueron las últimas. Hay algo de los 90, algo de los 2000 y algo de los 2010, por así plantearlo. Ahora hay nuevas generaciones, ahora con mi edad soy vintage (risas). Me estudian los chicos en la escuela de arte porque soy vintage.
Entonces elegí un poquito de todo para que el que no conoce mi obra o que la recuerde un poquito tenga contacto.
-En un momento te llamaban “la pintora del Nuevo Autoctonismo” por esto de trabajar la bandera, el ceibo, la vaca, que son íconos nuestros; también el contacto con el fileteado en la bandera. ¿Cómo se fue desarrollando esa identidad que uno la ve y dice "Gabriela Pertovt"?
-Soy un poco juguetona, lúdica; y siempre hice un arte que, si bien tenía a veces un mensaje (incluso político o de conciencia, de pensamiento detrás), no era solo juego, al final siempre había algo muy de juego en la obra. Hoy pensaba: “A lo mejor soy como una Molina Campos de las nuevas generaciones”.
Porque toqué esos temas: el gaucho, el campo, el facón, la bandera, el ceibo, la vaca; pero siempre desde algo como más lúdico.

-También era una obra que, para el turista, cuando vos exponías en Ushuaia, era muy reconocible.
-Claro: fui diez años seguidos a exponer a Ushuaia, y mis obras están repartidas. De hecho, me he encontrado una en Italia, o en lugares así, o me mandan la foto de que está en Bélgica, en Estados Unidos. Es muy lindo, muy divertido para el artista, que la obra ande por ahí.
-¿Cómo es encontrarte ver una pared y que sea una obra tuya?
-Una sorpresa, y en Europa más. En Italia, por ejemplo, era gente que ni siquiera la conocía: era amiga de una amiga. La cuestión es que habían pasado por Ushuaia y se habían llevado una obra. Pero también me pasó aquí al volver, que fui al nuevo edificio de LT10 y en el hall tienen unas obras grandes, de los comienzos: con otros colores, incluso cuando pegaba mucho jean.
Es hermoso, porque uno a veces casi ni se acuerda. Las obras son como hijos, como semillas que van al viento; y cuando te encontrás, es re lindo.
-Son acrílicos, mayormente.
-Sí, todos, siempre trabajé con acrílico.
-Aunque decís que algunos parecen óleos, por la forma de trabajarlo. ¿Cómo es esa esa técnica?
-Al final se puso un poco más plano; pero antes lo trabajé (sobre todo en la bandera) mucha capa sobre capa; entonces logro un brillo... en general el acrílico es más más opaco al ojo, o más plano. Como uno piensa en el arte pop, o en esos colores estilo Milo Lockett; pero sin embargo yo siempre lo trabajé más como un óleo. Por eso toma esa textura que parece que las cintas salen del cuadro.
Espíritu viajero
-En esta pausa tu vida, tu actividad, se fue hacia un viaje más espiritual, a todo este tema de los viajes astrales. ¿Cómo fue ese viraje?
-Para mí fue un camino de vida. Yo dejé acá a mi país porque estaba en duelo, con la partida de mi hijo menor, y necesitaba un cambio: necesitaba esas respuestas que uno busca cuando atravesás un dolor muy grande. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Qué pasa ahora? ¿Cómo se sigue?
Y siempre tenía un deseo interno de no convertirme en una persona triste. Entonces empecé a buscar respuestas, y llegó esto de las prácticas nocturnas. Que podemos llamarle sueño lúcido, viaje astral, que trae mucho autoconocimiento.

Y después me di cuenta de que podía ayudar a otras mamás en duelo: entonces empecé a crecer en una comunidad, ayudando a otras personas. Esta herramienta podía ser muy linda para mucha gente: gente enferma, gente privada de la libertad, gente que está con depresión; porque al final es conocer otro mundo, otro tipo de realidad.
Donde vos podés hacer un montón de cosas, desde volar hasta ver a un ser querido que no está acá, o hasta ver paisajes, colores, miles de cosas. Eso me sanó, me sanó.
-Ese camino te llevó después a recorrer un montón de países, te abrió otras puertas en el mundo. ¿Cómo fue ese viaje?
-Pues sí, al principio yo me fui de aquí y viví casi seis años en España, en un pueblito al lado del mar, que era mi única condición: también el mar y la naturaleza me sanó mucho.
Pero después, cuando vino el 2020, decidimos con mi compañero cerrar la casa y andar de nómadas. Lo cual, para dos personas como de 60 años, no es tan común: los jóvenes youtubers se van de nómadas.
Fue una experiencia maravillosa no tener casa, no tener lugar fijo durante cuatro años y algo y fue una experiencia que la vida me permitió vivir, maravillosa. Conocí tantos lugares y tantas personas, y además di mi enseñanza en muchos de esos países: estuve en más de 22 países diferentes, y sobre todo viviendo: no de turista, sino viviendo en contacto con la gente. Estoy muy agradecida a la vida de ese aprendizaje.
-Después que después que se flexibilizaran las restricciones.
Claro, después del 2020. Después de esa etapa que estuvimos así; que incluso vinimos acá de visita, porque siempre veníamos en verano unos meses. Y entonces nos casamos, porque estaba más difícil viajar con mi compañero si no tenías papeles. Ahí empezó: del 21 casi hasta el 25, que volvimos.
Nuevo rumbo
-Decías que en todo este tiempo no había sido total la distancia de la pintura. ¿Dónde quedó la Gabriela artista?
-En España fue una pintura muy onírica: me aboqué a pintar justamente estas experiencias que yo tenía de noche. De eso no tengo nada, porque por suerte todo lo vendí allí; había en mi pueblo un castillo y hacía las exposiciones. Ahí la pintura cambió, con íconos del lugar: con peces, con cactus, con mangos, porque era un lugar en la costa de Almería, muy mediterráneo.
Y después cuando ya salimos de nómadas me pasé a la acuarela: he pintado y vendido mis acuarelas en Estados Unidos, en Albania, en diferentes lugares. Siempre hacía cosas, aunque sea en algún hotel: es algo que está dentro de mí.
Quizás lo he dejado como “carrera”; como antes que había que presentarse a concursos o a salones, o estar en contacto con las galerías. Ahora además las redes te permiten eso: uno contacta con el cliente, vende su propia obra: todo cambió mucho ahora.
La pintura siempre siguió. Lo último fue hace unos meses en Estados Unidos, que llevé unas obras y otras las pintaba ahí en directo. Esas experiencias me encantan también.
-¿Cómo fue el paso a la acuarela, que es una técnica totalmente repentista?
-Me resulta súper fácil la acuarela. Soy una persona así muy visual, muy del color; y bueno, en la escuela de arte estudiamos todas las técnicas. Me resultó fácil y la manejo un poco como el acrílico, a lo mejor un poco más cargada que otros acuarelistas; pero me encanta porque es super rápida: podés empezar tres, cuatro obras juntas. Siempre fui muy ansiosa, por eso pinté con acrílico, el óleo es más lento.
-Pero en la acuarela no hay vuelta atrás.
-Sí, tenés que jugártela; pero es muy linda, porque lográs transparencias. Nunca fui tan buena dibujante, pero sí se me da mejor la mancha, ir directo al color.
Futuro
-¿Cómo sigue tu actividad después de esta muestra?
-Pues no lo sé yo tampoco (risas). Esa respuesta me gustaría. Estoy tratando de volver a pintar, tratando de volver a conectar desde otro lugar. No me interesa tanto ese mundo de los salones o los concursos ahora, porque tengo otra edad también. Pero sí que me interesa reconectar con quién fue mi público en todo caso.
Hoy, con las redes, mi comunidad es de todo el mundo: he recibido tantos mensajes de apoyo y de aliento, eso me hace mucho bien. Es una forma de juntar mis dos vidas: necesito esa unión, porque soy la misma persona.
Hoy dedico más del 50% de mi tiempo a los viajes astrales, pero necesito reconectar. De hecho desde que volví a vivir en Santa Fe (hace ya casi un año: he ido y vuelto con la mudanza) que estoy pintando, acuarelas y cosas pequeñas, porque quiero retomar.
-¿Y cómo es volver después de tanto tiempo volver a estabilizarse en la ciudad? Hay cosas que cambian y hay cosas que siguen igual.
-Es un poco difícil. Según mi marido que es norteamericano, cambió mucho para bien Santa Fe en estos años. Él está muy contento. Es toda una adaptación: cuando vivís afuera mucho tiempo te queda como el corazón partido. Porque extrañas la naturaleza: nosotros hacíamos mucho trekking, bicicleta de montaña, una vida más salvaje, por así decirlo.
Pero también volvimos porque se extraña la familia, los asados, esa cercanía: siempre sos extranjero en otro lugar. Y si bien encontré gente maravillosa, teníamos ganas; además tengo un nieto, por eso volví, sobre todo. Pero ya teníamos ganas de asentarnos.
Es una adaptación ahora, porque uno se va a diez años y vuelve, y la gente también cambió. Entonces tienes que encontrar otra vez tu lugar, tienes que aprender otra vez a ser santafesina.
Oportunidad
-¿Que hallaste en Casira que despertó estas ganas de volver en ese lugar, habiendo tantos?
-Lo conocí un poco de casualidad, porque me llevó mi nuera cuando recién abrían, y sentí una calidez. Sentí que podía ser una oportunidad para todos: para Casira porque es un espacio nuevo, y para mí que estaba regresada.
Y aparte esta cosa de la tierra: trabajan sentí mucha conexión con mi obra, que podía ir bien para los dos, para Casira y para mí. Enseguida Caren (Petean) me dijo: “Sí, vamos presentarnos, vamos a postularnos”.
-Decías en una entrevista hace unos años que los espacios estaban igual que antes.
-En esta Noche de los Museos veo que hay más espacios; pero en las galerías de venta no han crecido, porque Argentina no hay un mercado. Creo que es muy difícil porque acá falta siempre dinero.
De lo que más me asombré en España es que era una desconocida total y de mi primera muestra vendí prácticamente todo. Para la gente tomar la decisión de llevarse un cuadro no es tan fuerte acá. Es muy difícil, lo pensás diez veces; allá a la gente le gustó, lo compra; y en Estados Unidos más.
-Hay algunos artistas también que se quejan de que tienen una trayectoria y los espacios oficiales no los han convocado.
-Y bueno, está bien, porque ahora las nuevas generaciones... De eso no me quejo para nada. Además, está todo el arte contemporáneo, son péndulos que hay en la historia, quizás en un momento se vuelva más al arte tradicional; todos estos años han sido del arte moderno. Creo que el artista no tiene que entrar en su currículum.
Mis obras van a estar súper económicas, expuestas para que la gente se las pueda llevar. Porque no quiero un mausoleo: ya voy camino a la puerta final (aunque todavía soy joven), quiero que esas obras tengan una casa, y tengo cientos de obras guardadas en el depósito.
Entonces las obras van a estar a un precio súper accesible, para que la gente se las lleve. Si la obra no encuentra su novio, muere: la obra necesita una pared.








