Hay artistas que esperan toda una carrera para contar su propia historia. Marianela Núñez eligió hacerlo bailando. Después de casi 30 años como una de las grandes figuras del Royal Ballet de Londres, la bailarina argentina presenta “Marianela: Timeless”, el primer espectáculo concebido íntegramente por ella para la Royal Opera House.
Marianela Núñez estrenó "Timeless", el espectáculo que resume una vida
La primera bailarina argentina del Royal Ballet presenta en la Royal Opera House de Londres un programa concebido íntegramente por ella. A los 44 años, celebra casi tres décadas en la compañía británica con una propuesta que combina memoria, madurez artística y pasión intacta por la danza.

En cartel entre el 29 de julio y el 2 de agosto, la producción no solo reúne algunas de las obras que marcaron su trayectoria, sino que también funciona como una declaración de amor hacia la compañía que la vio crecer y al público que la acompaña desde hace casi tres décadas.
El momento no podría ser más significativo. A los 44 años, cuando muchos bailarines comienzan a despedirse de los escenarios, Núñez atraviesa una etapa que ella misma define como de absoluta plenitud.
La experiencia, la madurez y un entusiasmo que permanece intacto confluyen en una producción cuyo título parece resumir toda una filosofía: aquello que verdaderamente emociona es, justamente, lo que permanece en el tiempo.

Una carta de amor
Lejos de construir una gala de grandes éxitos, Marianela prefirió imaginar un espectáculo con un fuerte componente afectivo. “Timeless” reúne algunas de las obras más representativas del repertorio del Royal Ballet y otras piezas que marcaron distintos momentos de su carrera.
Cada función comienza con “In the Night”, de Jerome Robbins, continúa con una selección de divertimentos clásicos y culmina con “Marguerite and Armand”, la legendaria creación de Frederick Ashton inspirada en Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev. La música en vivo y la presencia de destacados primeros bailarines convierten cada presentación en una celebración colectiva del ballet.
Sobre el escenario la acompañan artistas con quienes compartió buena parte de su recorrido, entre ellos Vadim Muntagirov, Matthew Ball, William Bracewell, Fumi Kaneko, Mayara Magri, Patricio Revé y Akane Takada. Más que invitados, son compañeros de una historia construida función tras función.
La propia Núñez define la propuesta como una “carta de amor” al Royal Ballet y a su público, una forma de agradecer todo lo vivido desde que llegó a Londres siendo apenas una adolescente.

De San Martín a Londres
El recorrido de Marianela Núñez comenzó muy lejos de Covent Garden. Nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, y dio sus primeros pasos en la danza cuando apenas tenía tres años. A los seis ingresó al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, donde comenzó una formación que la llevaría, una década después, a cumplir el sueño de incorporarse al Royal Ballet.
Llegó a Inglaterra en 1998 con apenas 16 años. Cuatro temporadas más tarde ya era primera bailarina, una distinción reservada para muy pocos artistas y que conserva desde hace más de 20 años. Desde entonces interpretó prácticamente todos los grandes roles del repertorio clásico, dramático y contemporáneo, además de participar en la creación de numerosas obras originales.
Su trayectoria también la llevó a presentarse como artista invitada en compañías de referencia internacional como el American Ballet Theatre, la Ópera Estatal de Viena, La Scala de Milán, el Ballet Australiano y el Ballet Estable del Teatro Colón, consolidando un prestigio que trasciende fronteras.
Disciplina
La vigencia de Marianela Núñez no es fruto del azar. Detrás de cada función hay una rutina de entrenamiento tan exigente como la de un deportista de alto rendimiento.
Cada jornada comienza con clases de pilates y continúa con horas de ensayo, sesiones de fisioterapia y un cuidado permanente de su cuerpo, al que considera su principal herramienta de trabajo. Esa preparación, explica, le permite llegar al escenario con la libertad necesaria para concentrarse únicamente en interpretar y emocionar.
Pero para la bailarina el ballet nunca fue solamente una cuestión técnica. La verdadera diferencia aparece cuando el intérprete logra abrirse emocionalmente y convertir cada movimiento en una historia. Ese equilibrio entre precisión y sensibilidad es, según sostiene, el secreto para que una obra trascienda el virtuosismo y conecte con el público.

Desafiar al tiempo
Los reconocimientos llegaron hace tiempo. Ganó el Premio Laurence Olivier, fue distinguida en cuatro oportunidades por los Critics' Circle National Dance Awards y recibió la Orden del Imperio Británico por su contribución a la danza, una de las máximas distinciones que otorga el Reino Unido.
En los últimos días, además, el diario británico The Guardian la definió como “la Messi del ballet”. Ella respondió con el humor que la caracteriza: “En realidad a él deberían llamarlo el Núñez del fútbol”. Más allá de la broma, reconoció compartir con el capitán argentino una pasión inagotable por aquello que hace cada día.
Esa pasión es, precisamente, la que explica que todavía no piense en el retiro. Marianela asegura sentirse “invencible” cada vez que entra a una sala de ensayo y sostiene que su mayor deseo sigue siendo el mismo que cuando era una niña en Buenos Aires: bailar.
Por eso, más que un espectáculo retrospectivo, “Timeless” aparece como la celebración de un presente excepcional. El de una artista que ya forma parte de la historia del ballet mundial, pero que todavía encuentra nuevos desafíos sobre el escenario. Porque, como ella misma resume cuando le preguntan por el futuro, solo hay un plan posible: “Bailar, bailar y bailar”.








