"'Yo sé quién fue, y lo voy a ir a buscar', alcanzó a gritar Matías Bagnato, de 16 años, antes de abandonar en ambulancia lo que quedaba de su casa. En la madrugada de ayer, murieron calcinados sus padres, José y Alicia, sus hermanos, Fernando y Alejandro, y un amigo de 10 años, Nicolás, atrapados por las llamas desatadas cuando alguien roció con combustible la vivienda y le prendió fuego".
La serie sobre la Masacre de Flores, el terrible crimen que no terminó con la condena del asesino
La producción dirigida por Juan José Campanella en HBO Max repasa el incendio intencional de 1994, la prisión perpetua de Fructuoso Álvarez González, la posterior liberación y las amenazas que llevaron a Matías Bagnato, único sobreviviente, a emprender una nueva lucha.

Así arranca la crónica que escribió el diario Página 12 el viernes 18 de febrero de 1994, bajo el título "Vendetta en pleno Flores". No solamente sería uno de los hechos policiales más terribles de la historia argentina, equiparable con casos resonantes como el de Barreda o el de los Hermanos Schoklender. Sino que implicaría, para el joven Matías, un calvario que continuaría por muchos años.
Aquellos sucesos y todo lo que siguió es el corazón de una docuserie que acaba de estrenar HBO Max, con dirección de Juan José Campanella. El trabajo se suma a una serie de revisiones en plataformas sobre episodios policiales que concitaron gran interés, como "Las mil muertes de Nora Dalmasso", "50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa", "Yiya Murano: Muerte a la hora del té", entre otras.
El culpable
Pasaron 96 horas desde las llamas hasta que apareció el protagonista de la demencial secuencia: Fructuoso "Cacho" Álvarez González, que esperó a la policía en el restaurante de su hermano, cerca del chalet quemado. Al parecer, el móvil era económico: José Bagnato le había pedido un préstamo a Fructuoso, quien pronto comenzó a exigirle de manera extorsiva el pago de una supuesta deuda en dólares.

Tras su detención, se pudo reconstruir lo sucedido. En la madrugada del 17 de febrero, Fructuoso llegó al chalet de Bagnato con bidones de combustible, que esparció debajo de la puerta y las ventanas, para luego prender fuego. El humo asfixió a los miembros de la familia y Matías logró escapar cuando se despertó por el calor, el humo y los gritos. Rompió la ventana y salió a buscar ayuda.
La condena y la libertad
En noviembre de 1995, un año y medio después, la Justicia condenó a Fructuoso a prisión perpetua. En ese momento, Matías, que ya tenía 17 años, consideró que se había hecho justicia. Y, entre lágrimas, dijo que el domingo siguiente iba a ir a visitar las tumbas de sus seres queridos. Pero el fallo no fue, ni de cerca, un bálsamo definitivo para Matías.

Es que, menos de una década después, en 2004, amparado en un convenio bilateral de cumplimiento de pena por su nacionalidad española, el asesino logró ser enviado a una prisión de Madrid. En 2008, debido a un error, la justicia española le otorgó la libertad condicional. Fructuoso regresó a la Argentina y fue por entonces cuando Matías comenzó a recibir amenazas telefónicas.
Tras darse cuenta que el asesino de su familia estaba libre, Matías inició una campaña de visibilización. Recién en 2011 Álvarez fue recapturado. Pasó el resto de sus días en el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza, donde murió en 2023. "Hoy sí por fin puedo decir se terminó. Mami, Pa, Fer, Ale, y Nico descansen en paz. Los amo con todo mi corazón", escribió entonces, en sus redes Matías.

La serie
La serie, que está disponible desde el 22 de octubre, asume el desafío de rearmar estos aciagos acontecimientos con el testimonio de Matías en primer plano, a través de una serie de conversaciones con Juan José Campanella, director. Si bien los detalles policiales están integrados, se pone foco en la historia humana que hay detrás de la fría crónica, muy presente en la memoria colectiva argentina.
La docuserie vuelve la mirada sobre aquella triste madrugada de 1994, pero también sobre lo que sucedió después, cuando el caso dejó las primeras planas y Matías tuvo que seguir. En ese recorrido, la masacre (nunca mejor usado el término, que remite a la "matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida") permite ver otra dimensión la del sobrevivente.








