La mayor parte de la vida de Gerardo R. Meneghetti (más conocido como G. R.) transcurrió en el barrio Los Hornos, en la ciudad de Santa Fe. Allí se crió y vivió hasta terminar sus estudios en la Escuela Industrial.
El santafesino que aprendió a leer con Julio Verne y hoy escribe una saga sobre demonios y redención
La historia literaria de G.R. Meneghetti comenzó en la infancia, entre aventuras y lecturas. Décadas después, creó "El Último Redentor", una trilogía atravesada por el dolor y la esperanza que se agotó en la Feria del Libro.

Después, por motivos de estudio y trabajo, se mudó varias veces dentro de la ciudad, hasta que en 2011 llegó a Laguna Paiva por cuestiones laborales. Sus ocupaciones principales son las de metalúrgico y docente.
Su pasión por los libros comenzó a los seis años, cuando le regalaron "Un capitán de quince años", de Julio Verne. Los que amaron las obras del francés recuerdan la apasionante historia de un joven grumete que, tras una serie de tragedias, tiene que asumir el mando del ballenero Pilgrim.
"En ese momento todavía no sabía leer bien, pero ese libro se convirtió en un incentivo para aprender más rápido. Y cuando pude sumergirme en esas páginas, ya no hubo vuelta atrás", contó a este medio. "Siempre fui un lector muy intenso y, como consecuencia natural, terminé acercándome a la escritura".

Encontrarse con la escritura
A los 16 años empezó a escribir poesía, aunque no para mostrarla, sino para sí mismo. "Me ayudaba a entender y procesar muchas cosas que atravesé durante la adolescencia. Hoy, vistas con distancia, quizá no parezcan tan graves, pero cuando uno es chico, cualquier problema puede sentirse como un mundo entero", explicó.
Con el paso del tiempo empezó a escribir historias, hasta que una noche nació "El Último Redentor". “Fue mucho antes incluso de tener nombre o de imaginar que algún día se convertiría en una trilogía”, explicó.
Y agregó que todo "nació simplemente porque sentí que esa historia no podía quedarse solamente dentro de mi cabeza" contó. "Y así fue como una idea terminó convirtiéndose en tinta y papel".
Sorpresa y expectativa
En la última edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2026 le pasó algo poco habitual para un autor independiente: al llegar, su libro "El Último Redentor: El camino del cazador" (primer volumen de la trilogía pensada) ya estaba agotado lo que llevó a solicitar reposición durante el evento.
"Estuve tres días participando activamente con contenido y encuentros, en el marco de un proyecto que vengo desarrollando hace años y que combina escritura, música original y contenido digital. Actualmente, el segundo libro de la trilogía se encuentra en proceso editorial", contó.

Una historia que no se dio por vencida
-La historia de "El Último Redentor" empezó hace casi 20 años y pasó de manuscritos perdidos a convertirse en una trilogía publicada. ¿En qué sentís que cambió la obra durante todo ese proceso?
-No fueron 20 años continuos, sino un proceso irregular. Durante ese tiempo incluso perdí los cuadernos originales, pero la historia nunca se dio por vencida; siempre estuvo ahí, esperando.
En noviembre de 2024 volví a encontrar esos manuscritos y fue una sensación muy extraña. Sentí como si mi versión de hace 20 años me estuviera pasando la posta y diciéndome: “ahora te toca a vos”. Metafóricamente hablando, claro.
También cambió muchísimo mi forma de escribir, porque 20 años son una vida. En ese tiempo amás, sufrís, te decepcionás, te sorprendés y atravesás experiencias que inevitablemente terminás volcando en lo que narrás.
La madurez hizo que el tono de la historia se volviera más oscuro e introspectivo. Estoy convencido de que, cuando un escritor cuenta una historia, incluso sin proponérselo, siempre deja partes de sí mismo entre las letras.
Lovecraft y Barker
-El comienzo del libro tiene una estética muy oscura y visual, con escenas que recuerdan al cine y a los videojuegos. ¿Qué influencias estuvieron más presentes mientras escribías el universo de Caelus?
-Es cierto que el tono del comienzo es particularmente crudo, porque quería transmitir mi propia interpretación del infierno y de lo que significaba estar ahí antes del regreso. Necesitaba construir ese contraste.

Si tengo que nombrar autores que me inspiraron, aunque no de forma directa, diría H. P. Lovecraft, por su horror cósmico, y Clive Barker, por lo grotesco y visceral de muchas de sus imágenes.
De todos modos, nunca intento copiar una escena o una estética puntual. Cuando escribo, trato de imaginar que realmente estoy ahí: cómo se vería el lugar, qué sonidos habría, qué olor tendría el ambiente o qué sensación generaría en el cuerpo. Creo que por eso las escenas terminan sintiéndose tan vívidas y sensoriales.
"Yo también volví"
-En el primer capítulo hay mucho foco puesto en el dolor físico, en “volver a sentir” el cuerpo y el mundo. ¿Por qué te interesaba que el regreso del protagonista fuera tan sensorial?
-El regreso del personaje a nuestro mundo debía ser así; para mí no existía otra posibilidad. Hay que tener en cuenta que, al volver, iba a estar bombardeado por una enorme cantidad de estímulos que nosotros damos completamente por sentados.
Pero para alguien que regresa después de atravesar el infierno, incluso el simple roce de una tela sobre la piel podía convertirse en una experiencia sobrecogedora.
Me habría resultado poco creíble que simplemente volviera "y ya está". Por eso me enfoqué mucho en cada detalle que iba descubriendo y experimentando en su nuevo cuerpo y en su nueva percepción del mundo. Quería que el lector atravesara ese regreso junto con él y sintiera: "yo también volví".
Preguntas
-Más allá de la fantasía y la acción, la novela trabaja temas como la culpa, el sacrificio y la redención. ¿Qué preguntas personales o humanas querías explorar a través de esa historia?
-Es una muy buena pregunta. Y también difícil de responder completamente, porque al tratarse de una trilogía, la historia desarrolla muchos conflictos y capas distintas. Pero si tengo que centrarme en los tres temas que mencionás, creo que serían estos.
Culpa: ¿Hasta dónde podemos llegar sin perdonarnos? Creo que no hay peor juez que nosotros mismos. No podemos escapar de nuestra voz interior, y esa culpa termina contaminando nuestra vida, volviendo insoportable seguir adelante si no logramos procesarla.
Sacrificio: ¿Qué estaríamos realmente dispuestos a sacrificar por las personas que amamos o por un propósito mayor? Muchas veces respondemos eso con liviandad: "daría mi vida", "daría todo".
Pero cuando uno se enfrenta de verdad a una situación límite, descubre que esas decisiones son mucho más complejas de lo que parecen.
Redención: ¿Todos somos capaces de redimirnos? ¿Toda la humanidad puede ser salvada, incluso cuando a veces parece no querer salvarse? Esa es una pregunta que ni siquiera yo puedo responder del todo. Pero es justamente lo que el protagonista se cuestiona durante toda la historia.
Gente con cruces
-Después de lo que pasó en la FILBA 2026, con el libro agotado y nuevos lectores acercándose al proyecto, ¿sentís que "El Último Redentor" encontró finalmente el público que imaginabas cuando empezaste a escribirlo?
-Para responder esa pregunta tengo que retroceder casi 20 años. En un principio, no empecé a escribir esta historia con la idea de publicarla. La escribí porque sentía que debía hacerlo.
Cuando me reencontré con los cuadernos originales, sentí la necesidad de terminarla, pero todavía no pensaba en convertirla en un libro publicado. Recién cuando escribí la última frase de la trilogía entendí que sería una pena guardar esa historia solo para mí y que, de alguna manera, debía compartirla.
Teniendo eso en cuenta, creo que poco a poco la historia está encontrando su público. Pero tampoco siento que sea un público específico, porque “El Último Redentor” no habla solamente de demonios, ángeles o salvadores retornados.
Habla de personas rotas, de gente que carga con misiones que nunca pidió, con sus propias cruces, sus dudas y sus demonios personales. Y aun así, se levantan y siguen adelante.
Es una historia de fantasía oscura, sí, pero también una historia profundamente humana, con todo lo que eso implica: sufrimiento, pérdidas, sacrificios. Y también esperanza.








