Dentro de la siempre inestable memoria colectiva de los argentinos, los 70 son un territorio en disputa. Que todo el tiempo es narrado, revisitado, cuestionado y reinterpretado. Así lo demostró, de hecho, el reciente aniversario de los 50 años del Golpe de Estado de 1976.
"Gordon": los detalles de la ambiciosa serie que prepara Netflix sobre los años 70
Con el sello de Pablo Trapero como showrunner y el protagonismo de Rodrigo de la Serna, la serie apuesta al fino equilibrio entre la investigación histórica y el ritmo del thriller.

Allí se ubica "Gordon", la nueva serie de Netflix que llegará a la plataforma en el segundo semestre de 2026. Que propone un abordaje, desde el thriller político, de la figura real de Aníbal Gordon, un delincuente que atravesó la mutación entre el crimen común y las estructuras parapoliciales en formación.
Durante la reciente visita de El Litoral a las oficinas de Netflix, se pudo ver un adelanto de la serie. Lejos de una reconstrucción lineal o biográfica, se posiciona en un registro en el cual se incluyen coordenadas de investigación histórica, dramatización y análisis de contexto.

Basada en la novela de Marcelo Larraquy, el proyecto retoma una de las líneas del autor, que siempre intentó abordar los vínculos entre violencia política, aparato estatal y marginalidad en una de las etapas más convulsionadas de la Argentina desde los conflictos internos del siglo XIX.
Un relato en la zona gris
La premisa de "Gordon" se sitúa en los primeros 70, en un país atravesado por la proscripción del peronismo, los gobiernos de facto y una escalada de violencia partida entre la acción de organizaciones guerrilleras y la gestación de mecanismos represivos ilegales surgidos dentro del Estado.
En ese escenario, la figura de Aníbal Gordon adquiere importancia por sintetizar una lógica de época, la circulación entre mundos que, en apariencia, deberían ser antagónicos. Del delito común a la inteligencia clandestina y de los robos a la participación en redes parapoliciales.

La narrativa, según el material de base, se articula en torno a esa "zona gris donde todas las violencias se entrelazan", evitando simplificaciones. En ese sentido, el relato se alinea con una tradición del cine y la televisión argentina que intentó complejizar la representación de los años 70.
Esto es ostensible en producciones de los últimos diez años como "Argentina, 1985", "Rojo", "LS83", "La larga noche de Francisco Sanctis" y hasta "El Eternauta". Que intentan analizar las zonas grises de esa época, como la complicidad, la vida cotidiana, la memoria fragmentaria.
Continuidad y evolución
El proyecto está dirigido por Pablo Trapero y Pablo Fendrik, con Trapero además como showrunner. Esta doble función supone un control autoral sobre la estructura, el tono y el desarrollo de los personajes. En la trayectoria de Trapero, "Gordon" puede verse como una prolongación de su ávido interés por los dispositivos de poder y las formas de violencia institucional.

Desde "El bonaerense", sobre la lógica interna de la policía, hasta "Carancho", sobre las redes de corrupción en torno a los accidentes de tránsito, su filmografía siempre intentó una mirada sobre los márgenes del sistema.
El protagonismo recae en Rodrigo de la Serna, quien desde sus primeros trabajos (donde "Okupas" fue fundamental) hasta su participación en producciones como "La casa de papel", pudo armar personajes que muchas veces tienen que ver con contextos de marginalidad o conflicto.
Entre la reconstrucción y la interpelación
Uno de los desafíos de "Gordon" radica en su relación con el contexto histórico. Representar la década del 70 (además de idear escenarios, vestuarios o acontecimientos) es interpretar un clima de sospecha, fragmentación y radicalización.

En ese sentido, la serie retoma una línea de trabajo presente en la obra de Larraquy, que es la indagación sobre figuras que operan en los márgenes pero que, al mismo tiempo, resultan funcionales a estructuras de poder más amplias.
En términos de producción audiovisual, "Gordon" forma parte de una tendencia creciente de las plataformas, que tiene que ver con desarrollar contenidos locales con anclaje histórico pero que puedan ser asequibles para audiencias globales.
Sin embargo, la serie puede leerse también como un formato de interrogación sobre el presente. Porque si los años 70 siguen en disputa simbólica, cada narración los vuelve a poner en circulación. Y ese regreso a la agenda, obliga a revisar permanentemente un pasado que todavía duele.








