En el día más caluroso del invierno santafesino y bajo la amenaza de una alerta amarilla por tormentas llegó el día de la convocatoria para el show de Las Pastillas del abuelo en el estadio cubierto Ángel P. Malvicino del Club Atlético Unión. Faltando diez minutos para la hora anunciada el público empezó a calentar el recinto al grito de "y ya lo ve / y ya lo ve / el que no salta es un inglés", algo que es parte de los rituales de los espectáculos masivos, pero evidentemente reforzado por el reciente encuentro mundialista.
Las Pastillas del Abuelo desataron su tormenta emocional y festiva en Santa Fe
La agrupación encabezada por Piti Fernández recorrió su repertorio, con clásicos y novedades, en el espacio cubierto de Unión. Amor, patria, familia, amigos y “las pequeñas cosas” fueron parte de una celebración entre la banda y su público.

Al cabo de un rato, y ante los gritos de la multitud, salió la formación encabezada por el carismático Juan Germán “Piti” Fernández, para arrancar “Loco por volverla a ver”, del reggae al rocanrol. El ritmo creció en los vientos (Fernando Isaías en trompeta y Leandro “Losi” Loos en trombón, liderados por el saxofonista Joel Barbeito) para “La creatividad”, esa que dice: “Tomar caminos que no conduzcan a Roma / tomarme algunos dramas con más naturalidad / confiar en que el destino se desviste por tu aroma / y aprender a encontrarnos en la diversidad”. em la recargada letrística del cantante.
“¿Cómo pudo entrar en mí?” cabalgó desde el piano de Alejandro Mondelo, sobre la base de Santiago Bogisich en bajo y Juan Comas en batería (de musculosa de 2 Minutos), con Fernando Vecchio dibujando en la guitarra sobre la de su compañero Diego “Bochi” Bozzalla.
“Para Lara esta canción, y para todos”, acertó el frontman, llamando a la sugestiva “Azúcar impalpable”, evolucionada en su armónica y en el slide de Vecchio. “Momento romántico”, anunció Fernández, anticipando la coreada “Rompecabezas de amor” (“Te me metiste en la piel / me sobornaste la razón / con caricias de alto nivel / domesticás hasta un león”) sobre el piano Rhodes.

Abrazo de gol
Bozzalla agarró la criolla para la autóctona “Perdido (chakarera)”, con Vecchio en el solo y Comas en el beat folclórico. “Que fiesta, papá, se armó. No baja más, mamadera ¿Y ahora?”, interrogó el referente. Con la pantalla de fondo dividida en tres televisores de tubo (parte del público nunca vio televisión en uno) encararon “¿Dónde esconder tantas manos?” sobre líneas de saxo y el duelo final de guitarras, mientras el cantante saboreaba su whisky fuera del escenario.
“Esperemos algún match de esta noche, por qué no. Algo parecido a esta historia, a esta ‘Excusa’”, fue la introducción para la power ballad del set, pistas de cuerdas incluidas. Sobre el walking bass de Bogisich subieron jazzísticos los vientos en la complicada “¿Me juego el corazón?”: “Y puede ser más fácil el ruido de las nueces / treinta velas al orgullo y raticida a la humildad / puede ser más fácil desconfiar de un jet’aime / para no tener que afrontar el desafío Carpe diem”.
“¿Así es el invierno en Santa Fe? Mamadera, qué energía. Felicitaciones a todos por ser argentinos” disparó. Imágenes de Malvinas y Diego Maradona anticiparon el estallido de “¿Qué es Dios?”, con banderas argentinas arriba y abajo del escenario y una de las mejores líricas de Piti (“Y Jesús dijo me voy, de tácticas ya no hablo / pero un consejo les doy: la pelota siempre al diez / que ocurrirá otro milagro”).
El cantito contra los ingleses volvió a pleno. “Es una gran pregunta que hay que hacerse como argentinos. ¿Qué hubiéramos preferido, la Copa del Mundo o mostrar la bandera?”, reflexionó el vocalista. “Desde la postura” refrescó (metafóricamente) la escena, a saxo y piano.

La hora de saltar
“Cuidemos, recordémonos, decía el Indio Solari”, fue el comentario con ovación en la previa a “Inercia”, con su doblete de guitarras y su piano progresivo.
“Esto fue antes de que se escaparan despacio y nadie notará su ausencia”, fue el anticipo de la flamante “Una contra otra”, con su aura disco-rock: “Gracias por recibirla con tanto respeto”, apuntó Piti. “Bueno, vamos a hacer una oda al fernecito: así cayó la blusera y festiva “Ama a quien llora por ti”, en otro cambio de climas.
“Por favor... ‘El favor’”, anunció Piti, con Bochi caminando el frente para introducir la canción. Engancharon “Amar y envejecer”, para el pogo sudoroso. “Y me esperás, más de la cuenta / siendo siempre la que yo soñé / Y firme yo, me encierro en que es peor / amar y envejecer” clamó la multitud.
El aire de chacarera volvió con “¿Qué hago yo esperando un puto as?”, con el clímax de pogo instigado desde el escenario (“la nueva distancia social aprobada por la ONU es bien juntitos, saltando”) y la cita final a “Rezo por vos” de Charly García.
Pero el homenaje era otro: “Inmenso, ícono, inmortal, Indio”. Apareció “Enano”, para fundirse en un medley con “La parabellum del buen psicópata”. Vecchio tuvo su viaje virtuoso en su PRS, cediéndole el cierre a Barbeito.
“Ojos de dragón!” fue de mayor a menor, con el trombón haciendo el barritar del elefante y las teclas de Mondelo edificando sobre la base. “Gracias de todo corazón, ha sido explosiva esta noche”, sonó a despedida, antes de “Viejo karma!” haciendo corear: “Y hoy contribuyo lo sé, con ese karma / de andar topándome con desafíos / que desafían el carácter del cabrío/ lejos de funcionar como una alarma”. Bozzalla redondeó desde su Les Paul, antes de la salida del escenario.

Última vuelta
“Una más y no jodemos más”, coreó la monada, junto con el “olé olé, Piti” de rigor. Volvieron con “Tantas escaleras”: otro ejercicio de la pluma de Juan Germán, con líneas como “No todo orgasmo acaba bien, amor, no todo lo que brilla es oro / no quedó ni el loro en esta habitación / que nunca alquilamos”, con intro y solo de Fernando.
La despedida final fue en italiano, reivindicando a “la famiglia, gli amici, e le piccole cose”, para arribar a la emblemática “Otra vuelta de tuerca” y sus referencias literarias: “Y morirá así mi querido mister Hyde / y triunfará Sherlock Holmes / metiéndome la desgracia / donde Papillón / guardaba plata.
Entonces llegó el adiós definitivo, con su reverencia teatral, y el ritual de regalar las listas de temas del escenario. Afuera había llegado la tormenta, junto con las primeras horas de agosto.








