"El dolor mata, amigo, la vida es dura, eche veinte centavos en la ranura si quiere ver la vida color de rosa".
Raúl González Tuñón, el poeta andariego que también dejó su huella en El Litoral
A cien años de la publicación de "El violín del diablo”, el primer libro del poeta argentino, un homenaje de la Academia Argentina de Letras revaloriza su trabajo. Tuñón ejerció el periodismo y publicó en este diario colaboraciones que hoy pueden rastrearse en antiguas ediciones del archivo.

A un siglo de la publicación de "El violín del diablo", obra fundamental de Raúl González Tuñón, la Academia Argentina de Letras rendirá un homenaje al poeta este jueves 22 de octubre. El acto reunirá a figuras de la cultura y las letras como Antonio Requeni, Rafael Spregelburd, Juan Cedrón e Isol.
Felipe Pigna, en un artículo para Clarín, aludió a Tuñón como "el poeta de los que no tenían voz". Expresión atinada: en sus versos habitan personajes del barrio, del circo, del tugurio. Marginales, capaces de referenciar la humanidad del autor que dijo que el poeta era alguien destinado a vivir agobiado "por la incomprensión, el barro, el alquiler, la luna".

Un creador andariego
Desde muy joven conoció la vida urbana, tanto de Buenos Aires como de otras ciudades, a las que viajó para ejercer el periodismo. Cómo el "Tío Alberto" de Joan Manuel Serrat, "cató de todos los vinos, anduvo por mil caminos y atracó de puerto en puerto". Con el insumo que adquirió en toda esa experiencia, generó una obra poética muy vasta.
Cuando falleció, el 14 de agosto de 1974, El Litoral publicó una necrológica en la cual indicó, entre otros conceptos, que "los lugares y las gentes que conoció en sus viajes pueblan muchas de sus nostálgicas composiciones, así como los barrios y los cafés de Buenos Aires, pues fue también amigos de tertulias y ambientes populares".

González Tuñón era también alguien comprometido con su tiempo, el convulsionado siglo XX, del cual Argentina no estaba abstraída. "Cuando haya que lanzar la pólvora, el hombre lanzará la pólvora. Cuando haya que lanzar el libro el hombre lanzará el libro. De la unión de la pólvora y el libro puede brotar la rosa más pura", escribió.
Premios en vida
El primer libro del escritor, el mencionado "El violín del diablo" ganó el concurso organizado por el editor Manuel Gleizer. En los años posteriores, escribió "Miércoles de ceniza", "La rosa blindada", "La calle del agujero en la media", "Todos bailan", "La muerte en Madrid", "Primer canto argentino" y otras obras.

En 1970 recibió el Premio Pondal Ríos de la Fundación Argentina para la Poesía y dos años después, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) le concedió su Gran Premio de Honor. Estos reconocimientos, a diferencia de otros creadores, le llegaron en vida.
Cómo dato de color, Tuñón realizó participaciones especiales en El Litoral, que se pueden hallar en antiguas ediciones del diario. Por ejemplo, en enero de 1934 publicó una breve pieza satírica titulada "Recurso de prestidigitador". Y un año después publicó una columna titulada "La desaparición de Jimmy Herf".

Resistir la intemperie
¿Por qué cabe recordarlo hoy, cuando la poesía no ocupa ni por asomo el lugar público de hace un siglo? Una opción podría ser porque su poesía ofrece una forma de mirar aquello que la sociedad deja al margen. Tuñón convirtió en materia literaria a los personajes anónimos, humildes sin despojarlos de su dignidad ni de sus sueños.
A cien años de "El violín del diablo", su obra invita a preguntarnos qué lugar les damos a los que no tienen voz o no tienen donde hablar. Aunque cambie el mundo, persiste la necesidad de la poesía. Incluso en los tiempos más duros, todavía es posible echar veinte centavos en la ranura y buscar, en la literatura, un abrigo para resistir la intemperie.








