Estamos en octubre de 1975. Manuel Mujica Láinez acaba de cumplir, el mes anterior, 65 años. Es una figura conocida, sus libros "La casa" y "Bomarzo" lo han situado entre los narradores más destacados de su generación. No es, sin embargo, aceptado de manera unánime. Algunos lo ven como un autor aristocrático, con una sensibilidad fuera de tiempo.
Mujica Láinez y su método para escribir novelas: una entrevista de El Litoral en octubre de 1975
En una entrevista publicada el 19 de octubre de ese año, el autor de "Bomarzo" y "El unicornio" habló largamente sobre su método de trabajo, el valor de la inspiración y la importancia de escribir con claridad para mejorar el vínculo con el lector.

En ese contexto, durante un paso por Buenos Aires antes de volver a su lugar de trabajo, su residencia "El Paraíso", de Cruz Chica, provincia de Córdoba, "Manucho" (como le decían sus amigos) mantuvo una charla con Rafael Carlos Quesada, de la Agencia de El Litoral en la capital argentina. La misma fue publicada por el diario el 19 de octubre de 1975.

Plan de trabajo
El "infatigable cultor de la novela" (tal como lo llama Quesada) dejó varias reflexiones de interés. "Creo que la primera persona establece una comunicación incomparablemente más directa entre quien escribe y el lector. Da al libro un tono 'conversado' pese a la importancia retórica que éste puede tener. La mayoría de mis novelas están escritas así", dijo.
También señaló que "no podría escribir sin valerme de un plan previo y de notas. Estas últimas, a veces, alcanzan una extensión mayor que la novela propiamente dicha, con ser ésta a menudo muy larga. Creo que ese trabajo previo me da seguridad plena al emprender un capítulo sin dejarlo librado al azar de la inspiración”.

Acto seguido, completó esa idea. "Es lo que me ha permitido componer mis libros sin imponerme la necesidad de volver sobre ellos con enmiendas y modificaciones. Es decir, que he tenido la suerte de dar por terminado cada uno de mis libros a medida que lo iba componiendo. No hubiera podido volver y volver sobre los capítulos finalizados, pues eso me hubiera causado repugnancia", afirmó.
Estudio e inspiración
A pesar de su afirmación que al componer una obra no se debe dejar nada librado al azar, Mujica Láinez apuntó, no obstante, que la inspiración existe. "Una novela cabal resulta del estudio y de la inspiración, sin que la una ocupe más espacio que la otra. Hay un momento en que la inspiración aparece como la señal verde en una esquina de tránsito. Ese es el momento de lanzarse a escribir".

Sobre el tema del escritor frente a la novela, subrayó que en su opinión, "una vez que se ha dado comienzo a una obra el novelista debería escribir diariamente, aunque sea unas frases, para no perder contacto con su creación".
La mano y la máquina
"¿Cómo escribe Manuel Mujica Láinez?" le preguntó en un momento el cronista. "Escribo a mano, de mañana, en altos cuadernos. Y por la tarde, copio a máquina lo que ese día he compuesto. Juzgo que la escritura a mano crea un vínculo físico mucho más directo con lo que se va elaborando”.

Más adelante, Quesada le preguntó a su interlocutor si era partidario de la mezcla de "planos" temporales o espaciales en la narración. Manucho dio que no, a menos que el desarrollo de una situación lo imponga.
"Me parece fundamental no confundir al lector con juegos que resultan casi siempre de la vanidad literaria y que, como tales, son inútiles. Es esencial que el lector nos entienda totalmente y, en consecuencia, el autor tiene el deber de facilitar esa comprensión. En general, quienes escriben oscuramente lo hacen porque sus ideas son oscuras", resaltó.

La "respiración adecuada"
Sobre el final, El Litoral le consultó sobre la conveniencia de dividir el relato en capítulos. El escritor contestó que eso era según las novelas. "Las mías utilizan la división en capítulos como un apoyo, como una forma de respiración adecuada", sintetizó. "Manucho" falleció 9 años después, en abril de 1984, en esa casa cordobesa que fue su lugar en el mundo.








