"Un lector vive mil vidas antes de morir". George R. R. Martin.
El "ritual" de El Retablo que le ganó a Internet, a las redes sociales y a los celulares
A pesar de los cambiantes hábitos culturales, el espacio que coordina Cristina Pepe mantiene desde hace casi tres décadas la costumbre de reunirse para leer, debatir y pensar sin apuro.

Cuando Cristina Pepe se refiere al taller de lectura que coordina en El Retablo, menciona muchos libros, personajes, referencias. A veces hasta se vuelve difícil seguirle el hilo si el interlocutor no sabe de literatura.
Pero antes que eso, Cristina se refiere a las personas que llevan más de dos décadas asistiendo cada semana. Las que descubrieron allí autores que todavía hoy las acompañan en su vida cotidiana.
Tal vez sea por eso que los 28 años del taller no remiten a la mera continuidad de una iniciativa cultural (lo cual, en este contexto, ya es mucho decir) sino a la creación de una comunidad de lectores voraces, a la manera de Umberto Eco.
El viernes 7 de agosto a las 18.30, el espacio celebrará un nuevo aniversario con un encuentro de participación libre y gratuita. Una oportunidad para revalorizar una experiencia que le plantó resistencia a esta época de inmediatez.

Leer juntos
"En este momento somos 16 o 17 personas y la alegría que tengo es que es un grupo muy firme que se toma en serio la lectura en común. Además de leer juntos, se forma una comunidad muy vital, lectora y también de vida", dice Cristina.
Patricia Basualdo, por ejemplo, lleva 26 de los 28 años participando de los encuentros. Otros integrantes también están desde hace ya décadas.
Cada incorporación cambia las conversaciones sin alterar la esencia, que pasa por leer con tiempo, escuchar las interpretaciones ajenas y dejar que cada obra dialogue con la experiencia de quienes la leen.
Cristina insiste en que su papel no tiene que ver con impartir respuestas, sino con acompañar una búsqueda. "Aprendí muchísimo de cada uno de los que pasaron o están en el taller. Es una tarea que me encanta preparar y desafiarme con distintos tipos de textos y géneros".

Un viaje compartido
El itinerario de lecturas no obedece a un canon rígido. Durante el último año convivieron autores clásicos y contemporáneos, narrativa, poesía, teatro, canciones y hasta obras de títeres. Por el taller pasaron textos de Julio Cortázar, Italo Calvino, Griselda Gambaro, Abelardo Castillo, Jorge Luis Borges y Mario Benedetti.
También se trabajó sobre Armando Discépolo, Florencio Sánchez, Emma Wolf, Javier Villafañe, Roberto Espina, además de las letras de Atahualpa Yupanqui, Jorge Fandermole y Armando Tejada Gómez.
En ocasiones, los participantes representan escenas teatrales distribuyendo personajes entre los asistentes. En otras, escuchan canciones para descubrir cómo la poesía cambia cuando encuentra una voz que la interpreta.
También analizan distintas versiones de una misma obra y establecen relaciones entre autores, épocas y problemáticas. Uno de los recorridos recientes unió "Pinocho", de Carlo Collodi, con "Frankenstein", de Mary Shelley, a partir de una reflexión sobre la educación y la construcción del ser humano.
En otro momento, "El barón rampante", de Italo Calvino, dio pie a una conversación sobre la libertad, la diferencia y la manera en que una novela de hace décadas sigue dialogando con el presente.

Ejercicio de pensamiento
A lo largo de los años, Pepe vio cambios profundos en las formas de leer. No cuestiona la tecnología en sí misma, su preocupación pasa por la pérdida del tiempo necesario para interpretar un texto y dejar que produzca preguntas.
"La lectura es un proceso. Es un trabajo. Es volver a leer, mirar críticamente lo que se lee y también lo que se vive". En esa idea se concentra el sentido del taller.
Las conversaciones suelen extenderse mucho más allá del horario previsto. Los participantes llevan las discusiones al grupo de WhatsApp, comparten entrevistas, artículos y nuevas recomendaciones.
Personajes
Si hubiera que resumir la filosofía del taller en una imagen, probablemente sea la comparación que Cristina establece entre la literatura y el teatro de títeres, otra de las actividades que desarrolla en El Retablo.

"Así como el títere salta a la vida de la mano del titiritero, los libros necesitan de los lectores que los abran y vuelvan a revitalizar a esos personajes", aclara.
Por eso insiste en que cada interpretación personal enriquece el texto. Las diferencias de opinión nunca aparecen como un obstáculo, sino como la posibilidad de descubrir aspectos que otros habían advertido antes.
La misma invitación
Cuando el taller comenzó, Internet apenas empezaba a modificar la vida cotidiana. Desde entonces cambiaron los modos de acceder a los libros, aparecieron las redes sociales, los teléfonos inteligentes y nuevas formas de consumo cultural.
Sin embargo, el ritual de reunirse para leer en voz alta, discutir una novela, descubrir un poema o escuchar una canción mantiene intacta su capacidad de convocar. "La lectura es un viaje de ida y, cuando uno la toma así, difícilmente se baja del tren", cierra Cristina Pepe.








