Mientras prueban el sonido y se preparan para realizar la función, que tiene como única escenografía un banco de madera, se nota la química que existe entre Rodolfo Ranni y Luisa Albinoni. Charlan, intercambian ideas, se preocupan por cómo está el otro en los minutos previos a la función.
Rodolfo Ranni y Luisa Albinoni: volver siempre al teatro
En diálogo con El Litoral, los artistas hablaron sobre el amor, el paso del tiempo, el momento que atraviesa la profesión que eligieron para sus vidas y el vínculo único que todavía se genera entre los actores y el público.

Un ratito después, ese vínculo fluido entre ambos se podrá ver en escena cuando se ponen en la piel de Miguel y Amalia en "Negociemos, una historia de amor". Dos personas diferentes entre sí que coinciden en una tarde de sol en la plaza y que, con sus vivencias, hacen reflexionar al espectador.
Esa es la obra que los trajo a la región, para realizar funciones en distintos puntos geográficos. En San Carlos Centro, hicieron escala en el Cine Teatro Rivadavia, donde se tomaron unos minutos para dialogar con El Litoral y hablar sobre cine, teatro, tecnología, encuentros, desencuentros. En fin, sobre la vida.

El amor, la esperanza, los años
"Son dos personas de las cuales una de las dos está enamorada de la otra, pero la otra nunca lo supo. Y se reencuentran después de 50 años en el banco de una plaza y ahí se desarrolla todo. Es, sintéticamente, una obra que demuestra que para el amor no hay edad", resume Ranni.
Para Albinoni, el texto trasciende la historia de dos adultos mayores y habla, en realidad, de una problemática universal.
"Es una mirada sobre la tercera edad, pero no habla solamente de eso. Es aplicable a todos, porque con la velocidad que llevamos muchas veces no nos damos cuenta de que por ahí pasa el amor de nuestra vida al lado nuestro. Estamos detrás de objetivos, de hacer cosas, y dejamos pasar lo más importante", reflexiona.

Por eso, explica, la obra convoca tanto a personas mayores como a jóvenes. "La idea es mostrar que sí se puede, que uno puede enamorarse a cualquier edad. Habla de la esperanza, de la fe y también de la no cancelación del adulto mayor, de la no discriminación".
La ficción argentina
Con más de seis décadas de trayectoria en teatro, cine y televisión, Ranni no esquiva el diagnóstico sobre el presente de la actuación argentina.
"La profesión exigía mucho más antes que ahora. Además, ahora no hay trabajo. Hay actores trabajando en Uber. Ya no hay ficción en televisión. Cine prácticamente no se hace. Lo único que nos queda es el teatro y, gracias a Dios, la gente quiere ver a sus actores. Por eso tenemos las salas llenas".

El actor vincula parte de esa transformación con los cambios tecnológicos, aunque mantiene una mirada esperanzada. "Eso tiene mucho que ver con la tecnología. Pero eso se va a terminar pronto".
La desaparición de la ficción televisiva, sostiene, modificó el mercado laboral del rubro. "Lo único que nos queda es el contacto con la gente en el teatro. El canal de más éxito es Volver. La gente nos ve ahí y después viene a vernos al teatro".
Encuentro con la gente
A lo largo de la conversación aparece una idea que Ranni repite como énfasis: "el más grande movimiento teatral del mundo es el argentino. Gracias a Dios. Pero el teatro lo hace el público, no lo hacemos nosotros. El teatro lo hace la gente que está sentada ahí. Sin público no existe el teatro".

"Hace seis años que estoy en gira constante. Con el productor le llevamos el teatro a la vuelta de la casa a la gente. Hay pueblos donde nunca salieron del pueblo y jamás vieron una obra. Ese es nuestro trabajo. Llevarles el teatro. Si no tienen sala, lo hacemos en una canchita de básquet".
Actuar como un trabajo
Lejos de una imagen idealizada del oficio, Ranni habla de la actuación con naturalidad. "No es nada del otro mundo. Es mi trabajo. En mi casa no dicen 'papá fue a filmar'; dicen 'papá fue a trabajar'. Es un trabajo como cualquier otro. Uno tiene un almacén, otro es médico, otro escribano y yo soy actor".
Incluso en un contexto complejo para la industria audiovisual, continúa activo. "Acabo de terminar una película con Winograd, una adaptación de la comedia inglesa Muerte en un funeral. Gracias a Dios siempre estoy haciendo algo".

Consultado sobre quienes recién comienzan advierte: "No doy consejos”. Pero los actores jóvenes, al mismo tiempo traten de poner un quiosco, porque como está la cosa. Y no se dejen engañar por falsos profesores teatrales. Hay gente que da clases y uno no entiende dónde aprendió para enseñar".
Y agrega: "el joven que quiera ser actor hoy tiene que tener mucha paciencia porque no hay trabajo. Que haga teatro porque le gusta, pero que al mismo tiempo tenga otra actividad".
También recuerda un tiempo que, según él, fue muy distinto para la producción nacional. "Había que ir al cine. El cine argentino hacía 70 u 80 películas por año. Las giras empezaban en Rosario y terminaban en Los Ángeles, porque los latinos veían cine argentino. Todo eso se terminó".

Aunque el diagnóstico es duro, no pierde el optimismo. "No soy pesimista. Soy realista. En realidad soy muy optimista porque creo que todo va a volver y todo va a cambiar para bien".
"La raíz siempre vuelve al teatro"
Albinoni coincide en cambió mucho el trabajo de los actores. "Las televisoras están en manos de accionistas, de gente que muchas veces no pertenece a lo artístico y piensa más en determinados negocios que en la creación".
Sin embargo, considera que, más allá de las nuevas plataformas y los cambios tecnológicos, hay algo que permanece. "La base siempre es el teatro. La base es actuar. Van a aparecer nuevos formatos, nuevas plataformas, pero lo importante sigue siendo ponerle el cuerpo".

Para la actriz, el contacto directo con el espectador tiene un valor imposible de reemplazar. "Todo tiene un ciclo y nuevamente se vuelve a la raíz. La raíz es el teatro, es la actuación, es cómo uno lo siente y el contacto con el público. La gente añora todo eso".
El interior
Ambos actores ven la gira de "Negociemos" como algo importante. "Podemos llevar cultura y que la gente nos vea después de tanto tiempo, incluso en lugares donde ni siquiera llega el teatro. Eso es muy interesante", sostiene Albinoni.
Pero hay otro aspecto que la conmueve: la recepción del público. "Nos reciben con tanto cariño. Esa es la parte más linda. Algunos crecieron con nosotros; otros nos veían con sus papás o con sus abuelos. Ese cariño es el premio que tenemos los actores. La gente del interior es maravillosa".
En tiempos en que las pantallas dominan, tanto Ranni como Albinoni encuentran en el escenario un espacio donde todavía pasa algo irreemplazable, el encuentro. "El teatro es un motor", concluye Albinoni. "Y Negociemos, una historia de amor deja un mensaje lindo para pensar".








