Si en la historia argentina hay mitos "positivos", como Gardel, Gilda, Rodrigo o Maradona, también están los oscuros, asociados a los impulsos brutales de la condición humana. En esa vertiente, en la cual entran el Petiso Orejudo y Arquímides Puccio, Yiya Murano ocupa un lugar preponderante.
El documental que intenta "desenmascarar" el mito mediático de Yiya Murano
La santafesina Vanessa Ragone, productora del film que llega a la plataforma el jueves 23 de abril, cuenta por qué decidieron darle la última palabra a los familiares de las víctimas y tratar de ver otras dimensiones de la "carismática" asesina que sedujo a la TV argentina desde los 70.

En la Argentina de fines de los años 70, esa etapa de silencio y oscurantismo, sus envenenamientos irrumpieron como una anomalía perturbadora desde el plano doméstico. A la violencia institucional, se sumó esta dimensión más "hogareña".
Pero la cosa no terminó ahí. Décadas después, ya en libertad, su presencia televisiva terminó de sellar una paradoja, la criminal devenida en figura mediática, capaz de seducir a una audiencia que, entre el morbo y la fascinación, parecía fingir demencia y olvidarse de las víctimas.

Eso es lo que complejiza a Yiya Murano. Y es donde pone acento “Muerte a la hora del té”, el nuevo documental dirigido por Alejandro Hartmann y producido por la santafesina Vanessa Ragone junto a Haddock Films.
Con el antecedente de trabajos que revisaron crímenes emblemáticos como "El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas" y "Carmel: ¿Quién mató a María Marta?", el equipo vuelve a interrogar los hechos y las narrativas que los rodean.
En esta entrevista con El Litoral, Ragone desarma el andamiaje de una figura que el tiempo convirtió en ícono pop sin resolver del todo su dimensión trágica. ¿Qué implica volver sobre Yiya Murano en 2026? ¿Qué lugar ocupan hoy las víctimas frente a la maquinaria del relato mediático? ¿Y hasta qué punto el documental puede restituir una verdad que la televisión, durante años, ayudó a distorsionar?

La película, que se estrena el 23 de abril, elude las respuestas fáciles. Propone, más bien, una incomodidad una pregunta abierta sobre los límites entre justicia, memoria y espectáculo.
"Batallar" con Yiya
-Después de abordar casos tan sobrios como el de Cabezas o María Marta García Belsunce, se encuentran aquí con una protagonista que ella misma se construyó como un personaje mediático y carismático en los 90. ¿Cómo se logra, desde la producción, equilibrar ese 'desparpajo' casi cómico que Yiya mostraba en TV con la gravedad de sus crímenes y el respeto que exigen las familias de las víctimas?
-Fue un gran desafío equilibrar el desparpajo de la Yiya mediática de los 90 (aunque también en la época de los crímenes el expediente la describe como alguien muy magnética y manipuladora) con el horror de los crímenes que cometió.
Siempre decíamos, desde el guión hasta el montaje que le estábamos “dando batalla” a Yiya porque algo de sus características tan extravagantes siempre aparecían. Y están en la película porque así era el personaje.
Para nosotros fue fundamental contar con el testimonio de los familiares de sus víctimas y que ellos tuvieran las últimas palabras. Si no hubiéramos contado con ellos, posiblemente no habríamos hecho la película. No nos interesaba traer de nuevo al “personaje” Yiya, sino hablar de todo lo que encarnó como parte de épocas muy complejas de la Argentina.
Dialogar con el contexto
-Los envenenamientos fueron en la Argentina de finales de los 70, bajo la dictadura militar. ¿Qué peso tiene en la narrativa de la película el contexto de una época donde la muerte y la desaparición eran moneda corriente para explicar cómo Yiya pudo operar con tanta impunidad inicial?
-En los tres proyectos que hemos hecho hasta ahora con Alejandro Hartmann nos ha interesado muy especialmente trabajar sobre el contexto en que los crímenes suceden. Hablar de lo que pasa a nivel político, social, en los medios de comunicación, en la justicia.

Sin duda la dictadura como contexto donde Yiya cometió sus crímenes pudo haber sido un momento propicio. Y a la vez, la dictadura trajo una perspectiva económica-financiera donde “la plata trabaja” y hay “plata dulce” que no nos cabe duda que motorizó en Yiya la idea de estafar a sus amigas y familiares. Y cuando la estafa no se pudo sostener, las asesinó.
El hijo de Yiya
-Contar con el testimonio de Martín Murano es fundamental para esta historia. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con él para que su lucha por 'exponer el verdadero rostro de su madre' no tiñera el documental de una subjetividad excesiva?
-Martín fue la primera persona a la que contactamos para hacer el documental. Considerábamos que su voz y sus experiencias (muy bien relatadas en su libro “Mi madre, Yiya Murano”) eran indispensables para abordar el documental.

Martín fue una fuente de información extraordinaria y un testimonio que vertebra el documental. Junto a él, otras voces van poniendo en tensión algunas ideas, debatiendo otras y trayendo distintas perspectivas.
Trabajamos con él en una entrevista muy extensa que luego en montaje fuimos ajustando en búsqueda de poder transmitir la tragedia que vivió y a la vez solventar en el expediente y en otros testimonios la mayor parte de sus dichos.
Martín es una persona atravesada por un dolor indecible y a la vez ha intentado toda su vida mantener su eje, ser él mismo y no sólo “el hijo de Yiya” y eso es algo que admiramos y valoramos desde que lo conocimos.

Las múltiples caras del personaje
-Vemos en la lista de entrevistados a figuras muy diversas: desde expertos como el Dr. Cardini hasta periodistas de espectáculos como Chiche Gelblung o Lía Salgado. ¿Cuál fue el criterio para seleccionar estas voces y qué buscaban que aportara cada una al rompecabezas de la personalidad de Yiya?
-En todos nuestros documentales nos interesa tejer la historia con variedad de puntos de vista. El caso de Yiya, que se extiende por más de 30 años en la historia argentina, atraviesa muchos aspectos (el crimen, el accionar de la justicia, los medios de comunicación, las relaciones familiares, los climas de época) y por esa razón buscamos tener voces representativas de cada uno de esos aspectos.
El Dr. Cardini da una clara explicación química de los venenos, el comisario Romeo devela por primera vez lo que fue la hipótesis de su investigación, la economista Candelaria Botto nos explica “la plata dulce”, Chiche y Lía nos hablan de la Yiya que aparece en TV y en algún sentido intenta arrebatarle a Martín ese mundo que le es muy suyo.

Y por supuesto periodistas que la conocieron y en especial la voz de quienes perdieron a sus familiares a causa de Yiya. Son todos abordajes que van tejiendo la trama de una vida y de una sociedad complejas.
Una mirada sobre nuestra sociedad
-¿Qué tiene, desde tu mirada, 'Muerte a la hora del té' que no se haya dicho antes en las múltiples recreaciones ficcionales o crónicas periodísticas que ya existen sobre Yiya Murano?
-Creo que en alguna medida todos creemos que sabemos todo sobre Yiya. Sin embargo este documental trae por primera vez voces, experiencias e informaciones que nunca antes se habían desarrollado en una obra audiovisual que tiene muchas capas de lectura.
El documental, como género cinematográfico, tiene algo diferente a la crónica periodística o a la ficción: trabaja en el tiempo, revisa los hechos desde diversas perspectivas, puede ahondar en una historia individual pero darle un marco socio político que permite que profundizarla y darle mayores perspectivas.

Creo que "Yiya Murano: muerte a la hora del té" no es sólo un true crime sobre uno de los casos criminales más recordados de la Argentina sino que es una mirada sobre nuestra sociedad, sobre el pasado y también sobre el hoy, donde muchas cosas parecen volver a repetirse.








