"Soy el Obelisco con tetas". La frase es polémica (no podía ser distinto, viniendo de quien viene), pero define bien a Moria Casán. Hay en ella exceso, ironía, inteligencia, autoconciencia de su condición de ícono y una inevitable condición "argenta", parecida a la del aludido monumento porteño.
"Moria" en Netflix: el juego de espejos detrás de la diva más provocadora del país
Recorre la vida de Casán con una estructura fragmentada y la interpretación de tres actrices. Lejos de la biopic tradicional, propone una relectura donde pasado y presente se cruzan para indagar cómo se construyó su mito.

Toda esa tirantez entre desmesura e irreverencia es la “arcilla” con la cual se construye "Moria", la nueva producción de Netflix que se estrenará el próximo 14 de agosto, en la antesala de los 80 años de la diva. De la cuál, en los últimos días, se conocieron adelantos e imágenes.
La propuesta, por lo visto hasta ahora, tiende a ubicarse lejos de la nostalgia. En realidad, se aventura hacia algo mucho más incómodo, que es una reescritura. No la biografía de una diva, sino más bien la puesta en escena de una "identidad" que siempre fue, ante todo, una construcción muy pensada.
Una vida narrada desde el artificio
En "Moria", la propia figura de Casán es como una "titiritera" de su propia historia. La serie cuenta su pasado, pero además lo interviene, lo reinterpreta, lo repiensa bajo el prisma del presente y hasta lo proyecta hacia el futuro.

Tres actrices (Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth) encarnan distintas etapas de su vida en una estructura fragmentada que rompe con la lógica lineal de las biopics tradicionales.
Dirigida y escrita por Javier Van de Couter, y producida por About Entertainment, con Mercedes Reincke y Armando Bo, la serie apuesta por mostrar el fenómeno antes que a la artista. Porque Moria es eso, una narrativa que está en permanente mutación, desde hace más de cincuenta años.

De vedette a mito
Para entender a Moria hay que volver a la Argentina de los años 70. Un país atravesado por conflictos políticos, cambios culturales y una industria del espectáculo que veía en el teatro de revista un espacio de escape y provocación. Donde Pepe Marrone podía llegar a contar un chiste sobre la cocaína.
En ese contexto, una joven estudiante de Derecho en la UBA irrumpió en escena. Tenía un físico descomunal que rápidamente la convirtió en vedette, pero ante todo una capacidad sublime para leer el medio. Moria entendió antes que nadie que su capital estaba en su filosa palabra.

Mientras el país sufría censuras y crisis, ella construía un discurso propio. En los 80, con la recuperación democrática, su figura explotó en una televisión que necesitaba nuevos formatos, más audaces. Allí encontró su zona de confort, el exceso con un toque de domesticación.
"Si querés llorar, llorá", una de sus frases de cabecera fue una forma de intervenir en el imaginario colectivo. Como muchas de sus sentencias, se filtró en la lengua cotidiana, convirtiéndola en algo mucho más grande que una figura mediática, de la tantas "efímeras" que hubo en la historia.

Las múltiples caras de "La One"
En el teatro de revista, históricamente relegado por la crítica académica, Moria construyó poder real. Fue cabeza de compañía, empresaria y figura central en las temporadas de Buenos Aires, Mar del Plata, Carlos Paz e incluso España.
Obras como "Brujas" o "La revista de Buenos Aires" fueron éxitos comerciales y marcaron un tipo de espectáculo donde prevalecían el carisma, la ironía y la presencia escénica.

Pero su figura no se agotó ahí. Supo moverse en la televisión, en el cine, en el escándalo mediático y en el debate público con una habilidad camaleónica. Siempre frontal, siempre consciente de su papel central en el show.
El auge de los mitos populares
La serie "Moria" se inscribe en una tendencia creciente dentro de la ficción argentina, que es la reconstrucción de figuras que ya forman parte del ADN cultural.

Producciones como "Coppola", "Menem", "El amor después del amor" (sobre Fito Páez), "Iosi, el espía arrepentido", "Diciembre 2001" o "Monzón" dan cuenta de una necesidad que tenemos los argentinos de "explicarnos" a través de nuestros íconos.
"Las grandes figuras populares no sólo habitan el escenario: habitan la memoria colectiva de los argentinos", señaló el secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli. Y en esa memoria, Moria aparece como una figura inagotable.
Cultura popular y permanencia
La serie de Netflix, por lo visto en los adelantos, tratará de abarcar toda su complejidad. La muestra como producto de una época, pero también como alguien que supo (con agudeza) adelantarse a ella.

En un país donde las figuras públicas suelen ser descartadas con velocidad, Moria logró permanencia. Porque entendió que el espectáculo es lo que se muestra, pero también lo que se dice sobre eso. Sus frases siempre van al hueso.
La imagen que abre esta nota, entre lo icónico y lo irreverente, tiene una verdad incómoda. Que la cultura popular se edifica sobre figuras que no piden permiso. Y que hacen, como diría la propia Moria, que haya muchos advenedizos dispuestos a "colgarse de sus tetas" en pos de una fama efímera.








