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Jueves 12.03.2020 - Última actualización - 15:49
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Opinión

Una pérdida demasiado grande

 Crédito: Guillermo Di Salvatore
Crédito: Guillermo Di Salvatore

Crédito: Guillermo Di Salvatore



Opinión Una pérdida demasiado grande

Hubo dos golpes duros. Dicen que la eliminación con Dock Sud caló hondo en el entrenador. “Me costó concentrar a los jugadores en este partido”, dijo el técnico en Rafaela. Una frase que hoy cobra muchísimo valor. Después vino el partido con Vélez y el lapidario 0-3. Después del tercer gol, prácticamente Madelón se sentó y ya no dio indicaciones. Cuando terminó, se fue sin hablar y con una cara que reflejaba la sensación extraña, la pesadumbre elevada a la máxima expresión. Maduraba la decisión.

 

Cuando arrancó esta temporada, Madelón se hizo cargo de los jugadores que llegaron. “Ahora, los dirigentes me pueden echar tranquilos porque me trajeron todo lo que les pedí”. La campaña fue deslucida y tomó un poco de aire en el final del 2019 cuando se le ganó a Huracán jugando mal y se empató con Talleres jugando relativamente bien el primer tiempo. El cimbronazo se produjo en enero, cuando en pocos días se le fueron Damián Martínez, Yeimar Gómez Andrade y Nelson Acevedo, tres jugadores que habían completado la pretemporada en Mar del Plata con el plantel. Ellos tres se agregaron a Nereo Fernández, Brítez, los hermanos Bruno y Mauro Pittón, Zabala y Fragapane, que habían dejado el club en junio. Sacando Bottinelli y los dos delanteros, se fueron todos los titulares que habían clasificado para la actual Sudamericana.

 

Madelón ya había demorado en arreglar su continuidad cuando terminó esa temporada. Siguió. Creyó que podía mantener el nivel del equipo a pesar de la salida masiva de jugadores y la triste realidad lo terminó sorprendiendo. Más allá de su esfuerzo por encontrarle la vuelta, se dio cuenta de que el salto de calidad no se había dado. El único atisbo de superación se dio en el renombrado cruce de Sudamericana con Atlético Mineiro, al que terminó eliminando en dos partidos que fueron opuestos en cuanto al rendimiento.

 

 

 

Hubo rasgos de cierta incomodidad por parte del técnico. Quizás esto nunca se reconozca, pero un combo de situaciones desencadenó en una decisión que nada tiene que ver con lo habitual en este tipo de circunstancias: que una seguidilla de derrotas derive en una renuncia. Madelón se va después de dos golpes (Dock Sud y Vélez), es cierto, pero también hay que decir que lo hace después de haber logrado otro logro histórico (uno de los tantos que este técnico, el más exitoso que ha tenido Unión, logró hace menos de un mes: pasar a la segunda fase de la Sudamericana ganándole a un grande de Brasil).

 

Spahn ha descansado deportivamente en Madelón durante más de la mitad de su mandato. Pero también es una realidad que la relación entre ellos no fue lo suficientemente cercana y necesaria. Posiblemente la forma de ser del presidente haya derivado en esta forma de manejarse. También es verdad que Unión tiene un secretario técnico que estuvo siempre al lado del entrenador. Pero ese secretario técnico (Zuccarelli) es un empleado y no tiene el poder en la toma de ciertas decisiones que tienen que ver con esos resortes económicos que únicamente manejan los dirigentes.

 

Con la salida de Madelón, Unión pierde un entrenador que fue algo más que un entrenador. Lo que vendrá puede ser peor o quizás mejor, no se sabe. Pero de la misma manera que ocurrió la vez anterior, cuando el DT eligió el mismo camino luego de quedar eliminado ante River de la Copa Argentina y con una campaña aceptable en la Superliga, Madelón se va con la sensación de que la pérdida es demasiado grande.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Enrique Cruz


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