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Lunes 11.10.2021 - Última actualización - 9:49
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Infancia y salud

La escuela, la serpiente y la inseguridad

El veneno de víbora puede ser tan agresivo que condiciona la amputación de una pierna o un brazo, o afectarlos tanto que el individuo ya no podrá trabajar, o valerse por sí mismo. Crédito: Archivo El Litoral - Marcelo Fabián BadaraccoEl veneno de víbora puede ser tan agresivo que condiciona la amputación de una pierna o un brazo, o afectarlos tanto que el individuo ya no podrá trabajar, o valerse por sí mismo.
Crédito: Archivo El Litoral - Marcelo Fabián Badaracco

El veneno de víbora puede ser tan agresivo que condiciona la amputación de una pierna o un brazo, o afectarlos tanto que el individuo ya no podrá trabajar, o valerse por sí mismo. Crédito: Archivo El Litoral - Marcelo Fabián Badaracco

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Infancia y salud La escuela, la serpiente y la inseguridad

Por Jorge Bello 

 

Casi desapercibido pasó el día dedicado a llamar la atención sobre las serpientes, las venenosas, y sobre lo que pasa tras la mordedura. Tal vez este día no llamó tanto la atención porque por acá no son tantos los casos, pero sin duda que los hay, sobre todo en primavera y verano.

 

Fue en 2017 cuando la Organización Mundial de la Salud estableció que la mordedura de serpiente venenosa es una de las llamadas "enfermedades tropicales olvidadas" (o negligidas, o desatendidas, en traducción más precisa), entre las cuales ya estaban, y siguen estando, el dengue y la enfermedad de Chagas. Es así como, desde 2018, el 19 de septiembre es el Día Internacional para la Concienciación sobre las Mordeduras de Serpiente (International Snakebite Awareness Day).

 

Algunos países llevan un registro de los casos de mordedura de serpiente venenosa, y gracias a ellos sabemos cuál es la magnitud del problema. Cada año, algo más de cien mil personas, incluyendo niños, pierden la vida por causa del veneno de una serpiente. Y son más del triple los que quedan con secuelas importantes, en algunos casos invalidantes. Esto ocurre en América Latina, África y Asia. Por acá tenemos la víbora yarará, y más allá están las de coral y las de cascabel.

 

 

Un informe que procede de Corrientes, de la Universidad Nacional del Nordeste, analiza un buen número de niños que tuvieron que ser internados en el hospital a causa de la mordedura de una yarará. En su mayoría son varones, y predominan los de 6 a 12 años (48%) seguidos de los de 1 a 5 (43%). En general, la yarará mordió, e inyectó el veneno en el pie o en la pierna, en general por la tarde y cuando hacía calor. No hubo casos mortales, pero el cuadro clínico obligó a mantener el paciente internado entre 4 y 5 días.

 

 

En el conjunto argentino, cada año se registran unos 700 episodios de mordedura de víbora venenosa, la gran mayoría por yarará. Los casos mortales son aproximadamente uno de cada veinte. Se piensa que estas cifras son inferiores a las reales.

 

En otros países, en cambio, el problema es mucho más importante, entre otros motivos porque las mordeduras venenosas suelen afectar, tal como pasa también acá, a personas de pocos recursos, y por tanto con dificultades para acceder rápido a un centro de salud con medios suficientes. Esto hace que sean una enfermedad olvidada, es decir, una enfermedad que no despierta mayor interés en quienes debería despertarlo, y entonces es víctima del olvido y la negligencia.

 

 

Las serpientes venenosas son entonces un ejemplo de negligencia y desinterés. Se necesitan mejores antídotos contra el veneno de ciertas víboras, más efectivos, más fáciles de conservar y trasladar, más baratos y más accesibles, pero es poco lo que se investiga sobre esto, tal vez porque víboras y serpientes muerden e intoxican a los pobres y los pobres no siempre interesan.

 

 

A corto plazo, el veneno de víbora puede ser tan agresivo que condiciona la amputación de una pierna o un brazo, o afectarlos tanto que el individuo ya no podrá trabajar, o valerse por sí mismo. Este daño agrava la ya precaria situación en que suele estar la víctima de la mordedura.

 

A mediano y largo plazo puede haber insuficiencia renal, incluso irreversible y terminal; y manifestaciones neurológicas y del sistema endocrino, entre otros. El veneno de yarará afecta al sistema de coagulación de la sangre, y así ocasiona hemorragias. Ya se ve, entonces, que la mordedura venenosa puede agravar la pobreza del que ya es pobre.

 

 

Siendo así que estas serpientes agravan y perpetúan la pobreza, por cuanto afectan a la salud de los más vulnerables, cabe incluirlas dentro de los llamados "determinantes sociales de la salud". Entre ellos, uno muy importante, tal vez el que más, es la educación.

 

 

En efecto, la educación, la formación, ya desde niños y adolescentes, es el principal instrumento para evitar el círculo vicioso por el cual los hijos de los pobres suelen ser igualmente pobres e ignorantes. La pobreza se perpetúa en el tiempo puesto que ninguno de los sucesivos miembros de la pobre comunidad consigue suficiente nivel como para salir de allí y ayudar a salir a los demás. La escuela tiene aquí un papel decisivo.

 

La educación es lo primero que hay que reforzar si de verdad se quiere comenzar a solucionar el problema de la pobreza. Y de su consecuencia inmediata, la inseguridad.

 

 

Médico de atención primaria

 

 

Fue en 2017 cuando la Organización Mundial de la Salud estableció que la mordedura de serpiente venenosa es una de las llamadas "enfermedades tropicales olvidadas", entre las cuales están el dengue y el Chagas.

 

En general, la yarará mordió, e inyectó el veneno en el pie o en la pierna, en general por la tarde y cuando hacía calor. No hubo casos mortales, pero el cuadro clínico obligó a mantener el paciente internado entre 4 y 5 días.

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