Una investigación científica llevada adelante en aguas antárticas permitió avanzar en el conocimiento sobre la distribución, diversidad y uso del hábitat de cetáceos. El trabajo se desarrolló a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”, en el marco de la campaña antártica de verano, y contó con la participación de la Fundación Cethus y jóvenes investigadores en formación.
Una joven santafesina vivió una experiencia única en la Antártida estudiando cetáceos
La investigación se realizó a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”. Sofía Harmacij, futura bióloga marina, contribuyó significativamente al estudio, que incluyó observaciones visuales y registros acústicos.


La santafesina Sofía Harmacij, próxima a recibirse de bióloga marina, formó parte del equipo que realizó el relevamiento. Su participación surgió de manera imprevista, lo que convirtió la experiencia en algo aún más significativo. “La experiencia fue increíble. El puesto que cubrí se lo habían ofrecido a mi directora de tesis, pero como ella no podía ir, me dio la oportunidad de asistir”, explicó.
La joven se embarcó junto a la fundación para relevar cetáceos a lo largo de la trayectoria del buque. “El objetivo era registrar todas las ballenas y delfines que veamos en la trayectoria que hace la embarcación”, detalló.
Cómo se realiza el relevamiento
El equipo estuvo conformado por cuatro integrantes que cumplían roles rotativos para adaptarse a las exigentes condiciones climáticas. “Éramos cuatro del equipo y teníamos cuatro puestos que íbamos rotando. Éramos dos observadores, uno babor y otro estribor. También había una persona encargada de fotografiar y otra de registrar todo lo que cantaban los observadores”, señaló.
Las tareas se organizaban en turnos de media hora debido a las bajas temperaturas. “Los observadores estaban en los balcones afuera, entonces para poder soportar bien las condiciones climáticas íbamos rotando entre estar afuera y adentro”, agregó.

El trabajo combinó observación directa y tecnología acústica. “El relevamiento visual es sobre superficie. A su vez también tomamos registro con un hidrófono, y eso sí nos permite comparar lo que vimos con lo que hay por debajo del agua”, explicó Harmacij.
Resultados preliminares y sorpresas
Aunque los datos aún están en proceso de análisis, la experiencia dejó impresiones fuertes en el equipo. “Siendo la primera vez que fui, me sorprendió la cantidad de ballenas que vimos, pero por lo que me contaron mis compañeros, es normal que así sea”, comentó.
La campaña se desarrolla cada año como parte de la misión del rompehielos, que combina logística y ciencia. “El Irízar todos los veranos hace la campaña antártica, cuya misión es llevar provisiones a las bases, pero también hacer ciencia”, indicó.
Harmacij participó en la tercera etapa, que se extendió durante aproximadamente un mes, dentro de un esquema que abarca desde fines de noviembre hasta principios de abril.

Ciencia, vocación y conservación
Para la joven investigadora, la experiencia resultó clave en su formación profesional. “Muy enriquecedora, sobre todo trabajar con gente con mucha más experiencia y aprender de ellos, y también en un ambiente que es un poco inhóspito y te desafía, pero te hace crecer mucho”, expresó.
Su vínculo con el mar comenzó desde la infancia. “Mi pasión por el mar nace de chiquita. Mi mamá también es una apasionada por la vida marina y me leía cuentos. A los 11 años hice un curso de buceo y desde ahí dije: ‘Quiero ser bióloga marina’”, recordó.
El objetivo final del estudio es aportar a la conservación de estas especies “e ir monitoreando las amenazas que van surgiendo y cómo afectan al tamaño poblacional”, indicó.
Además, destacó la necesidad de adaptarse constantemente a las condiciones del entorno. “Estar en el Irízar era estar preparado a lo que el día te depare. No podías tener una estructura fija, porque dependemos de las condiciones meteorológicas para poder hacer el relevamiento”, afirmó.
Los datos recolectados serán fundamentales para informes internacionales. “La persona con la que trabajé en la fundación es quien analiza los datos, y este año estaba haciendo el reporte a la Comisión Ballenera Internacional con los datos del año anterior”, concluyó.










