Dos investigadoras, una de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Santa Fe, y otra de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), lograron desarrollar una formulación que sella fisuras del hormigón de hasta 4 milímetros en una semana, usando bacterias no patógenas. Esto les permitió crear Calfix, la primera empresa de base biotecnológica incubada de la UTN Santa Fe, junto al Conicet y la UNC, que está desarrollando un sellador y un aditivo para hormigones con esta propiedad.
Cuando las bacterias se convierten en "microalbañiles" que reparan el hormigón
A partir de microorganismos capaces de generar calcita, científicas argentinas lograron crear un material que sella grietas en estructuras de hormigón. El desarrollo apunta a revolucionar el mantenimiento en viviendas e infraestructura.

La doctora en Química, Anabela Guilarducci, presentará este jueves la spin-off en la UTN Santa Fe, con la presencia de su decano Alejandro Tóffolo. Y tendrá un lanzamiento similar en Córdoba, donde realiza su trabajo la Dra. Gabriela Paraje, investigadora del Conicet y la UNC.

El proyecto nació en las universidades y contó con financiamiento del fondo de capital GRIDx, que invierte en empresas biotecnológicas en América Latina, que seleccionó esta iniciativa entre 500 propuestas y les permitió el desarrollo de un producto.
La patente del “sellador” está en trámite y sería compartida entre la UTN, el Conicet y la UNC. Actualmente el desarrollo se encuentra en escala de laboratorio, con el objetivo de avanzar a una etapa piloto que permita producir mayores volúmenes y llegar a la comercialización. Además, fue elegido por el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) para participar en su programa de aceleración “The Engine”.
“Microalbañiles”
La doctora Guilarducci explicó en diálogo con El Litoral que el proyecto nació del cruce entre dos disciplinas que rara vez dialogan: la microbiología y los materiales de construcción. “En 2020 nosotros ya estábamos con la idea de trabajar la autorreparación del hormigón usando microorganismos. Ahí contacté a Gabriela Paraje, a quien conocí en España, para sumar la parte microbiológica que nosotros no teníamos para en el Cecovi de la UTN”, contó.
El desarrollo consiste en incorporar bacterias capaces de sobrevivir en el ambiente hostil del hormigón -sin agua y con pH elevado- y generar calcita, un compuesto similar a la cal. Ese material es el que termina sellando grietas y poros.
“La clave está en la formulación para que ese microorganismo sobreviva. Tiene la capacidad de generar calcita y lo que hace es rellenar las fisuras desde adentro. A la doctora Paraje le gusta llamarlos ‘microalbañiles’”, explicó Guilarducci.
Según amplió, el proceso es más simple de imaginar que de lograr en laboratorio. “Nosotros generamos las muestras de hormigón, las enviamos a Córdoba para la parte microbiológica y después volvemos a ensayar acá para comprobar que no cambien las propiedades del material”, detalló.

Un sellador con aplicaciones concretas
En la etapa actual, los ensayos lograron sellar grietas de dimensiones relevantes en tiempos muy cortos. “En menos de una semana pudimos ver el sellado completo de fisuras de hasta 4 milímetros, que es un tamaño grande para lo que suele encontrarse”, detalló.
El primer producto en desarrollo es un “sellador” aplicable sobre materiales existentes. “Puede usarse en viviendas, puentes, rutas o cualquier estructura de hormigón que necesite reparación”, indicó. Y añadió que ese producto originó la creación de Calfix como empresa de base científica, que ahora está buscando inversores para dar un salto al mercado.
En paralelo, las investigadoras trabajan en una segunda línea: un aditivo que se incorpore directamente en el hormigón desde su fabricación. “La idea es que los microorganismos queden latentes en el material y se activen cuando aparece una fisura, al ingresar agua y oxígeno”, amplió.
De la investigación a la empresa
“Nos constituimos como una spin-off entre la UTN, la UNC y el Conicet. La inversión inicial del fondo GRIDx nos permitió crear la empresa, porque nos aportó la pata empresarial, y ahora estamos buscando financiamiento para escalar la producción”, señaló la doctora. Y añadió: “Quedamos entre 20 proyectos de los 500 en total que se presentaron en América Latina y ahí decidieron invertir para transformar esta investigación en una startup”.
Además, las investigadoras viajarán a fines de abril al MIT, en Estados Unidos, para participar de su programa de aceleración “The Engine”. “Es un programa que busca convertir científicos en CEOs en ocho semanas. Nos dará herramientas para llevar adelante una empresa tecnológica”, contó la científica.

Trayectoria
La investigadora esperancina se formó como licenciada en Química en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y desarrolló su carrera en la UTN Santa Fe, donde hoy es docente e investigadora. “Entré como pasante en 2003 en el Centro de Investigación y Desarrollo para la Construcción y la Vivienda (Cecovi) de la UTN y fui haciendo toda la carrera ahí. Mi doctorado fue sobre el uso de cenizas como reemplazo parcial del cemento Portland”, recordó.
Su interés por el área surgió casi por casualidad. “Cuando vine a Santa Fe a estudiar desde Esperanza, a mí me interesaba la farmacia o la cosmética, pero luego conocí el mundo de los materiales de construcción y me encantó. Es un campo donde hay mucho por hacer”, afirmó.
La investigadora contó que en 2015 estuvo haciendo investigación en el Instituto de Ciencias de la Construcción “Eduardo Torroja” (de Madrid, España), especializado en materiales y edificación. Allí conoció a a Paraje, con quien inició una amistad y el deseo de “algún día” trabajar juntas. Ese propósito se hizo realidad cuando ambas volvieron a la Argentina: ella en el Cecovi-UTN y la Dra. Paraje en la UNC.
-¿Cómo ves el panorama actual de la ciencia en Argentina y tu decisión de seguir investigando en Argentina cuando muchos científicos se están yendo?
-A mí me gusta el país. Creo que siempre es bueno apostar a la Argentina y al recorrido que uno ha hecho. Las instituciones nos han acompañado muchísimo para llegar hasta acá. Que hoy tengamos la posibilidad de generar una spin-off demuestra que la ciencia que se hace en nuestras universidades puede tener impacto en el sector productivo. Y también que tenemos buena ciencia en Argentina. Estas oportunidades permiten visibilizarla y transformarla en productos concretos.









