Hay reconocimientos que llegan de manera inesperada, pero que condensan toda una vida de trabajo. Así describe Miguel Alfredo Molina su incorporación como miembro de número de la Academia Argentina de la Historia, una distinción reservada para quienes han realizado aportes significativos a la investigación histórica del país.
Quién es Miguel Alfredo Molina, el historiador santafesino que ingresó a la Academia Argentina de la Historia
Después de décadas dedicadas a la investigación, las aulas y el estudio de la organización nacional argentina, el historiador santafesino Miguel Alfredo Molina fue incorporado como miembro de número de la Academia Argentina de la Historia. Su recorrido está marcado por una forma de entender la historia que busca “comprender antes que juzgar”.

Lejos de atribuir el logro a una búsqueda personal, asegura que fue consecuencia de una trayectoria construida durante años de estudio, investigación y docencia, muchas veces en silencio y lejos de los reflectores.
Una actitud dedicada a investigar la historia argentina
La Academia Argentina de la Historia se compone de cuarenta miembros de número, cada uno ocupando un sitial identificado con una figura histórica. Molina eligió el correspondiente a José Manuel Estrada, una responsabilidad que, según explicó, se mantiene hasta el fallecimiento de quien ocupa ese lugar.

Su incorporación no respondió a una postulación personal sino a una propuesta realizada por el rector de la Universidad de Concepción del Uruguay y aprobada por el cuerpo académico de la institución.
"Yo no me propuse ingresar, de ninguna manera", cuenta durante la entrevista. La noticia llegó como una sorpresa y la interpretó como un reconocimiento a una trayectoria desarrollada durante décadas.
Su campo de estudio se centra en uno de los dos períodos decisivos de la historia argentina: luego del primero de la independencia, el del proceso de organización nacional. Camino institucional que culminó en Santa Fe, con la sanción de la Constitución de 1853, que continuó después con las presidencias de Justo José de Urquiza y Santiago Derqui en el interior de argentina, en la ciudad de Paraná. Esa especialización dio origen al libro “Nicanor Molinas y los hombres del Paraná 1848-1869 Urquiza-Derqui-Mitre” que considera la obra escrita más importante de su carrera y que le demandó doce años de investigación.

Para reconstruir ese proceso histórico consultó fundamentalmente documentación del Archivo Histórico de Entre Ríos, de Santa Fe, de La Rioja y del Archivo General de la Nación. Además, ofreció numerosas conferencias sobre la organización institucional del país, una tarea que lo llevó a participar en actividades académicas dentro y fuera de Argentina.
Molina integra el cuerpo directivo del Centro Cultural Urquiza de Concepción del Uruguay; es miembro correspondiente por la Provincia de Santa Fe del Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales de Corrientes. Fue invitado a disertar en provincias del interior y representó a la Argentina en conferencias desarrolladas en Uruguay, donde abordó también la figura de José Gervasio Artigas y los vínculos históricos entre ambos países.
Sin embargo, más allá de los reconocimientos institucionales, Molina sostuvo que el mayor desafío fue desarrollar una mirada equilibrada sobre el pasado.

Su historia familiar, explicó, le permitió conocer dos tradiciones políticas distintas. Por un lado, los antecedentes vinculados a Rosas y, por otro, la rama familiar materna ligada al entorno de Urquiza y a la organización nacional. Esa doble herencia lo llevó a rechazar las interpretaciones sesgadas y simplificadas de la historia argentina.
Por eso afirmó que procura escribir una historia en acuerdo al pensamientos de los antiguos romanos "ad narrandum", es decir, destinada a narrar los hechos antes que demostrar quién tuvo razón o quién fue el héroe o el villano. A su entender, el historiador debe ofrecer elementos para que sea el lector quien forme su propia opinión, evitando caer en el maniqueísmo de dividir el pasado entre buenos y malos.
El sacrificio detrás del reconocimiento
Tras la incorporación a la Academia, existe una historia de esfuerzo personal.
Careciendo familiarmente de recursos económicos, logró avanzar en sus estudios universitarios de grado y post grado gracias a becas y a un permanente compromiso con la formación académica. Primero debió trasladarse a Córdoba, luego a Buenos Aires y más tarde continuó especializándose en Estados Unidos y España.

Cuando agradeció públicamente su incorporación a la Academia Argentina de la Historia eligió destacar precisamente aquello que pocas veces se ve.
"Son tantas horas de silencio, de lecturas y de investigación", recordó. Para él, el verdadero valor reside en el prestigio personal alcanzado y en el reconocimiento del mismo.
Su trayectoria no se limitó a la investigación sino también a la enseñanza, universitaria, y en la secundaria durante diez años impulsó y organizó el Colegio El Portal, en Santa Fe, donde buscó formar jóvenes con una actitud de mirada abierta al mundo y convencido de que la educación integral debe trascender la simple transmisión de conocimientos.
En ese recorrido desarrolló también una filosofía de vida basada en el ejemplo, en virtudes.
Ejemplos que los hijos almacenan de los padres y de los educadores y recién en algún momento de la vida, con el tiempo aparecen convertidas en decisiones, valores y formas de actuar.

Su mensaje hacia los jóvenes también transmite optimismo. Aunque hoy rodeados de inmediatez y tecnología conoce a muchos chicos preparados y comprometidos. consideró que el país necesita volver a valorar el estudio de la historia como una herramienta para que, distinguiendo los conflictos del pasado, logreen unir un nuevo proyecto común de la argentina, hacia el futuro.
A lo largo de la entrevista insistió en una idea que atraviesa tanto su obra como su propia vida: nadie alcanza un objetivo importante sin constancia.
"Las cosas salen porque uno las empuja", resumió al recordar un camino que comenzó sin privilegios económicos y que terminó llevándolo a ocupar uno de los cuarenta sitiales de la Academia Argentina de la Historia.
Para él, el prestigio alcanzado, su verdadero mérito está en los años de esfuerzo silencioso que lo hicieron posible. Porque, como sostuvo, al mirar hacia atrás, las horas dedicadas a leer, investigar y enseñar son las que finalmente construyen una trayectoria, su ejemplaridad. Y ese es, quizá, el legado que busca dejar tanto en sus libros como en quienes lo escuchan hablar de la historia argentina.








