La NASA explicó qué es la llamada “segunda luna” de la Tierra
La administración aclaró que se trata de un asteroide cercano, que acompaña al planeta en su órbita alrededor del Sol. Su existencia y resonancia orbital con la Tierra muestra que nuestro planeta puede tener acompañantes temporales.
Los especialistas insisten en que no orbita directamente el planeta de la misma manera que lo hace la Luna tradicional.
Un asteroide descubierto hace años y denominado 2025 PN7 acompaña actualmente a la Tierra en su viaje alrededor del Sol, lo que generó titulares que hablan de una “segunda luna”. La NASA y astrónomos aclararon hoy que, aunque este objeto se comporta como un cuasi-satélite, no cumple con los criterios para ser considerado un satélite natural como la Luna principal.
2025 PN7 es un asteroide pequeño —de aproximadamente 18 a 36 metros de diámetro— detectado por astrónomos desde 2025 que sigue una trayectoria orbital que lo mantiene cerca de la Tierra durante décadas.
La idea de que este objeto constituya una “segunda luna” proviene de su comportamiento orbital: su recorrido alrededor del Sol está sincronizado con el de nuestro planeta, lo que desde ciertos puntos de vista puede parecer que “acompaña” a la Tierra. Sin embargo, los especialistas insisten en que no orbita directamente el planeta de la misma manera que lo hace la Luna tradicional.
Este tipo de cuerpos, conocidos como cuasi-satélites, orbitan el Sol en una trayectoria muy similar a la terrestre y pueden permanecer en resonancia con nuestro planeta durante períodos prolongados, pero no están físicamente atrapados por su gravedad como un satélite natural.
La NASA y astrónomos aclararon hoy que, aunque este objeto se comporta como un cuasi-satélite, no cumple con los criterios para ser considerado un satélite natural como la Luna principal.
¿Hasta cuándo estará con nosotros este objeto?
Según los cálculos de los astrónomos, 2025 PN7 ha estado acompañado por la Tierra durante décadas y podría seguir “siguiéndonos” hasta aproximadamente el año 2083 antes de alejarse gradualmente hacia otra región de la órbita solar.
La distancia de este objeto varía enormemente a lo largo de su trayectoria: en su punto más cercano, puede estar a varios millones de kilómetros de nuestro planeta, mucho más lejos que la Luna real, cuya distancia media es de unos 384.400 km.
Por qué no es una verdadera luna
Para que un cuerpo celeste sea clasificado como una luna o satélite natural, debe orbitar directamente al planeta bajo su influencia dominante de gravedad. La Luna principal de la Tierra, por ejemplo, cumple claramente con esa condición y se formó hace miles de millones de años tras un impacto gigante en la historia temprana del sistema solar.
En contraste, los cuasi-satélites como 2025 PN7 comparten trayectorias complejas que están ligadas tanto al Sol como al planeta, sin permanecer cautivos en un ciclo orbital alrededor de este último. Es por esto que, aunque popularmente se hable de una “segunda luna”, la comunidad científica evita utilizar ese término de manera literal. Qué significa este hallazgo para la ciencia
Si bien 2025 PN7 no es otra luna como la famosa que conocemos, su descubrimiento enriquece nuestro entendimiento del entorno cósmico cercano. Este tipo de cuerpos ayudan a los astrónomos a estudiar dinámicas orbitales complejas, el comportamiento de objetos cercanos a la Tierra (NEOs) y cómo interactúan con nuestro planeta dentro del sistema solar.
Este tipo de cuerpos, conocidos como cuasi-satélites, orbitan el Sol en una trayectoria muy similar a la terrestre y pueden permanecer en resonancia con nuestro planeta durante períodos prolongados
Además, fenómenos similares —como las minilunas temporales que se han observado en otras ocasiones— demuestran que la Tierra no está sola en su vecindario espacial, aunque estos visitantes cósmicos sean pequeños y difíciles de detectar.
La existencia del asteroide 2025 PN7 y su resonancia orbital con la Tierra muestra que nuestro planeta puede tener acompañantes temporales más allá de la Luna tradicional. Sin embargo, la NASA subraya que no se trata de una segunda luna en sentido estricto, sino de un fenómeno astronómico fascinante que amplía nuestra visión del dinámico entorno espacial que nos rodea.