El camino hacia el hallazgo de vida fuera del sistema solar sumó un capítulo histórico. Un equipo internacional de investigadores confirmó, de manera observacional, la existencia de una atmósfera alrededor de LHS 1140b, un exoplaneta rocoso ubicado en la constelación de Cetus (el monstruo marino). La relevancia extrema de este descubrimiento radica en que el planeta se encuentra dentro de la "zona habitable" de su estrella, la distancia justa que permitiría la existencia de agua líquida en su superficie.
Científicos hallan la primera atmósfera confirmada en un planeta rocoso y habitable
Se ha detectado por primera vez helio escapando de LHS 1140b, un mundo rocoso situado en la "zona de habitabilidad" a 49 años luz de la Tierra, lo que refuerza las probabilidades de que albergue agua líquida y condiciones para la vida.

El Dr. Collin Cherubim, autor principal del estudio publicado en la revista Science e investigador que estuvo vinculado a la Universidad de Harvard, destacó el impacto del logro: "Esta es la primera atmósfera confirmada por observación en un planeta rocoso dentro de la zona habitable fuera de nuestro sistema solar". Además, representa la primera identificación directa de una especie atmosférica en un mundo de estas características, posicionando a LHS 1140b como el laboratorio de astrobiología más prometedor de la actualidad.

Los ingredientes clave para la vida
Aunque comparte ciertas similitudes con la Tierra en su composición general y temperatura, LHS 1140b cuenta con rasgos únicos. Su masa es 5,6 veces mayor que la terrestre y su radio es un 70% más grande. Los astrofísicos estiman que está acoplado por marea (siempre muestra la misma cara a su estrella), posee reservas de agua sustancialmente mayores que nuestro planeta y tiene una composición atmosférica muy diferente.
"Ahora sabemos que LHS 1140b tiene todos los ingredientes indispensables: es un planeta rocoso, posee una temperatura que tolera el agua líquida y tiene una atmósfera capaz de evitar que esa agua se evapore, protegiendo al mismo tiempo la superficie de la radiación dañina", detalló Cherubim. La estrella que orbita es una enana roja, más pequeña y tenue que nuestro Sol, pero llamativamente "tranquila" y con pocas llamaradas, lo que incrementa las posibilidades de estabilidad ambiental.

El desafío técnico tras el descubrimiento
El hallazgo se concretó analizando los datos obtenidos cuando el exoplaneta pasó por delante de su estrella (tránsito), utilizando un espectrógrafo de infrarrojos montado en el telescopio Magellan Clay del Observatorio Las Campanas, en Chile. Los registros capturados en 2024 revelaron la presencia de helio escapando desde las capas superiores del planeta hacia el espacio. Curiosamente, en las observaciones de 2025 este gas no fue detectado, una variación que, lejos de desestimar el estudio, abrió nuevas preguntas sobre cómo reacciona la atmósfera a la radiación ultravioleta extrema de su sol.
Expertos independientes celebraron los resultados. La profesora Jayne Birkby, de la Universidad de Oxford, señaló que la mayoría de las enanas rojas suelen destruir las atmósferas de sus planetas debido a su alta actividad, por lo que este caso es un paso crucial para entender la supervivencia atmosférica en estos entornos. Por su parte, la Dra. Yamila Miguel, del Observatorio de Leiden en los Países Bajos, matizó que al tratarse de gases detectados en la atmósfera superior y no cerca de la superficie, el hallazgo es un triunfo de la detección técnica pero no implica de forma directa la presencia inmediata de vida biológica actual.








