El uso cotidiano de redes sociales, aplicaciones de mensajería y videojuegos en línea expone a niños y adolescentes a distintas formas de violencia sexual que pueden comenzar en el entorno digital y extenderse fuera de él.
Uno de cada cinco adolescentes sufrió abusos sexuales digitales, según UNICEF
Un informe elaborado junto con INTERPOL y ECPAT International relevó 21 países y advirtió que casi uno de cada cinco adolescentes de entre 12 y 17 años que usan Internet sufrió alguna forma de explotación o abuso sexual digital.

Un informe de UNICEF estimó que unos 20 millones de chicos de entre 12 y 17 años sufrieron al menos una forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología en un período de un año, en los 21 países analizados.
El estudio, titulado Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse —“A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil”—, fue desarrollado junto con INTERPOL y ECPAT International. Combina encuestas representativas con testimonios de jóvenes que atravesaron situaciones de abuso durante su infancia.

La cifra equivale a casi uno de cada cinco adolescentes de esa edad que utilizan Internet en los países incluidos en la investigación. En los cuatro países de América Latina y el Caribe relevados, el 18% de los chicos conectados de entre 12 y 17 años declaró haber experimentado alguna de estas situaciones.
El trabajo advierte que las cifras podrían subestimar la dimensión del problema, debido a que una parte importante de las víctimas no revela lo sucedido ni busca ayuda.
Por eso, UNICEF plantea que la protección de niños y adolescentes no puede depender exclusivamente de su capacidad para reconocer los riesgos o evitar contactos peligrosos: también requiere medidas de las plataformas digitales, los gobiernos, las familias y las instituciones educativas.
Qué formas de abuso identificó la investigación
El informe contabilizó distintas experiencias de violencia sexual vinculadas con el uso de tecnologías. Entre ellas, la exposición a imágenes o videos sexuales no deseados, las presiones para mantener conversaciones de contenido sexual o compartir imágenes íntimas y la circulación de fotografías o videos sexuales sin consentimiento.

Según los datos difundidos por UNICEF, más de 15 millones de niños y adolescentes estuvieron expuestos a contenidos sexuales no deseados. Cerca de nueve millones recibieron solicitudes para participar en conversaciones sexuales o enviar imágenes íntimas contra su voluntad. Además, alrededor de cuatro millones sufrieron la difusión de imágenes sexuales propias sin consentimiento.
La investigación también advierte sobre el grooming, que consiste en el acercamiento y la manipulación de un menor con fines de abuso sexual; la sextorsión, una forma de chantaje que utiliza contenido íntimo; el acoso y la creación de imágenes o videos sexuales falsos mediante inteligencia artificial.
Las redes sociales concentran una parte importante de los casos. De acuerdo con los resultados publicados, cerca del 60% de los abusos relevados ocurrió en plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp. Otro 14% estuvo vinculado con videojuegos en línea.
El estudio también cuestiona la idea de que los agresores sean siempre desconocidos. En el 57% de los casos relevados, la persona involucrada era alguien que el chico ya conocía, como un amigo, una pareja, otro menor o un familiar. En el 38% de las situaciones, el primer contacto con el agresor se produjo por Internet.

Estos datos muestran que los riesgos pueden aparecer en espacios digitales de uso habitual y en relaciones de confianza. Por eso, los especialistas señalan la importancia de que los chicos cuenten con adultos a quienes puedan recurrir sin temor a ser culpabilizados.
Por qué muchos chicos no cuentan lo ocurrido y cómo protegerlos
Uno de los principales problemas identificados por UNICEF es el bajo nivel de comunicación de los casos. Más del 40% de las situaciones de abuso facilitado por la tecnología no fue revelado a ninguna persona, mientras que menos del 1% llegó a la Policía, a trabajadores sociales o a líneas de ayuda, según el informe.
El silencio puede dificultar tanto la detección de los hechos como el acceso a asistencia. Los testimonios reunidos en la investigación describen experiencias atravesadas por miedo, vergüenza, confusión y aislamiento.
El documento también encontró una asociación entre estas formas de abuso y mayores dificultades emocionales: los chicos afectados presentaron una probabilidad cuatro veces mayor de manifestar pensamientos o conductas suicidas y de autolesionarse, además de niveles de ansiedad más altos.
Estos resultados describen asociaciones observadas en el estudio y no significan, por sí solos, que el abuso sea la única causa de esas consecuencias.
Ante este escenario, UNICEF propone que las empresas tecnológicas refuercen la seguridad desde el diseño de sus plataformas, protejan mejor la privacidad de los menores, limiten los contactos no solicitados de adultos y faciliten la detección y denuncia de contenidos abusivos.

También plantea que los gobiernos actualicen las normas para responder a modalidades nuevas, entre ellas la extorsión sexual y la producción de material abusivo mediante inteligencia artificial.
La organización destaca, además, la necesidad de contar con mecanismos de denuncia accesibles y confiables, junto con servicios de protección, salud, justicia y asistencia social. Las familias, las escuelas y las comunidades también tienen un papel central: escuchar a los chicos, tomar en serio lo que cuentan, evitar reproches y acompañarlos para buscar ayuda.
En su guía para adultos sobre los riesgos digitales para la infancia, UNICEF recomienda prestar atención a situaciones como solicitudes de imágenes íntimas, conversaciones sexuales no deseadas, amenazas, difusión de contenido privado o contactos que buscan generar confianza para manipular. Ante una situación de este tipo, es importante que el chico pueda hablar con un adulto de confianza y recibir orientación sin ser responsabilizado por lo ocurrido.
El informe concluye que la protección de la infancia en Internet requiere una respuesta compartida. La educación digital puede ayudar a reconocer situaciones de riesgo, pero no reemplaza la obligación de las plataformas y las instituciones de crear entornos seguros y ofrecer vías de asistencia eficaces.








