La UPCN y el CONICET, a través del Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC), firmaron un convenio para poner en marcha una experiencia piloto destinada al tratamiento de efluentes cloacales y la valorización de residuos orgánicos generados en el Club de Campo de UPCN.
Lombrices y plantas para limpiar aguas residuales: el innovador proyecto de UPCN y CONICET
La iniciativa busca desarrollar un sistema sustentable para el saneamiento de líquidos contaminados y la reutilización de recursos dentro del Club de Campo de la Unión del Personal Civil de la Nación en Santa Fe.

El proyecto busca desarrollar una alternativa tecnológica para el saneamiento de líquidos residuales mediante dos sistemas complementarios: uno de vermifiltración, basado en un biofiltro con lombrices, y otro de fitorremediación, que utiliza plantas para continuar el proceso de limpieza del agua.

Un proyecto que une ciencia y territorio
Desde UPCN destacaron que la iniciativa combina el conocimiento científico y técnico del INTEC con la experiencia y el espacio disponible en el Club de Campo.
“Es una experiencia piloto que organiza la institucion donde conviven dos partes: una es todo el conocimiento científico, técnico, desarrollo, investigación y por otro lado el interés de UPCN y el asentamiento territorial”, explicaron desde la organización.
En ese sentido, señalaron que el acuerdo también representa una forma de acompañar el desarrollo tecnológico y generar un impacto concreto en la comunidad, especialmente en materia ambiental. “Vamos a tener una oportunidad de innovar en este asunto”, remarcaron.
La propuesta contempla además avanzar en el tratamiento de residuos orgánicos y en soluciones vinculadas con actividades que actualmente requieren sistemas de desagote, como los pozos negros.
Lombrices para transformar aguas residuales
Por su parte, Cristina Zalazar, investigadora principal del INTEC, explicó que el proyecto surge a partir de una necesidad concreta del Club de Campo, donde la actividad y la cantidad de personas que concurren generan aguas residuales que deben recibir un tratamiento adecuado.
La investigadora explicó que una de las etapas estará basada en un sistema de biofiltración en el que intervienen microorganismos y lombrices de tierra. “Tenemos es una propuesta de biofiltración, es un filtro que trabaja con los microorganismos, las bacterias que tienen los componentes que tiene ese filtro y la particularidad que tiene es que le agregamos lombrices”, detalló.
Según Zalazar, estos organismos permiten procesar los residuos y contribuir a transformar las aguas contaminadas. “Esas lombrices sirven para reciclar residuos vegetales y procesan estas aguas residuales y transforman un agua que está contaminada en un agua limpia”, sostuvo.
La propuesta contempla incluso la posibilidad de reutilizar el líquido obtenido una vez completado el tratamiento. “Inclusive esa agua se puede después disponer y usar para fertilizar, para regar”, agregó.
Plantas que ayudan a completar el tratamiento
La segunda etapa del sistema estará a cargo de la fitorremediación. María Laura Fiasconaro, investigadora adjunta, explicó que se utilizarán especies vegetales con capacidad para absorber nutrientes y retener determinados contaminantes.
“Hay plantas que tienen esa especialidad, por decirlo de alguna manera. En este caso vamos a trabajar con plantas que son palustres, a las que vemos al costado del río y que están arraigadas”, indicó.
También se incorporarán plantas flotantes, que podrán aprovechar los nutrientes presentes en el agua y contribuir a su saneamiento. “Lo que hacen es tomar esto que para nosotros es residuo, pero para ellas pueden ser nutrientes y, si hay algún tipo de contaminante, lo pueden retener también en sus raíces”, detalló Fiasconaro.
De esta manera, esta etapa permitirá continuar el proceso iniciado por el vermifiltro. La investigadora resumió el objetivo señalando que las plantas pueden “limpiar, remediar esas aguas sucias, por decirlo de alguna manera, que ya van a estar previamente limpiadas por el sistema de vermifiltro”.
Del laboratorio a una escala mayor
A su turno, Eduardo Vidal, ingeniero químico, explicó que el proyecto representa un paso intermedio entre los ensayos de laboratorio y una futura aplicación a gran escala. “Todos los trabajos empiezan en los laboratorios, en un tubito de ensayo, que es el típico gráfico de un laboratorio. Después de eso nosotros pasamos a una escala un poco mayor que le llamamos piloto”, contó.
En este caso, el sistema experimental se desarrollará en un recipiente con una capacidad aproximada de 1.000 litros. El desafío siguiente será incrementar progresivamente el volumen de tratamiento.
“Ahora el gran desafío es pasar a volúmenes mucho mayores”, indicó Vidal.
Como primera etapa, los investigadores trabajarán con los efluentes generados por el comedor del predio, que representan alrededor de 30.000 litros semanales, según explicó el especialista.
La intención, posteriormente, es ampliar la capacidad para atender los volúmenes que se generan durante la temporada de mayor actividad. “La idea es hacer las pruebas necesarias ahí para pasar a ir creciendo, pero cerca de 100.000, 120.000 litros por día, que es lo que se genera en la temporada alta del Club de Campo de UPCN”, señaló.
El convenio abre así una etapa de investigación y desarrollo que busca poner a prueba una alternativa ambiental para el tratamiento de efluentes y, al mismo tiempo, avanzar hacia soluciones que puedan tener aplicación concreta dentro del predio y una posible repercusión en la comunidad.










