La India y la Unión Europea lograron cerrar la etapa técnica de un acuerdo de libre comercio tras casi dos décadas de negociaciones.

Tras 18 años de negociaciones, la India y la Unión Europea concluyeron la etapa técnica de un acuerdo de libre comercio que podría redefinir el comercio internacional. El analista Joaquín Bernardis analizó en CyD Litoral el alcance, las implicancias políticas y cómo este pacto podría impactar negativamente en el acuerdo pendiente con el Mercosur.

La India y la Unión Europea lograron cerrar la etapa técnica de un acuerdo de libre comercio tras casi dos décadas de negociaciones.
Joaquín Bernardis, analista internacional, dialogó con CyD Litoral y aseguró que el pacto no solo representa una oportunidad económica para ambos bloques, sino que también expresa una intención política de Europa por reducir su dependencia de Estados Unidos y limitar el ingreso de productos chinos a su mercado.
“El acuerdo con la India tiene un peso similar al que representó en su momento el acuerdo con el Mercosur”, explicó Bernardis, aunque señaló que podría tener una aprobación más ágil, ya que los agricultores europeos —quienes trabaron el pacto con Sudamérica— no ven a India como una amenaza directa.
India, históricamente un país con políticas proteccionistas, abrirá su mercado progresivamente a sectores clave como la industria automotriz y farmacéutica de Europa. Se espera que aranceles altísimos —como el 110% aplicado a automóviles— bajen en pocos años a niveles del 10%, y en otros casos, incluso a cero.

El acuerdo también debe leerse en clave geopolítica. Para la Unión Europea, representa una apuesta por diversificar sus alianzas comerciales en un escenario global cada vez más inestable. “Es una estrategia para no depender exclusivamente de Estados Unidos, y para contrarrestar la expansión de productos chinos en su mercado”, explicó Joaquín Bernardis.
En esa línea, India también busca proyectarse como un actor global con autonomía estratégica, reforzando su presencia en Occidente sin alinearse plenamente con Washington o Beijing.

Si bien se celebró el cierre de la negociación técnica, aún resta un largo camino. Como señaló Bernardis, la parte política del acuerdo puede requerir la aprobación de cada uno de los parlamentos de los países miembros de la Unión Europea, un proceso que podría trabarse, como ocurrió con el pacto con el Mercosur.
“Hay que ver si no sucede lo mismo que en nuestro caso: se aprobó la parte comercial, pero la cooperación política quedó en standby”, advirtió el analista.

Desde la perspectiva sudamericana, el avance del tratado entre India y Europa podría representar una desventaja. “El Mercosur podría perder prioridad en la agenda europea”, opinó Bernardis, especialmente si el acuerdo con India avanza sin grandes resistencias internas.
El interés europeo en diversificar proveedores y mercados se alinea con una estrategia de reposicionamiento global, en la que los acuerdos bilaterales ganan terreno frente a las estructuras multilaterales.
Mientras India celebra una apertura comercial histórica, Europa redibuja sus alianzas estratégicas. En el medio, el Mercosur observa cómo un acuerdo que parecía lejano se convierte en un modelo posible, pero también en una amenaza silenciosa a su propia agenda comercial.