La última semana ha sido una de las más oscuras para la población afgana. Las autoridades locales confirmaron este sábado que al menos 61 personas han muerto y otras 119 han resultado heridas debido a las lluvias torrenciales que azotaron gran parte del territorio.
Afganistán: inundaciones y terremotos causan más de 60 muertes
Afganistán enfrenta una crisis humanitaria total: al menos 61 muertos por lluvias torrenciales y ocho fallecidos tras un sismo en el noreste. Miles de familias perdieron sus hogares y cultivos.

El portavoz del gobierno, Zabihullah Mujahid, detalló que la situación sigue siendo crítica, con cuatro personas desaparecidas y equipos de rescate trabajando contrarreloj en zonas donde el lodo y el agua han cortado las vías de comunicación.

Este desastre meteorológico no llegó solo. En un golpe de extrema crueldad de la naturaleza, un terremoto registrado el viernes en el noreste del país sumó dolor a la emergencia: ocho integrantes de una misma familia perdieron la vida tras el colapso de su vivienda.
La simultaneidad de ambos eventos ha desbordado la capacidad de respuesta de las agencias de socorro, en un país donde la infraestructura de salud y rescate ya se encontraba al límite.
Devastación estructural y pérdida de sustento
El impacto de las inundaciones va mucho más allá de las cifras de fallecidos. Según los reportes oficiales, la fuerza del agua ha destruido total o parcialmente 2.448 viviendas, dejando a miles de familias a la intemperie en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Para una economía de subsistencia como la afgana, el daño a la agricultura es un golpe de gracia: miles de hectáreas de cultivos han quedado anegadas y el ganado —principal capital de muchas comunidades rurales— ha sido arrastrado por las crecidas.

La recurrencia de estos fenómenos en los últimos años ha marcado un patrón alarmante. Las inundaciones repentinas ya no son eventos aislados, sino una constante que erosiona la infraestructura deficiente del país.
Puentes, caminos rurales y sistemas de riego construidos de manera precaria han cedido ante la presión hídrica, aislando a pueblos enteros que hoy claman por ayuda humanitaria, alimentos y refugio.
Afganistán: la cara injusta de la crisis climática
Lo que ocurre en suelo afgano es, para los expertos, un caso testigo de la injusticia climática global. A pesar de tener una de las huellas de carbono más insignificantes del planeta, el país se ubica sistemáticamente entre las naciones más vulnerables al cambio climático.
La alternancia de sequías extremas que endurecen el suelo y lluvias torrenciales que provocan aludes es una combinación letal para un territorio con escasa cobertura vegetal y décadas de conflicto bélico que impidieron cualquier obra de mitigación.

La precariedad económica, agravada por el aislamiento internacional tras el cambio de régimen en 2021, deja a Afganistán mal preparado para un futuro de fenómenos meteorológicos extremos. Sin fondos para reconstrucción ni sistemas de alerta temprana eficientes, la población queda expuesta a un ciclo de desastres que parece no tener fin.
Mientras el agua comienza a bajar en algunas regiones, el desafío de la reconstrucción asoma como una tarea titánica para un país que todavía intenta enterrar a sus muertos.








