Perú atravesó una particular primera vuelta que comenzó a captar la atención al contar con tres decenas de candidatos, que generó confusión por la paridad y bajo porcentaje de votos de los vencedores y que completó su extrañeza con ciudadanos votando 24 horas después del supuesto cierre de urnas.
Perú y un balotaje con incertidumbres, pero que no escapará del riesgo de gobernabilidad
Tras la parcialmente fallida operación electoral del pasado domingo, los peruanos ya tienen sus dos finalistas de cara al 7 de junio. Qué ofrecen y cómo se miraría desde Argentina.


En dicho contexto de complejidad, los peruanos regresarán a las urnas el 7 de junio para el balotaje que definirá el noveno presidente en los últimos 10 años entre dos nombres: Keiko Fujimori de Fuerza Popular, hija del fallecido Alberto Fujimori Inomoto, y Roberto Sánchez de Juntos por el Perú, el hombre de Castillo que desplazó a Rafael López Aliaga de Renovación Popular, empresario de carrera con antecedentes en, por ejemplo, los Panama Papers.
A pesar de este cambio, aún no se han confirmado de forma absoluta los dos candidatos del balotaje ante la extrema paridad en el conteo y las dudas a nivel judicial sembradas en torno a más de 5.000 actas.
La multipolaridad
La extensa oferta electoral y la ruptura de las principales alianza derivó en que la primera en los resultados generales, Fujimori, obtuviera sólo el 17.06 % de los votos. El segundo, Sánchez, llegó al 11.98 %. Para tomar dimensión, Alfonso López Chau, séptimo en el conteo final, estuvo a poco más de 700 mil votos del segundo.
Sobre la fragmentación en la representación a la ciudadanía peruana, Lucía Mayo, licenciada en Relaciones Internacionales y Mg. en Cooperación Internacional para el Desarrollo por la Universidad de Salamanca, indica que se trata de una “crisis de representación política que viene atravesando Perú y que no es nueva, es histórico”.

A esta apertura, Delfina Toriani, licenciada en Relaciones Internacionales, complementa que el país “se encuentra inmerso en un momento político e institucional sumamente delicado: más de ocho presidentes en menos de una década, destituciones, renuncias, escándalos de corrupción y, sobre todo, una fuerte crisis de representatividad”.
Ambas coincidiendo en una crisis de representación, Mayo comenta que al haber “ tantos partidos es difícil unificar y poder llevar adelante políticas teniendo que negociar con tantos partidos”. Toriani agrega complejidad: “No solo se dividen en términos ideológicos, izquierda o derecha, sino también entre partidos con figuras que ya han tenido participación en la vida pública, y nuevas fuerzas que se presentan como outsiders”.
De un “derecha vs derecha” a una oposición rotunda
En relación a los perfiles en concreto de las dos figuras que sobrevivieron a la primera vuelta, Toriani resume la propuesta de Fujimori: “Combina elementos de orden y seguridad, enfatizando en políticas de ‘mano dura’ frente a la criminalidad y la corrupción, con un rol activo del Estado en áreas sensibles como salud pública, pensiones y asistencia social”.
Anclada en el legado de su padre, el fujimorismo plantea “una suerte de Estado fuerte, que interviene para garantizar estabilidad, pero que al mismo tiempo mantiene una impronta conservadora en materia social”, suma Toriani.

Mayo comenta que ambos tiene posiciones muy similares a López Aliaga en lo que refiere a la seguridad, pero en el caso puntual de Fujimori con cierta inspiración en el “método Bukele” en El Salvador y la intención de salirse del pacto de San José de Derechos Humanos.
El paralelismo inicial ponía "un balotaje de derecha contra derecha con perfiles diferentes de los candidatos”, como había resumido Mayo, pero el correr de la semana, en el marco de una ya controversial elección, modificó el tablero mediante el conteo final y corrió a uno de los candidatos para posicionar a un denominado "izquierdista".

Sánchez es un dirigente vinculado al espacio político que llevó a Pedro Castillo a la presidencia, “pero de perfil más moderado dentro de ese sector, representando una continuidad parcial de la agenda que emergió con el castillismo, especialmente en lo que refiere a una mayor presencia del Estado, el énfasis en las demandas de los sectores rurales y una crítica al centralismo limeño”, aclara Toriani.
“Esa misma cercanía puede generar resistencias, dado que el gobierno de Castillo estuvo marcado por una fuerte inestabilidad política y conflictos con el Congreso”, explica Toriani y suma: “En este sentido, una eventual llegada de Sánchez al poder podría interpretarse como una reedición, aunque más moderada, de ese proyecto político, con el desafío de diferenciarse lo suficiente para generar gobernabilidad sin perder el apoyo de su base electoral”.
Justamente, la figura de Castillo puede ser un arma de doble filo ya que el propio Sánchez ya se ha manifestado públicamente en favor de la idea de indultar al ex presidente condenado el 27 de noviembre de 2025 a 11 años, 5 meses y 15 días de prisión efectiva por los delitos de conspiración y rebelión.
El más perdedor entre una extensa lista
Sobre López Aliaga, Toriani dice que “representa una derecha más ideológica y confrontativa, con un perfil empresarial y un discurso fuertemente conservador. Ha construido su propuesta sobre la base del orden, la seguridad y la reducción del tamaño del Estado, promoviendo políticas de ajuste fiscal, impulso a la inversión privada y desregulación económica”.

“A diferencia de Fujimori, López Aliaga se posiciona como un outsider relativo dentro del sistema político, con un discurso más disruptivo y con fuerte énfasis en valores tradicionales, especialmente en temas sociales y culturales”, describe Toriani y diferencia: “Mientras Fujimori propone un Estado fuerte con capacidad de intervención, López Aliaga apuesta por un Estado más reducido y un mayor protagonismo del sector privado”.
La gobernabilidad
En relación a sus similitudes y el futuro, Mayo destaca: “Por los porcentajes electorales de los que fueron a votar, hay un 60% que tiene que decidir sobre cuál de los dos. Me parece que ir moderando”.
Este panorama inicial, repercutirá casi de forma inequívoca en la estabilidad del eventual gobierno, el principal drama peruano. “Gane quien gane, la gobernabilidad sigue siendo un desafío” porque “esta cantidad de partidos que presentaron candidatos también han ganado diferentes escaños y hay que negociar con cada uno para poder gobernar. Habiendo tantas voces y tantos intereses, se genera esta inestabilidad donde algunos poniéndose de acuerdo destituyen al presidente, por ejemplo, como lo hemos visto en los últimos en los últimos años”.
Toriani argumenta que para comprender este escenario, “es necesario remontarse al diseño institucional establecido tras la Constitución de 1993. Perú no es un sistema presidencialista clásico, sino que presenta rasgos de un sistema híbrido, con elementos semipresidenciales”.
“El Congreso dispone de una herramienta particularmente relevante: la figura de la ‘incapacidad moral permanente’, una causal constitucional que habilita la vacancia presidencial. El problema radica en que esta figura no está claramente definida en términos jurídicos, lo que ha permitido su uso con criterios predominantemente políticos”, explica la licenciada.








