Durante el fin de semana pasado, nuevamente con los mercados en receso, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un giro en la estrategia ante Irán y rompió con la tensa calma.
El motivo que forzó el "cese de hostilidades" de Trump que no pudo extenderse
El presidente de Estados Unidos anunció una especie de alto el fuego con Irán, a la para que lanzó una operación de rescate en Ormuz. La carta al Congreso y el plazo obligado.

Trump afirmó que se daban por "terminadas las hostilidades con Irán" en una carta enviada al Congreso estadounidense. “No ha habido intercambio de disparos entre las Fuerzas Armadas de Estados Unidos e Irán desde el 7 de abril de 2026. Las hostilidades que comenzaron el 28 de febrero de 2026 han cesado”, afirmaba el texto.

Lo cierto es que, ya con el diario del lunes literal, el plan del mandatario estadounidense que era cuestionado desde el vamos, ya perdió valor antes los intercambios de este 4 de abril en pleno estrecho de Ormuz.
El objetivo del cese al fuego, con una cierta obligación de plazos legales, incluía una escolta con 15 mil marines para el “rescate” de unos 20 mil varados en el inmenso surco de agua que conecta el Golfo Pérsico y el Golfo de Adén. Este fue el detonante de ataques mutuos sobre el agua en las últimas horas.
El plano legal que lo obligaba
Los argumentos para el improvisado cese al fuego no se basaban estrictamente en un avance en las negociaciones, sobre todo luego de no encontrarse “conforme” con la propuesta de paz de los iraníes en la que pretendían salir ganando en prácticamente todos los escenarios.
Gran parte de la decisión de Trump, plasmada formalmente con una carta al poder legislativo, se ancla en la Resolución de Poderes de Guerra de 1973. La misma indica que el presidente de EE.UU. puede mantener las tropas en combate por un periodo de hasta 60 días sin necesidad de una declaración de guerra formal o una autorización específica del Congreso.

Esto se da siempre y cuando se notifique oficialmente al Congreso dentro de las 48 horas de que las fuerzas armadas han sido introducidas en hostilidades o situaciones donde el combate es inminente.
Si al cumplirse los 60 días el Congreso no ha autorizado la continuación de la misión, el Presidente tiene un plazo adicional de 30 días para retirar las tropas de forma segura. En total, el límite máximo de participación armada sin el “visto bueno” legislativo suele considerarse de 90 días.
Actualmente, existe un debate legal y político potenciado por los demócratas y el ala intermedia de los republicanos sobre si la administración puede extender este plazo bajo interpretaciones de "alto el fuego" o necesidades de seguridad nacional, mientras que sectores del Congreso exigen el cumplimiento estricto de la ley de 1973 para detener o autorizar formalmente el conflicto.
Un callejón sin salida
Hay una fecha clave que la administración Trump está mirando de reojo y es el 3 de noviembre próximo, cuando se renueven los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 escaños del Senado.

A este ítem en el calendario se le agregan 36 renovaciones estatales, con las primarias Indiana, Ohio, Nebraska y Virginia Occidental, Alabama, Georgia, Idaho, Kentucky, Oregón y Pensilvania en el mes corriente.
El informe más reciente de The Economist de esta semana refleja que el presidente de Estados Unidos sufrió un nuevo descenso en su índice de aprobación el último mes, llegando a -19. Estas cifras se traducen en que el 37% de la población lo aprueba, el 56% lo desaprueba y el 6% no está seguro.
Trump superó este mes de mayo el año completo dentro del espectro de desaprobación por la caída casi constante de su imagen desde marzo de 2025, una tendencia que repite de Joe Biden, pero que contrasta con la evolución de su primer mandato, donde tuvo un pequeño repunte tras la gran caída.

The Economist remarca que el mayor aspecto de desaprobación es la inflación y los precios, por delante de la categoría Empleo y Economía, la cual es seguida por la política exterior.
Las operaciones estadounidenses en Medio Oriente y el actuar puntual con Irán no son el aspecto de mayor peso en la balanza, pero sí un elemento que va cimentando la imagen presidencial no sólo dentro del país, sino también por fuera.
La inmigración, una de las principales banderas de gestión, sigue teniendo un balance negativo según los informes citados, pero con menor influencia en la discusión.
Bajo este contexto, Trump parece estar entre la espada y la pared sin poder ceder ante las grandilocuentes exigencias de Teherán que pretende controlar en su totalidad Ormuz e incluso retomar su plan nuclear, principal motivo del conflicto, pero con el correr del reloj que lo apura para no ir a las urnas por el Congreso con una guerra de por medio.








