Este lunes 6 de abril marca un hito en la cronología de la exploración espacial. Alrededor de las 19 (hora de Argentina), la misión Artemis II de la NASA atravesará la región lunar invisible desde nuestro planeta, convirtiéndose en la primera nave tripulada en más de medio siglo en realizar observaciones directas de la cara oculta de la Luna.
Artemis II: la misión de la NASA llega este lunes a la cara oculta de la Luna
Los cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orión alcanzarán la mayor distancia de la Tierra jamás registrada por seres humanos. Durante 50 minutos, la tripulación quedará en silencio radial absoluto mientras sobrevuela el lado inexplorado del satélite.

La tripulación, integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, no solo revivirá la mística de las misiones Apolo, sino que establecerá un nuevo estándar para la humanidad: alcanzarán el punto más alejado de la Tierra, situado a unos 402.000 kilómetros, superando la marca histórica del Apolo 13.

Silencio radial y autonomía
El momento de mayor tensión y valor técnico de la jornada ocurrirá cuando la cápsula Orión se desplace detrás del disco lunar. Durante aproximadamente 50 minutos, la nave perderá todo contacto por radio con el centro de control en la Tierra. Este "apagón" comunicacional es una prueba crítica para validar los sistemas de navegación autónoma que serán vitales en futuras expediciones a Marte.
Durante este intervalo de desconexión, los astronautas no estarán inactivos. Tienen la tarea de documentar, mediante cámaras de alta resolución y observación directa, formaciones geológicas que el ojo humano nunca ha visto de cerca, como la cuenca Orientale y los cráteres Pierazzo y Ohm.

Un laboratorio visual
A una altitud de 6.500 kilómetros sobre el suelo lunar, la tripulación operará en un espacio reducido —la cabina tiene apenas cinco metros de diámetro— para capturar imágenes con lentes de precisión (80-400mm). La relevancia científica radica en la capacidad de los astronautas para distinguir relieves y texturas que las sondas automáticas a veces omiten.
“Según el día en que ocurra el lanzamiento, cambiará mucho lo que veremos en la cara oculta”, explicó el astronauta Jeremy Hansen.
El ángulo de la luz solar será determinante: si el sol está bajo, las sombras alargadas permitirán identificar crestas y bordes de cráteres con una nitidez inédita; si la iluminación es cenital, se facilitarán las fotografías de primer plano para analizar la geología del terreno.

El retorno bajo la estrategia "Free-Return"
Tras rodear el satélite, la misión utilizará una trayectoria denominada “free-return” (retorno libre). Esta maniobra aprovecha la gravedad lunar para impulsar a la Orión de regreso a casa sin necesidad de realizar encendidos de motor complejos, optimizando el combustible y garantizando la seguridad de los tripulantes.
El éxito de Artemis II no solo representa un logro tecnológico para la NASA, sino que consolida la cooperación internacional. Con la presencia de Koch, Glover y Hansen, la misión simboliza una nueva era de diversidad en la exploración del cosmos, sentando las bases para la instalación de bases permanentes y el eventual salto hacia el Planeta Rojo.








