Berlín atraviesa uno de los comienzos de año más complejos de los últimos tiempos tras permanecer cinco días consecutivos con amplias zonas sin suministro eléctrico, a raíz de un incendio intencional en una central del sur de la ciudad.

Un incendio intencional en una central del sur de la capital alemana dañó la infraestructura de suministro en pleno invierno y obligó a activar operativos de emergencia para asistir a los afectados.

Berlín atraviesa uno de los comienzos de año más complejos de los últimos tiempos tras permanecer cinco días consecutivos con amplias zonas sin suministro eléctrico, a raíz de un incendio intencional en una central del sur de la ciudad.
El apagón dejó a decenas de miles de hogares sin luz, calefacción ni comunicaciones en pleno invierno, con temperaturas bajo cero y nevadas persistentes, y volvió a poner en el centro del debate la fragilidad de la infraestructura crítica de la capital alemana.

El corte se originó el sábado a primera hora de la mañana, cuando un incendio provocado afectó la central eléctrica de Lichterfelde, ubicada en el distrito de Steglitz-Zehlendorf. El hecho ocurrió en un momento especialmente sensible, ya que coincidió con la primera nevada del año y un marcado descenso de la temperatura.

Como consecuencia directa, unos 45.000 hogares quedaron sin electricidad, calefacción y señal telefónica. Aunque Berlín está acostumbrada a los inviernos rigurosos, la combinación entre el sabotaje, el clima extremo y la duración del apagón generó un escenario inédito para miles de vecinos.
Durante el fin de semana, las autoridades lograron restituir el suministro en aproximadamente 14.000 viviendas y cerca de 500 comercios. Sin embargo, más de 30.000 hogares continúan a oscuras y las estimaciones oficiales indican que la normalidad no se alcanzará antes del jueves, siempre y cuando las condiciones meteorológicas no dificulten aún más las tareas.

Las zonas afectadas muestran calles desiertas y escasa actividad. Escuelas, supermercados y estaciones de transporte público permanecen cerradas, lo que profundiza el aislamiento de los barrios alcanzados por el apagón.
Ante la prolongación del corte, muchos residentes recurrieron a centros de emergencia habilitados por las autoridades locales, donde se instalaron camas, duchas con agua caliente y espacios de resguardo. Al mismo tiempo, efectivos policiales patrullan las calles cubiertas de nieve para orientar a los vecinos y brindar recomendaciones básicas para enfrentar el frío sin electricidad.
La empresa Stromnetz Berlin informó que sus equipos trabajan de manera ininterrumpida en la zona del incendio para reparar la red dañada, aunque nuevas nevadas podrían retrasar el proceso. El estado de emergencia continúa vigente mientras se monitorea la evolución de la situación.

El descontento entre los habitantes creció con el paso de los días, especialmente porque se trata del segundo apagón de gran magnitud en menos de seis meses. En septiembre, otro incidente similar dejó sin suministro a más de 40.000 hogares en la capital alemana.
Desde el gobierno local se condenó con dureza el ataque y se remarcó la gravedad de haber puesto en riesgo a miles de personas en un contexto climático extremo. En paralelo, los servicios de inteligencia vinculan este episodio con una serie de sabotajes registrados en Berlín y Brandeburgo en los últimos años, lo que reaviva el debate sobre la seguridad de las infraestructuras estratégicas.
Para muchos ciudadanos, los apagones reiterados reflejan una combinación de falta de inversión sostenida, vulnerabilidad estructural y un contexto de amenazas cada vez más complejas. Mientras tanto, la vida cotidiana transcurre entre refugios improvisados, gimnasios reconvertidos en centros de asistencia y hogares que siguen esperando el regreso de la luz y la calefacción.