Costa Rica dio este miércoles un giro drástico en su política exterior hacia Cuba. El presidente Rodrigo Chaves anunció que su gobierno ya no reconoce la legitimidad del régimen cubano y ordenó el cierre de la embajada costarricense en La Habana, además de pedir que la representación de la isla en San José quede limitada a funciones consulares.
La decisión estuvo acompañada por una frase de alto voltaje político. Chaves sostuvo que hay que “limpiar al hemisferio de comunistas”, en una declaración que elevó el tono del conflicto y dejó expuesta la voluntad de su administración de endurecer la relación con La Habana.
El anuncio no se limitó al cierre de la sede diplomática costarricense en Cuba. También incluyó el pedido formal para que el gobierno cubano retire a su personal diplomático en Costa Rica, con excepción de los funcionarios consulares indispensables para atender a sus ciudadanos.
El argumento central de San José fue el deterioro de los derechos humanos en la isla y el aumento de la represión contra opositores. Con esa base, el gobierno de Chaves presentó la medida como una señal política de rechazo al sistema cubano y como una toma de posición regional.
Chaves endurece su perfil internacional
La postura del mandatario costarricense se inscribe en una línea de fuerte acercamiento a Washington. En el anuncio, Chaves habló en un acto en el que estuvo presente la embajadora de Estados Unidos, un detalle que reforzó la lectura geopolítica de la decisión.
La ruptura también se da en un momento de mayor presión sobre Cuba. En las últimas semanas, el gobierno estadounidense profundizó su ofensiva económica sobre la isla, mientras otros países de la región comenzaron a revisar o endurecer sus vínculos diplomáticos con La Habana.
El movimiento tiene además una carga política interna. Chaves es un presidente saliente y dejará el poder el próximo 8 de mayo, cuando asumirá Laura Fernández, dirigente oficialista y heredera política de su espacio. La medida, por lo tanto, también marca el tono con el que busca cerrar su gestión.
En ese contexto, la decisión de romper relaciones a nivel diplomático pleno con Cuba aparece como uno de los gestos más contundentes del tramo final de su mandato. El vínculo bilateral no queda completamente roto, pero sí reducido a una escala mínima de representación consular.
Un nuevo foco de tensión en América Latina
La medida de Costa Rica se suma a otros movimientos recientes en la región contra la diplomacia cubana. Ese encadenamiento empieza a mostrar un cambio de clima político en parte de América Latina, con gobiernos que se alinean más abiertamente con la presión sobre La Habana.
El paso dado por San José reabre, además, una discusión más amplia sobre el lugar de Cuba en el mapa diplomático continental. En medio de ese debate, la frase de Chaves terminó por convertir una decisión de política exterior en un mensaje ideológico de alcance regional.