En un movimiento que marca un punto de no retorno en el aislamiento digital de la Federación Rusa, las autoridades de Moscú oficializaron este viernes el bloqueo total de WhatsApp.

El gobierno ruso oficializó la restricción total de la aplicación de mensajería más utilizada en su territorio. Tras calificar a Meta como "organización extremista", el Putin busca consolidar el "Internet soberano" obligando a la población a migrar a servicios locales monitoreados.

En un movimiento que marca un punto de no retorno en el aislamiento digital de la Federación Rusa, las autoridades de Moscú oficializaron este viernes el bloqueo total de WhatsApp.
La medida, ejecutada por el organismo regulador Roskomnadzor, deja a cerca de 100 millones de ciudadanos sin su principal herramienta de comunicación diaria y acelera la transición forzosa hacia un ecosistema digital controlado exclusivamente por el Estado.
La decisión no es una sorpresa, pero sí un golpe logístico masivo. Durante años, WhatsApp fue la única plataforma de la empresa Meta (dueña de Facebook e Instagram) que sobrevivió a las prohibiciones en suelo ruso debido a su carácter estrictamente de mensajería.
Sin embargo, el endurecimiento de las políticas de "soberanía informativa" y la negativa de la compañía estadounidense a compartir datos de sus usuarios han sellado su destino.

El argumento oficial del Kremlin se centra en la "seguridad nacional" y el incumplimiento de las leyes locales de almacenamiento de datos. No obstante, expertos internacionales en ciberseguridad señalan que el verdadero motivo es la imposibilidad de las agencias de inteligencia rusas para interceptar el cifrado de extremo a extremo de WhatsApp.
Al eliminar esta aplicación, el gobierno elimina también uno de los últimos espacios donde los ciudadanos podían compartir información fuera del radar estatal. La medida afecta no solo a la comunicación privada, sino a miles de pequeñas empresas y redes de comercio local que operaban exclusivamente a través de la plataforma verde.

Para llenar el vacío, el gobierno ruso ha puesto en marcha una maquinaria de promoción para sus alternativas locales. El principal beneficiario es VK Messenger (parte del conglomerado VK, conocido como el "Facebook ruso"), que ya ha visto un aumento récord en sus descargas en las últimas 24 horas.
Además, se ha intensificado el uso de una nueva plataforma integrada al ecosistema de RuStore (la tienda de aplicaciones rusa). Estas herramientas "soberanas" permiten al Estado un monitoreo más ágil de las conversaciones y el bloqueo automático de palabras clave relacionadas con la oposición política o las críticas a la gestión de la guerra en Ucrania.
Por su parte, Telegram, aunque sigue activo, mantiene una relación ambivalente con el poder central que muchos usuarios miran con desconfianza.

Este bloqueo es la pieza final en la construcción del RuNet (el Internet soberano de Rusia). Siguiendo el ejemplo del "Gran Cortafuegos" de China, Moscú busca desconectarse de la infraestructura global para evitar influencias externas y garantizar un control ideológico total.
Mientras los sectores más jóvenes intentan evadir las restricciones mediante el uso de VPN, el gobierno también ha iniciado una ofensiva contra estas redes privadas, amenazando con multas y bloqueos de IP.
Para el ciudadano promedio, el mensaje es claro: la era de la comunicación digital global ha terminado, dando paso a una red nacional donde la privacidad está subordinada a la seguridad del Estado.