Una instalación callejera en Teherán llamó la atención por representar a Donald Trump encerrado dentro de una celda. La escena fue montada en la plaza Tajrish, en el norte de la capital iraní, donde un actor caracterizado como el presidente de Estados Unidos interactúa con quienes pasan por el lugar.
Un falso Trump encerrado en una celda se convirtió en atracción callejera en Irán
La instalación fue montada en una de las plazas más transitadas de la capital iraní. Un actor imita al presidente estadounidense, baila, amenaza y provoca a los peatones.

La estructura incluye barrotes, una cama y un retrete, mientras el intérprete reproduce algunos de los gestos más reconocibles del mandatario. En distintos momentos baila, simula amenazas y busca abrirse paso entre los barrotes, lo que genera reacciones que van desde las risas hasta los insultos.

Una puesta en escena con mensaje político
Detrás de la celda, una pantalla proyecta imágenes de víctimas de ataques estadounidenses y referencias a un bombardeo ocurrido en septiembre en la localidad de Sirik, donde murieron al menos cinco personas y otras 68 resultaron heridas.
La representación utiliza como lema “No ver esta escena es un delito” y permanecerá activa durante las 24 horas, según difundieron medios iraníes. La instalación fue inaugurada esta semana y rápidamente se convirtió en un punto de concentración para curiosos y transeúntes.

Risas, insultos y videos
Las reacciones en la plaza fueron variadas. Algunas personas se acercaron para fotografiarse o grabar al falso Trump, mientras otras lo increparon desde la calle. La cantidad de curiosos llegó incluso a generar demoras en el tránsito de una de las zonas más concurridas de Teherán.
También hubo situaciones en tono de broma. Un grupo de escolares pidió al actor que atacara Irán para que se suspendieran sus exámenes, mientras otros peatones intentaban llamar su atención para conseguir una foto o pedirle que reabriera programas de visado hacia Estados Unidos.

En medio de contactos diplomáticos
La performance apareció en un contexto de nuevos movimientos diplomáticos entre Irán y Estados Unidos, con intentos de reactivar conversaciones y reducir la tensión entre ambos países.
La inauguración coincidió además con la llegada a Teherán del jefe del Ejército de Pakistán, Asim Munir, uno de los interlocutores que viene participando en gestiones entre las partes.









