En un giro estratégico que evoca la mística de las misiones Apolo pero con la tecnología del siglo XXI, la NASA anunció este martes un cambio de rumbo en su hoja de ruta espacial.

El administrador de la agencia, Jared Isaacman, confirmó que Estados Unidos postergará la estación orbital "Gateway" para centrar sus recursos en un asentamiento permanente. La inversión rondará los 20.000 millones de dólares.

En un giro estratégico que evoca la mística de las misiones Apolo pero con la tecnología del siglo XXI, la NASA anunció este martes un cambio de rumbo en su hoja de ruta espacial.

El administrador del organismo, Jared Isaacman, confirmó que la prioridad absoluta de los Estados Unidos será la construcción de una base habitable fija sobre la superficie de la Luna, postergando el desarrollo de la estación orbital conocida como Gateway.
El ambicioso plan, enmarcado en el programa Artemis, contempla una inversión estimada de 20.000 millones de dólares para los próximos siete años. El objetivo es claro: transformar las visitas esporádicas en una ocupación humana constante.

“El objetivo no es solo llegar a la Luna, sino quedarse. Estados Unidos jamás volverá a renunciar a la Luna”, sentenció Isaacman durante la presentación del proyecto, subrayando que la agencia adoptará un modelo de ejecución de alta intensidad similar al que llevó al hombre al satélite en 1969.
El sitio elegido para este asentamiento histórico es el Polo Sur lunar. No se trata de una elección azarosa, sino de una decisión basada en la supervivencia y la autonomía.

En esa región, cráteres como Shackleton y Faustini albergan reservas confirmadas de hielo de agua, un recurso crítico que permitirá no solo sustentar la vida de los astronautas, sino también generar combustible para futuras misiones a Marte.
La hoja de ruta de la NASA ya tiene hitos marcados en el calendario inmediato.

El próximo 1 de abril se lanzará la misión Artemis II, que llevará a una tripulación a orbitar el satélite por primera vez en más de medio siglo, marcando el regreso de los seres humanos a las proximidades lunares.
A partir de allí, el ritmo será vertiginoso:
2027: Inicio de un "puente logístico" con viajes mensuales no tripulados para el transporte de suministros y módulos habitacionales.
2028: Regreso efectivo de astronautas al suelo lunar con las fases IV y V del programa.
2030-2035: Horizonte final para que la base esté plenamente operativa y habitable para estancias prolongadas.
Este cambio de planes busca consolidar el liderazgo estadounidense en la nueva carrera espacial, asegurando una infraestructura que servirá como laboratorio científico y puerto de salida hacia el resto del sistema solar.