León XIV cerró el Año Santo y llamó a una Iglesia abierta, solidaria y comprometida con los más vulnerables
Con el cierre de la Puerta Santa en la basílica de San Pedro, el Papa clausuró el Jubileo de la Esperanza y dejó un mensaje político y pastoral de fuerte contenido social: defensa de los migrantes, crítica al sistema económico global y un llamado a transformar la fe en acciones concretas de justicia y paz.
El papa León XIV cerró la Puerta Santa de la basílica de San Pedro y dio por finalizado el Jubileo 2025.
El papa León XIV clausuró este martes el Año Santo de la Iglesia católica con el cierre de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, en una ceremonia cargada de simbolismo y de definiciones pastorales. Desde el Vaticano, el Pontífice instó a los cristianos de todo el mundo a profundizar el compromiso con los más necesitados y a tratar a los extranjeros con respeto y humanidad.
Vestido con ornamentos dorados, León XIV cerró a las 9:41 hora local la puerta especial de bronce que había permanecido abierta durante todo el Jubileo. Con ese gesto, puso fin oficialmente a un Año Santo que convocó a una cifra récord de peregrinos y que estuvo atravesado por un fuerte mensaje social, en línea con el legado de su antecesor, el papa Francisco.
Durante su homilía, el Papa advirtió sobre los riesgos de una economía global que “intenta sacar provecho de todo” y llamó a no reducir a las personas a meros objetos de intercambio. En ese sentido, subrayó que los millones de fieles que peregrinaron a Roma deberían haber aprendido a reconocer “al prójimo en el extranjero” y al “peregrino en el visitante”.
El Jubileo de 2025 reunió en Roma a más de 33,5 millones de personas provenientes de 185 países, con una fuerte presencia de fieles de Italia, Estados Unidos, España, Brasil y Polonia. Para las autoridades vaticanas, se trató de uno de los eventos religiosos más masivos de las últimas décadas, con un impacto espiritual, cultural y político de alcance global.
Desde el balcón central, el Pontífice rezó el Ángelus y llamó a construir paz, equidad y esperanza.
Un mensaje social que atraviesa el pontificado
Desde el inicio de su papado, León XIV colocó la cuestión migratoria y la dignidad humana en el centro de su prédica. En la clausura del Año Santo, volvió a insistir en que la fe cristiana no puede desligarse de la realidad social y económica que atraviesan millones de personas en el mundo.
“A nuestro alrededor, una economía distorsionada convierte los anhelos humanos de buscar, viajar y volver a empezar en un mero negocio”, expresó el Papa, retomando una de las críticas más frecuentes del fallecido Francisco al sistema económico internacional. Para León XIV, el Jubileo debía dejar como enseñanza una mirada más humana sobre los desplazamientos, las desigualdades y la pobreza.
Los Años Santos, que se celebran tradicionalmente cada 25 años, son considerados tiempos de perdón, reconciliación y renovación espiritual. Durante ese período, los peregrinos pueden atravesar las Puertas Santas de las cuatro basílicas mayores de Roma y participar de audiencias y celebraciones especiales presididas por el Papa.
El Jubileo de 2025 tuvo además una particularidad histórica: fue inaugurado por Francisco y clausurado por su sucesor. El pontífice argentino murió en abril, tras 12 años al frente de la Iglesia católica, que reúne a unos 1.400 millones de fieles en todo el mundo. El antecedente más cercano de un Jubileo celebrado bajo dos papas se remonta al año 1700.
Epifanía, esperanza y paz
La clausura del Año Santo coincidió con la Solemnidad de la Epifanía del Señor. Tras cerrar la Puerta Santa y presidir la misa, León XIV encabezó el rezo del Ángelus desde el balcón central de la basílica de San Pedro. Allí profundizó el sentido espiritual del Jubileo y lo vinculó con la necesidad de construir un mundo más justo.
Más de 33 millones de peregrinos de 185 países participaron del Año Santo en Roma.
El Papa recordó que la palabra “epifanía” significa “manifestación” y destacó que la alegría cristiana es posible incluso en contextos de crisis. “Dios salva, no tiene otras intenciones ni otro nombre”, afirmó, y subrayó que la esperanza nace de un misterio que ya no está oculto, sino revelado en Jesús.
En su reflexión, León XIV retomó la escena de los Reyes Magos y los regalos ofrecidos al Niño Jesús. Oro, incienso y mirra fueron interpretados como símbolos de aquello que cada persona está llamada a compartir. “Da mucho quien lo da todo”, sostuvo, en alusión a una fe que no se guarda, sino que se pone al servicio de los demás.
El Pontífice señaló que el Jubileo dejó una enseñanza central: la justicia basada en la gratuidad y en la redistribución de los recursos. “Todo lo que somos y poseemos reclama ser ofrecido”, expresó, y llamó a reorganizar la convivencia social para que esté al servicio de los sueños de Dios, “más grandes que los nuestros”.
En el cierre de su mensaje, León XIV convocó a ser “artesanos de esperanza” y a caminar hacia el futuro por un camino distinto, inspirado en la paz y la fraternidad. “Que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz”, concluyó.