Tensión en el Caribe: la nueva política de Estados Unidos contra Cuba y sus efectos regionales
La escalada de sanciones de Washington contra La Habana, en medio de una ofensiva más amplia en América Latina, combina presiones económicas, amenazas arancelarias y desafíos diplomáticos que complican el panorama hemisférico en 2026. Joaquín Bernardis, analista internacional, diaogó con CyD Litoral sobre esta temática.
La nueva política de Estados Unidos contra Cuba. Crédito: Reuters.
La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina vuelve a escalar. En una jugada que recuerda a los momentos más duros del embargo, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que califica el suministro de petróleo a Cuba como una “cuestión de seguridad nacional”.
Con ese decreto, amenazó con aranceles a todo país que exporte crudo a la isla, generando un efecto inmediato: México, uno de los principales proveedores recientes, reconsideró sus envíos ante el riesgo de represalias económicas.
Las consecuencias no tardaron en sentirse. La población cubana enfrenta una crisis energética severa, con escasez de combustible, cortes de electricidad y transporte reducido. El impacto es visible en los servicios públicos y en la vida cotidiana, agravando un panorama ya crítico por el fin del flujo energético desde Venezuela.
Claves de la nueva estrategia estadounidense
En diálogo con CyD Litoral, el analista internacional Joaquín Bernardis sostuvo que este endurecimiento de la política exterior “parece una continuidad del 2025, donde Trump consolidó una línea dura hacia los gobiernos no alineados con los intereses de Washington”.
Para Bernardis, el foco ahora está puesto en Cuba, pero forma parte de un proceso más amplio: “No se cansó de Venezuela, la tiene bajo control, y ahora escala hacia la isla. El secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de emigrados cubanos, tiene un fuerte lazo identitario que refuerza esta ofensiva”.
Según el especialista, la decisión también tiene un objetivo electoral: “Trump busca reforzar el voto latino anti-Cuba en estados clave como Florida”, donde su imagen se había debilitado en sectores hispanos. La estrategia se articula con otros gestos simbólicos y culturales que marcaron las últimas semanas, como la polémica en los Grammy y los discursos nacionalistas en campaña.
Escalada de sanciones de Washington contra La Habana. Crédito: Reuters.
Petróleo, negocios y poder
El bloqueo energético se plantea como un cerco total. Bernardis detalló que con la caída del abastecimiento venezolano, Cuba quedó virtualmente aislada, y ahora Estados Unidos amenaza incluso a aquellos países que pretendan ofrecer ayuda. Uno de los casos más sensibles fue el de México, cuya petrolera estatal Pemex tenía previsto un envío que debió ser reconsiderado.
“Trump lo dejó claro: cualquier intento de abastecer a Cuba será castigado. El mensaje fue directo, y logró lo que quería: frenar los suministros sin disparar un solo misil”, analizó Bernardis.
Sin embargo, el presidente norteamericano también dejó abierta una vía inesperada: en los últimos días, declaró que mantiene contacto con funcionarios del gobierno cubano para explorar nuevas formas de cooperación, siempre que beneficien los intereses de Estados Unidos.
“Ya no se trata del signo político —explicó Bernardis— sino de si el gobierno cubano está dispuesto a aceptar condiciones que favorezcan a empresas norteamericanas. El petróleo vuelve a ser la moneda de cambio, y podría canalizarse incluso a través de Chevron con inversiones en Venezuela”.
El presidente Donald Trump en Washington. Crédito: Reuters.
Un año convulsionado
A poco de iniciado, el 2026 ya muestra signos de fuerte convulsión geopolítica, con Cuba en el centro de la escena regional. La presión sobre la isla refleja una lógica más amplia: imponer condiciones bajo el pretexto de la seguridad nacional y abrir paso a nuevos negocios energéticos con sello estadounidense.
La situación en el Caribe se vuelve así una pieza más del rompecabezas global, donde la disputa por recursos, poder y narrativas no da tregua.