Las fuerzas ucranianas intensificaron su campaña contra la infraestructura energética rusa con una serie de ataques coordinados durante la madrugada.

En una operación de largo alcance, el Estado Mayor de Kiev confirmó ataques exitosos contra la terminal de Transneft en el mar Báltico y una refinería en la región de Baskortostán. La estrategia busca asfixiar la principal fuente de financiamiento del Kremlin, luego de que Washington flexibilizara las restricciones al petróleo ruso para estabilizar los precios internacionales.

Las fuerzas ucranianas intensificaron su campaña contra la infraestructura energética rusa con una serie de ataques coordinados durante la madrugada.
El objetivo principal fue la terminal petrolera Transneft, ubicada en el puerto de Primorsk (región de Leningrado). Según el Estado Mayor de Kiev, los impactos dañaron tanques de almacenamiento y sistemas de carga, provocando incendios que fueron confirmados incluso por autoridades locales rusas, quienes informaron el derribo de 35 drones en la zona.
Sin embargo, el movimiento más audaz fue el ataque a la refinería Bashneft-Ufaneftejim en Ufá, capital de Baskortostán.

Esta planta se encuentra a unos 1.500 kilómetros de la frontera ucraniana, lo que demuestra la creciente capacidad de los drones de Kiev para alcanzar objetivos críticos en lo profundo del territorio ruso.
La relevancia de estos ataques es tanto logística como económica:
Primorsk: Es un puerto vital por donde circulan anualmente unos 60 millones de toneladas de crudo.

Ufá: La refinería afectada tiene una capacidad de procesamiento de hasta 8 millones de toneladas al año.
Rusia depende de estas exportaciones para sostener su maquinaria bélica. Sin embargo, la estrategia de Ucrania se volvió más agresiva tras un giro inesperado en la política exterior de Estados Unidos.
Recientemente, la administración de Donald Trump levantó temporalmente las sanciones al petróleo ruso. Esta medida no fue un gesto de distensión hacia Moscú, sino una necesidad de mercado: se buscó mitigar la escalada de los precios del combustible provocada por el conflicto en Irán.

Ante este nuevo escenario, donde el crudo ruso vuelve a fluir legalmente hacia los mercados globales generando divisas para el Kremlin, Ucrania ha decidido tomar cartas en el asunto por la vía militar.

Al no poder frenar el comercio mediante sanciones diplomáticas, Kiev apuesta por la destrucción física de las plantas de procesamiento y las terminales de exportación.