A días de que se realice la, en teoría, confirmada gira del papa León XIV por Sudamérica y con visita puntual a Argentina entre el 9 y el 11 de noviembre, desde el Vaticano enviaron un mensaje concreto sobre la inteligencia artificial.
El Vaticano y un nuevo mensaje de regulación sobre la IA con base en la encíclica de León XIV
El cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, inauguró el 150 aniversario de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y referenció Magnifica Humanitas.


El cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, se encargó de inaugurar este miércoles el 150 aniversario de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y referenció a Magnifica Humanitas, la primera encíclica del actual sumo pontífice.

Parolin mantuvo la línea que encabezó el ex cardenal Robert Prevost en sus más recientes apariciones con un pedido implícito de mayor regulación, postura que no condice con la de algunos líderes como el propio presidente argentino Javier Milei.
Un posible disenso
La nunca concluida visita de Francisco a su país natal estuvo casi siempre atada a eventuales aprovechamientos políticos de los poderes u oposiciones de turno. Así como parte de la oposición actual argentina podría llegar a subirse a las críticas sociales de León XIV, el oficialismo, que ya aclaró que es un “papa de todos”, podría encontrar diferencias.
Las planteadas este miércoles por Parolin y ya presentadas por Prevost infieren en uno de los campos en los que la gestión Milei pretende avanzar y explotar al máximo sus posibilidades.

“Las innovaciones tecnológicas —incluida la inteligencia artificial— no son neutrales: pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión”, advirtió Parolin ante las autoridades académicas y estudiantes de la Gregoriana.
El Secretario de Estado subrayó que el desarrollo tecnológico puede ser “una forma humana de participación en el acto divino de la creación”, lo que otorga a los programadores y diseñadores de software una responsabilidad ética y espiritual de primer orden. Sin embargo, denunció la tendencia a reducir al ser humano a un simple “engranaje de un sistema que debe hacerse cada vez más eficiente”.
El algoritmo ante el derecho
Uno de los puntos más críticos de la intervención del cardenal se centró en el impacto de los sistemas predictivos en el ejercicio del derecho y la justicia.
Parolin planteó interrogantes cruciales sobre el riesgo de delegar decisiones judiciales o administrativas a modelos matemáticos: “¿Qué espacio hay para las normas jurídicas cuando la tecnología producida por un algoritmo, en nombre de la eficiencia, sustituye su fundamento ético y su comprensión moral?”.

Según el cardenal, si la decisión de un legislador o de un juez se delega a un algoritmo, se destruye la exigencia fundamental de la motivación del acto jurídico, reduciendo la ley a una mera técnica regulatoria desprovista de justicia sustantiva.
Asimismo, alertó sobre la pérdida de soberanía de los Estados frente a empresas transnacionales de tecnología que acumulan recursos y capacidad de intervención superiores a los de muchos gobiernos, monopolizando el control de datos para predecir, condicionar y guiar la conducta humana.
Este es otro contrapunto, sin necesidad de referirse exclusivamente a la IA, con las pretensiones de mileístas de una ruptura de las estructuras y/o jurisdicciones estatales.
La Doctrina Social aplicada a la IA
Para evitar que la tecnología perpetúe la “cultura del poder” y la exclusión, Parolin detalló los principios que deben guiar la regulación de la Inteligencia Artificial a la luz de Magnifica Humanitas.
En primer lugar apela al “Destino universal de los bienes” exigiendo “garantizar un acceso equitativo e inclusivo tanto a la infraestructura digital como a la educación tecnológica”.
Luego a la “Subsidiariedad” que preservaría “el rol decisivo de los individuos y las comunidades locales frente a la centralización tecnológica”.
Sumó la “Solidaridad” que obliga a “visibilizar y dignificar el trabajo humano invisible, y frecuentemente explotado, que nutre y entrena los modelos algorítmicos”.
Finalmente presentó a la “Justicia social” como exigencia de que “la protección de la persona humana esté integrada desde la concepción y diseño original de la propia tecnología”.








