Por Victoria Cuello
Beatriz Actis y la literatura como “una suerte de exilio permanente”
Escritora, docente y editora, proveniente de Sunchales, Santa Fe: Beatriz Actis (65) reflexiona sobre la memoria y el olvido, los viajes, y las distintas formas de exilio que atraviesan sus relatos, especialmente los recientemente publicados en su libro: Ciertas cosas olvidadas (2026).

Beatriz nació en Sunchales en 1961 y actualmente es escritora, docente y editora. Formada en la Universidad Nacional del Litoral, ha desarrollado una larga trayectoria vinculada tanto a la literatura para adultos como a la literatura infantil y juvenil, además de su trabajo en el campo de la promoción de la lectura.
En su producción narrativa, la autora explora distintos aspectos de la experiencia humana a través de personajes, recuerdos y situaciones que dialogan con el pasado. En su más reciente publicación, reúne siete cuentos: algunos recuperados de un libro anterior y otros nuevos, que retoman y amplían aquellas búsquedas literarias.

En esta entrevista, Actis reflexiona sobre la relación entre memoria y olvido, la construcción de sus personajes, las búsquedas formales de su escritura y el lugar de las editoriales independientes y las librerías en la circulación de los libros. Una conversación sobre aquello que permanece, lo que se pierde y las formas en las que la literatura vuelve sobre las huellas de la experiencia.
1. En tus cuentos, aparece una geografía muy amplia: desde pueblos de la costa santafesina y distintos lugares de Argentina y América Latina hasta ciudades y referencias europeas, muchas veces atravesadas por recuerdos del pasado. ¿Cómo se construye ese mapa de territorios y memorias que recorre los relatos?
Sí. En cuanto al mapa, digamos, los personajes son, en general, itinerantes. A lo mejor, se los encuentra varados en un momento de sus vidas, pero siempre la memoria de esos recorridos, de eso previo y de ese exilio actual, e incluso de exilios pasados antes del actual, está presente, y la memoria salta ahí, salta en el tiempo, entonces salta en el espacio. Y a veces los personajes son extranjeros en su propio lugar. Entonces, eso de estar viviendo el presente, pero evocando el pasado, en realidad, que por ahí la gente de su entorno —sus interlocutores— no saben eso, tiene que ver con eso de sentirse que no se está aquí ni se está allá. Hay una suerte de exilio permanente. Tampoco son todos iguales los cuentos, pero más o menos ese podría ser un hilo conductor de los cuentos originales del primer libro, y los agregados dialogan con eso, con variaciones sobre esa temática: la memoria es una memoria de un pasado que, obviamente, implica otra época, pero generalmente implica también otros lugares.
Ese mapa amplio, digamos, también creo que marca más la extranjería o, en todo caso, que el personaje en algún momento sí pudo actuar más, moverse, ir de un lado para otro, y en este momento está varado y vive una suerte de exilio.

2. En uno de los cuentos, hablás de “esas fantasías de vidas ajenas que venden los libros”, a propósito de un personaje que lee e imagina otros mundos y otras formas de vida. En los relatos, esa posibilidad de imaginar otras vidas aparece también atravesada por el viaje, el desplazamiento. ¿Cómo trabajas esos estados desde la escritura?
Sí. En primer lugar, tenemos el viaje, que tiene que ver con cierta condición de extravío y de exilio de los personajes. Lo que importa, más que el arribo o el destino final, es el abandono a la incertidumbre del viaje mismo. Por eso apelo a la digresión de la conversación o de la memoria, a ese fluir discursivo, para intentar representar esos estados.
Además, los desplazamientos de los personajes —en el espacio y también en la memoria— son resultado de decisiones que, por distintas razones, resultan inevitables para ellos y son aceptados después por inercia o por costumbre. Los personajes, en general, se ubican en espacios excéntricos, al margen, y muchas veces parecen sentirse o bien desalojados o bien atrapados en esos lugares y, básicamente, están solos.
Lo que pretendo, al escribir, es dar la sensación de que la lengua también viaja junto a la memoria, pero sin abusar de la cita directa, ya que hay muchas referencias literarias, cinematográficas, musicales, etc., incorporadas a la trama. Algunos recursos pasan por la coexistencia de distintas voces y registros en los diálogos o por la inserción, en la voz del narrador, de voces de otros personajes. Intento que la tensión esté dada por alguna historia subterránea que se sugiera al lector a través de los indicios o del clima.
3. En tu reciente libro, reunís cuentos que escribiste hace un tiempo atrás, con otros nuevos, buscando que dialoguen entre sí. ¿Cómo fue el proceso de recuperar esos relatos y construir una unidad entre textos escritos en distintos momentos?
Este libro surge de una mixtura particular, porque es la reedición parcial de Lisboa (2008), que es un libro que ganó el Premio Municipal de Rosario, y yo recuperé los derechos. Entonces, una parte de los cuentos corresponde a ese libro (eso, por supuesto, está explicitado en esta nueva edición) y agregué cuentos nuevos. Entonces, fue un desafío de construcción para que los cuentos nuevos puedan dialogar con los anteriores, que están corregidos, además.
En esos cuentos anteriores, que escribí hace 15 años, el eje era la memoria y, bueno, la dialéctica entre la memoria y el olvido. En realidad, el plantearse si lo que uno recuerda es real o si también es una construcción. Cuando uno evoca su propio pasado, su historia, ya sea personal o la de su entorno, etcétera, en realidad, siempre surge la duda o el interrogante en cuanto a qué hay de certero en eso, por lo cual recordamos algunas cosas, pero también olvidamos otras y, bueno, qué es lo que sucede con esa operación que no es del todo consciente.
Ese era el eje de esos cuentos del libro original, que, te digo, es un libro escrito hace más de una década. Si bien los cuentos son distintos, podríamos decir que hay un denominador común, que es que muchos personajes están viviendo su vida actual en el momento en el que se centra la historia, en esos fragmentos de su vida en los que la historia focaliza en el momento del cuento, pero que, paralelamente, están evocando otras etapas de su vida que, de alguna manera, pueden, en algunos casos, enriquecer y, en otros casos, neutralizar lo que están viviendo en el presente.
Siempre hay algo más que no se dice en el presente, cuando se interactúa con otros, cuando se realizan ciertas acciones, que tiene que ver con eso que se calla: la cabeza está en ese otro mundo evocativo, en ese otro pasado que uno, como lector, tiene la posibilidad de conocer, ese presente y conocer ese pasado y, en todo caso, ahí se rearma la vida del personaje. En ese contrapunto entre lo que vive y lo que recuerda de aquello vivido, que puede darle otro significado al presente e, incluso, resignificarlo o invalidarlo.
Entonces, los cuentos nuevos también trataron de trabajar con este eje de la memoria, que no sé si necesariamente es el eje que yo estoy tomando como punto de partida para los cuentos que estoy escribiendo ahora. Pero sí me pareció que los cuentos nuevos, la idea era que dialogaran con esa temática también.
4. Bien. En la contratapa, la escritora Eugenia Almada, señala que estos cuentos nuevos son: “Relatos que hacen resonar ciertas cosas olvidadas: lo que sabemos o ignoramos de los que amamos, las palabras que se usan para nombrar lo que se calla, los exilios, los viajes, la extranjería, el modo en el que el lenguaje se transforma si permanece en territorio ajeno, los raptos de crueldad en los que son tan hábiles ciertos niños”.
Exactamente.
5. En estos cuentos conviven historias íntimas de los personajes con elementos históricos, culturales y sociales que las exceden. ¿Cómo trabajás ese cruce entre la experiencia individual y la historia colectiva?
Todo esto parecería ser meramente individual, digamos: qué es lo que pasa en la cabeza de ese sujeto que es el protagonista o la protagonista, según la historia. Pero, en realidad, esas soledades, esas acciones realizadas y las consecuencias de esas acciones realizadas o no realizadas, esos derroteros, ese estar varado en algún momento, recordando, etcétera… Bueno, todo eso no se trata solo de un acto individual, sino que el contexto, por supuesto, importa y, por eso, muchas veces hay referencias, por ejemplo, a la realidad latinoamericana, por la nacionalidad de los personajes y demás, que muchas veces el derrotero que inician tiene que ver con muchos acontecimientos históricos. Entonces, por supuesto que nunca se plantea al sujeto como alguien aislado.

6. Detrás de cada cuento hay un punto de partida y un proceso de escritura diferente. Si tuvieras que elegir uno de los relatos de este nuevo libro, ¿cómo trabajaste su construcción y qué particularidades encontrás en relación con los otros cuentos?
Sí, hay cuestiones formales y diversas entre algunos de los cuentos. Por ejemplo, “Ciertas cosas olvidadas”, que es uno de los cuentos nuevos y que da título al libro en esta nueva edición, tiene como alguna exploración formal distinta al de los otros cuentos, porque hay una primera parte, por ejemplo, que es un fragmento de un diario de un personaje; está dividido en apartados que difieren, digamos: hay saltos temporales y espaciales muy rotundos; hay una cosa cuasi-poética en la escritura del último apartado también. Entonces, a veces, la diferencia entre los cuentos actuales y los anteriores es que se acercan desde lo temático, pero cambian un poco desde lo formal.
7. A lo largo de tu trayectoria escribiste tanto para adultos como para niños y jóvenes, transitando universos y lectores diferentes. ¿Qué cambia en tu escritura cuando te dirigís a un lector infantil?
Cuando escribo para chicos, lo hago generalmente desde el absurdo y el humor, y estoy más consciente de cierta dinámica de juego, por así decirlo, en el acto de escritura. No es, en la práctica, demasiado diferente a escribir para adultos, pero géneros distintos: escribir poesía o escribir narrativa, por ejemplo.
8. ¿Qué valor le atribuís a las editoriales independientes a partir de tu propia experiencia como autora?
En cuanto a las publicaciones, creo que las editoriales independientes permiten una diversidad de voces o de estéticas que, a veces, no encuentran lugar en otros circuitos editoriales, descentralizándolos. Es decir, proponen una apertura hacia escrituras que no necesariamente responden a las tendencias.
9. Las librerías constituyen otro eslabón fundamental del circuito del libro y actualmente atraviesan un escenario complejo en Argentina. ¿Cómo ves hoy su lugar dentro de la circulación de los libros y la construcción de lectores?
Junto con las editoriales independientes, también construyen otros modos de circulación: ferias del libro, festivales, otros espacios culturales, etc., ámbitos donde el libro es objeto comercial, pero también es parte de una comunidad lectora y de una conversación cultural.










