Buenos Aires tiene muchas maneras de conquistar a quienes la recorren. Puede ser a través de sus avenidas arboladas, de una construcción que conserva las huellas de otra época o de una mesa donde los sabores tradicionales conviven con nuevas influencias. En esa combinación de historia, arquitectura y gastronomía está parte de su identidad: una ciudad que se transforma sin perder del todo aquello que la hace reconocible.
Buenos Aires entre la historia, la arquitectura y la gastronomía: cuatro lugares para descubrirla
De una confitería centenaria rodeada de naturaleza a la cocina nikkei y el vermú artesanal, la capital argentina invita a descubrir sus distintas identidades a través de espacios con historia y propuestas contemporáneas.

Durante una visita a la capital argentina, El Litoral recorrió Águila Pabellón, una antigua confitería recuperada en el entorno del Ecoparque porteño, y reunió otras tres propuestas que reflejan diferentes facetas de la escena gastronómica: Osaka, con su cocina de inspiración japonesa y peruana; El Globo, un clásico de la cocina porteña, y La Fuerza, que recupera la cultura del vermú con una impronta contemporánea.

La recorrida también dialogó con la mirada de Lila Bacigalupo, directora de Promoción Turística de la Ciudad de Buenos Aires, quien destacó la diversidad de experiencias que ofrece la capital. “Es una ciudad donde todo el tiempo está pasando algo nuevo, donde hay algo nuevo por descubrir”, afirmó en diálogo con El Litoral.
Para Bacigalupo, esa diversidad es una de las claves del atractivo porteño. “Buenos Aires invita, abraza y aloja a todas las personas que la elijan para estudiar, para vivir, para transitar, para venir por un congreso, para venir por un evento”, sostuvo. Y agregó que caminar por sus calles también significa descubrir sus aromas, sus parques, sus cafés y esos rincones cotidianos que forman parte de la memoria de quienes viven allí.

Águila Pabellón: un viaje al pasado en medio del Ecoparque
En avenida Sarmiento, frente a los senderos y la vegetación del actual Ecoparque porteño, hay un edificio que invita a bajar el ritmo. Su arquitectura de estilo Art Nouveau, las molduras, los detalles ornamentales y la presencia de árboles añosos construyen una atmósfera particular, en la que el movimiento de la ciudad parece quedar a cierta distancia.
Águila Pabellón funciona en la antigua confitería del zoológico de Buenos Aires, una construcción diseñada por el arquitecto italiano Virgilio Cestari y levantada en 1905. Declarado Monumento Histórico Nacional en 1997, el edificio fue recuperado y volvió a abrir sus puertas como restaurante en julio de 2023, después de años de abandono.
Este lugar nació ligado al antiguo zoológico y atravesó distintas etapas sin perder su vocación gastronómica. “Lo recuperamos hace tres años, estaba abandonado y pudimos ponerlo en funcionamiento para que todos los vecinos, turistas y personas que tengan ganas de probar la gastronomía porteña y comer en un lindo lugar lo puedan hacer”, contó Lucas, encargado del lugar.
La restauración buscó conservar la identidad del edificio y, al mismo tiempo, incorporarle elementos contemporáneos. El desafío fue que la renovación no compitiera con la arquitectura original, sino que acompañara sus formas, materiales y detalles. “Es un edificio Art Nouveau que nosotros recuperamos y lo que hicimos fue tratar de conservarle ese espíritu de palacete francés, pero que además tiene ribetes modernos”, describió el encargado. La intervención estuvo a cargo del equipo de diseño del grupo gastronómico Abridor, con la arquitecta Diana Lisman al frente de la restauración.

Muebles con historia y una carta que reinterpreta los clásicos
Parte del encanto de Águila Pabellón está en los detalles que aparecen a medida que se recorre el salón. Las molduras, los espejos y los muebles no funcionan solamente como decoración: también forman parte de una búsqueda por mantener viva la memoria del lugar.
“Las mesas donde van a comer son los escritorios de las habitaciones del Hotel Plaza, que son de 1940. Los espejos que van a encontrar en las paredes también vinieron de allá”, explicó Lucas. Esos objetos, recuperados de un edificio histórico, encontraron una nueva función en un espacio que también carga con más de un siglo de historia.

El encargado resume la experiencia como un encuentro entre dos épocas. “Cuando Águila nació no había calles, no había autos, el café se traía en carruajes y era una realidad muy diferente”, recordó. En aquel entonces, la avenida Sarmiento todavía no tenía el desarrollo urbano actual y las familias llegaban al predio para tomar el té, en un entorno que combinaba naturaleza y vida social.

Esa relación con el pasado también se traslada a la cocina. La carta propone reversiones de clásicos porteños, con una mirada contemporánea que busca conservar los sabores reconocibles y presentarlos de otra manera. La idea es que la experiencia no termine en la arquitectura: que el menú acompañe el carácter del edificio y su entorno.
El espacio se distribuye en dos pisos, con salones, pasillos y sectores al aire libre. Desde algunas áreas se percibe la vegetación del Ecoparque y la presencia de animales que habitan el predio, un rasgo que distingue al restaurante de otras propuestas gastronómicas de la ciudad.
“Te vas a encontrar con porciones y pedacitos de la historia que está bueno vivir, además de un espacio increíble, con animales conviviendo alrededor en el medio de la ciudad, algo difícil de conseguir”, señaló Lucas.
La propuesta fue incluida entre los restaurantes recomendados por la Guía Michelin Argentina 2024, un reconocimiento que acompañó la recuperación de este edificio patrimonial. Sin necesidad de convertir la visita en una clase de arquitectura, Águila Pabellón permite experimentar cómo un lugar histórico puede recuperar su actividad y dialogar con las formas actuales de disfrutar la gastronomía.

Cuatro maneras de descubrir la gastronomía porteña
La recorrida por Buenos Aires también permite encontrar propuestas que muestran cómo conviven la tradición y las nuevas tendencias culinarias. En Osaka, la cocina nikkei combina influencias japonesas y peruanas en platos como sushi y ceviches, además de preparaciones calientes y cócteles de autor. Es una alternativa para quienes buscan sabores diferentes dentro de una escena gastronómica que se renueva constantemente.

En Monserrat, El Globo invita a sentarse a la mesa de un clásico porteño. Con una historia que se remonta a principios del siglo XX, el restaurante conserva una ambientación tradicional y una carta ligada a la cocina española y argentina. Entre sus platos emblemáticos está el puchero, una preparación que mantiene viva parte de la memoria culinaria de la ciudad.
Otra experiencia se encuentra en Chacarita, donde La Fuerza recupera el ritual del vermú con una mirada actual. El proyecto nació de la iniciativa de cuatro amigos y elabora sus vermuts en Mendoza, a partir de vinos y botánicos de los Andes. La propuesta se completa con tapas y platos para compartir, en un espacio que vuelve a poner en el centro una costumbre muy ligada a la cultura porteña.

Buenos Aires, una ciudad para descubrir en cualquier época
Más allá de sus restaurantes, la capital ofrece recorridos para distintos intereses y momentos del año. Lila Bacigalupo, directora de Promoción Turística de la Ciudad de Buenos Aires, destacó que la agenda cultural, la arquitectura, los espacios verdes y la gastronomía permiten armar experiencias muy diferentes en una misma visita.
La avenida Corrientes, con sus teatros y pizzerías; el Jardín Japonés; el Planetario y el mirador del Obelisco son algunas de las alternativas para conocer la ciudad desde distintas perspectivas. También los buses turísticos permiten recorrer los principales puntos de interés, mientras que caminar sin un itinerario rígido puede conducir a cafés, librerías y rincones que no siempre aparecen en los recorridos habituales.
Para Bacigalupo, uno de los atractivos de Buenos Aires es que siempre ofrece algo distinto, sin importar la estación. “Es una ciudad que te reinventa, que te desafía y, a la vez, te abraza al ritmo del momento de la vida que uno también va transitando”, resumió.
Entre edificios que conservan su historia, restaurantes tradicionales y propuestas que exploran nuevos sabores, la capital argentina se presenta como una ciudad que invita a volver. A veces, descubrirla empieza por una visita planificada; otras, por sentarse a una mesa, pedir algo para compartir y dejar que el recorrido continúe.








