Lejos de ser una simple preferencia personal, el horario en el que una persona se siente más activa o somnolienta responde a un patrón biológico conocido como cronotipo.

El horario en el que una persona rinde mejor responde a un patrón biológico conocido como cronotipo. Este reloj interno regula el sueño y la vigilia y explica por qué algunas personas funcionan mejor al amanecer y otras alcanzan su pico de energía por la noche.

Lejos de ser una simple preferencia personal, el horario en el que una persona se siente más activa o somnolienta responde a un patrón biológico conocido como cronotipo.
Este reloj interno regula los ciclos de sueño y vigilia y explica por qué algunas personas funcionan mejor al amanecer, mientras que otras alcanzan su pico de energía cuando cae la noche. En ese mapa aparecen dos perfiles bien definidos: los llamados búhos y las alondras.

Comprender estas diferencias no solo ayuda a mejorar el descanso, sino también a optimizar el rendimiento diario, la salud mental y la organización de la rutina. En una sociedad estructurada mayoritariamente para quienes madrugan, conocer el propio cronotipo puede marcar la diferencia entre vivir agotado o en equilibrio.
El cronotipo está determinado en gran parte por factores genéticos, aunque también influyen la edad, el entorno y los hábitos. No se trata de una elección consciente ni de falta de disciplina: el cerebro libera melatonina —la hormona del sueño— en distintos momentos según cada organismo.
Durante la adolescencia y la adultez joven, por ejemplo, es más frecuente un perfil nocturno. Con el paso de los años, muchas personas tienden a volverse más matutinas. Sin embargo, forzar el cuerpo a horarios que no coinciden con su reloj interno puede generar consecuencias como cansancio crónico, irritabilidad, bajo rendimiento y problemas de concentración.

Especialistas en sueño advierten que dormir “a destiempo” de forma sostenida puede impactar también en la salud cardiovascular, el metabolismo y el estado de ánimo. Por eso, entender si alguien es búho o alondra no es una etiqueta simpática, sino una herramienta clave para el bienestar.
Aunque existen perfiles intermedios, los extremos del espectro muestran diferencias claras en la forma de atravesar el día.
Alondras
Estas diferencias no implican ventajas o desventajas en sí mismas. El problema aparece cuando el entorno exige funcionar en un horario contrario al cronotipo natural.

La mayoría de los horarios laborales, escolares y administrativos están diseñados para las alondras. Esto coloca a los búhos en una desventaja estructural: deben rendir cuando su cerebro todavía no está en su mejor momento.
Estudios sobre sueño y productividad muestran que los perfiles nocturnos no son menos eficientes, sino que despliegan su potencial en franjas horarias distintas. Cuando se los obliga a madrugar, el rendimiento baja y el desgaste aumenta. En cambio, cuando pueden ajustar sus horarios, los resultados suelen mejorar de manera notable.
En los últimos años, el avance del trabajo remoto y los esquemas híbridos abrió una ventana para repensar estas rigideces. Algunas empresas comenzaron a permitir horarios más personalizados, con resultados positivos tanto en productividad como en satisfacción laboral.
Para los búhos, adelantar gradualmente la hora de acostarse puede aliviar el impacto de las mañanas tempranas, aunque forzar cambios bruscos suele ser contraproducente. Para las alondras, respetar el descanso nocturno y evitar extender artificialmente la vigilia también es clave Dormir bien no es solo dormir muchas horas, sino hacerlo en sintonía con el propio ritmo biológico.