Hay personajes que no necesitan presentación. Alcanzan unas pocas palabras, una melodía o la imagen de un caballo ensillado para que su figura aparezca inmediatamente en la memoria colectiva.
Una vida entre el río, el caballo y la canción: el auténtico Orlando Vera Cruz
A los 82 años, el cantor santotomesino continúa defendiendo con guitarra, voz y memoria una identidad que convirtió en bandera. Revelación de Cosquín en 1974 y Consagración un año después, Orlando Vera Cruz pasó por “Historias que no son mías”, el programa cultural de Canal C&D de El Litoral, y durante una hora hizo lo que mejor sabe: cantar, recordar, contar y emocionar.

Orlando Vera Cruz es uno de ellos. Santafesino, cantor, compositor, paisano, hombre de río y de caballo. Un artista que hizo de su propia vida una manera de interpretar y defender la cultura popular.
Nació el 7 de agosto de 1944 en Santa Fe y fue bautizado como Orlando Luis Cayetano País. Con 82 años, su actividad artística continúa intacta y su presencia conserva esa particular energía que lo distingue desde hace décadas.
Porque Vera Cruz no es solamente un artista de escenario: también es un hombre del río, del camino, del caballo y de las costumbres que forman parte de una Santa Fe profunda.
Desde su rancho en Sauce Viejo, como él mismo suele llamarlo, contempla el horizonte y mantiene cerca sus caballos. Allí, entre el río y la vida sencilla que reivindica, recibe a sus amigos y visitantes con las puertas abiertas.

El pescado ocupa un lugar central en su mesa y, en ese universo tan propio, aparece una de las claves de su personalidad: la hospitalidad del paisano.
En “Historias que no son mías”, programa cultural, emitido por Canal C&D de El Litoral, no hubo un cuestionario preparado ni una entrevista convencional. El conductor decidió escuchar. Y disfrutar. Durante una hora, la palabra, los recuerdos y la guitarra quedaron en manos de Vera Cruz.
Y Orlando no dejó canciones por cantar
Su memoria recorrió escenarios, amigos, escritores, músicos, festivales y momentos de una trayectoria que comenzó a tomar dimensión nacional en la década del 70.
Entre sus reconocimientos, hay dos que el propio artista destaca especialmente: la distinción como Revelación de Cosquín en 1974 y la Consagración obtenida en 1975. En 2022 recibió, además, el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario.
Pero si algo permite comprender su historia es mirar mucho más atrás.
A los ocho años llegó a su vida la obra del poeta Julio Migno. Aquella relación con la poesía sería determinante. Vera Cruz no solamente admiró al escritor: fue su amigo y llevó sus textos al terreno de la música.
Algo similar ocurrió con José Pedroni, otro de los grandes nombres de la literatura santafesina cuya obra encontró en el cantor una voz para multiplicarse.
Una guitarra, una memoria y una identidad
Desde 1975, su producción discográfica fue creciendo junto con una extensa obra autoral. Entre sus creaciones, “Pilchas Gauchas” se convirtió acaso en una de las más populares, aunque la lista de canciones que forman parte de su repertorio es mucho más extensa.
Vera Cruz canta lo que vive y vive aquello que canta. Esa coherencia es, posiblemente, uno de los mayores valores de su trayectoria. Su defensa de las tradiciones camperas, del caballo, del hombre de campo y de la cultura santafesina no aparece solamente cuando sube a un escenario. Forma parte de su vida cotidiana.
Por eso también es habitual encontrarlo visitando escuelas y dialogando con alumnos de distintos niveles educativos. Sus palabras, sus canciones y sus historias llegan a los chicos como una forma viva de conocer una parte de la identidad regional.
En las grandes fiestas populares su presencia se transforma en una celebración. Cosquín, Jesús María, la Fiesta del Pescador y tantos otros escenarios saben que cuando aparece Orlando Vera Cruz hay algo más que un espectáculo. Hay una historia que llega cantando.
Su vínculo con la música santafesina también quedó demostrado en presentaciones junto a grandes intérpretes. Hace dos años, en el Festival del Pescador de Sauce Viejo, y en febrero pasado, sobre el escenario de Cosquín, volvió a demostrar que su exigencia artística permanece intacta.
Allí, acompañado por su hija Emilce y su nieta Abril, interpretó “La Hermanita Perdida”, de Atahualpa Yupanqui. Fue una versión de enorme sensibilidad, a la altura de la obra y del intérprete.
Porque Vera Cruz también sabe rodearse de músicos y cantantes que comprenden y respetan aquello que él defiende.
A lo largo de su vida ha citado y reivindicado permanentemente a los grandes escritores y poetas. Y en esa defensa de los propios, su pensamiento parece resumirse en aquellos versos de Atahualpa Yupanqui: “yo no traiciono a los míos, por palmas y patacones”.
No es solamente una frase. En él es una conducta
Amigo de sus amigos y defensor acérrimo del caballo, continúa sosteniendo una manera de entender la vida que parece pertenecer a otros tiempos, pero que permanece vigente gracias a hombres como él.
A los 82 años volvió a pisar el escenario del Teatro Municipal de Santa Fe y fue reconocido por grandes y chicos. La escena se repite allí donde aparece: siempre hay un caballo ensillado esperándolo. Y no es un detalle menor.
Su figura montada representa mucho más que la imagen de un jinete criollo. Es la representación de una cultura gaucha que atraviesa generaciones. Por eso, cuando participa de grandes acontecimientos populares, los paisanos de a caballo de la zona deberían acompañarlo y cuidarlo como corresponde.
Porque Orlando Vera Cruz no es solamente un cantor que monta a caballo: es, en sí mismo, parte de esa postal que identifica al hombre de campo santafesino.
Con el paso de los años, su melena criolla se volvió blanca, pero continúa destellando bajo el sol de la tarde o las luminarias de un escenario nocturno. La guitarra sigue en sus manos. La voz conserva su identidad. Y la memoria, lejos de apagarse, parece encontrar cada día una nueva historia para contar.
Orlando Vera Cruz, el auténtico. El nuestro. Santafesino de a caballo y con guitarra en mano.
Sinónimo de nuestra música, defensor de nuestras raíces y paisano como pocos.
Y esta vez, en “Historias que no son mías”, la historia sí fue de él.










