Durante años, muchas de las tendencias de belleza que dominaron la década pasada parecían haber quedado archivadas entre tutoriales de YouTube, selfies con filtros intensos y paletas de sombras ultra pigmentadas. Sin embargo, la moda tiene un comportamiento circular y el maquillaje no escapa a esa lógica: estilos que parecían superados reaparecen con nuevas interpretaciones.
Una década después: las tendencias de maquillaje de 2016 vuelven a arrasar
El contour marcado, los ojos ahumados y las cejas definidas recuperan protagonismo con versiones más suaves, acabados livianos y fuerte impulso desde redes sociales.

En 2026, varios looks icónicos de 2016 regresan con fuerza y reabren el debate sobre la estética maximalista frente al maquillaje natural que predominó en los últimos años.

El regreso no implica una copia exacta del pasado. Aunque muchas técnicas y estilos recuerdan a aquella época marcada por influencers de belleza y productos de alta cobertura, la actualización incorpora acabados más suaves, texturas livianas y una búsqueda de equilibrio.
Así, el contour marcado, las cejas definidas, los labios nude y el clásico smokey eye vuelven a ganar terreno, aunque adaptados a las preferencias actuales.
El retorno de una estética intensa
En 2016, el maquillaje atravesaba uno de sus momentos de mayor exposición digital. Los tutoriales de belleza acumulaban millones de reproducciones y muchas rutinas de maquillaje se construían alrededor de técnicas muy visibles, donde cada producto tenía un papel protagónico. Bases de alta cobertura, contornos intensos y fijadores se convertían en elementos imprescindibles.
Una década después, las redes sociales impulsan nuevamente esos recursos, aunque con un matiz distinto. El contour, por ejemplo, reaparece con una estética menos rígida. Si hace diez años predominaban líneas marcadas y rostros extremadamente esculpidos, ahora el objetivo apunta a generar dimensión sin perder naturalidad.
Las sombras oscuras y los ojos intensos también recuperan espacio. El smokey eye, que parecía desplazado por maquillajes minimalistas y tonos tierra suaves, reaparece en pasarelas, campañas de moda y contenidos digitales. La diferencia está en la aplicación: las transiciones se vuelven más difuminadas y menos dramáticas, adaptándose a estilos cotidianos.

En paralelo, resurgen otros elementos característicos de mediados de la década pasada, como el iluminador estratégico, las pestañas voluminosas y las cejas más estructuradas. Aunque no llegan con la misma intensidad de antes, sí recuperan protagonismo entre quienes buscan un look más elaborado.
Tendencias que vuelven renovadas
El regreso de esta estética se manifiesta en diferentes estilos que vuelven a aparecer tanto en redes sociales como en propuestas editoriales de belleza:
- Contour suave: mantiene la intención de definir el rostro, aunque con productos en crema y acabados menos pesados.
- Smokey eye actualizado: las sombras oscuras regresan, pero con difuminados más ligeros y combinaciones menos rígidas.
- Labios nude: vuelven los tonos beige, rosados apagados y marrones claros, ahora acompañados por fórmulas más hidratantes.
- Iluminación puntual: el exceso de brillo queda atrás y se prioriza iluminar zonas específicas del rostro.
- Cejas definidas: las cejas recuperan estructura, aunque sin llegar al acabado extremadamente delineado de 2016.
- Pestañas protagonistas: el efecto de volumen vuelve, especialmente en maquillajes nocturnos y de eventos.
La reaparición de estas tendencias responde también a un fenómeno nostálgico. La moda y la belleza suelen recuperar códigos estéticos cada diez o quince años, resignificándolos según las sensibilidades del presente. En ese sentido, quienes crecieron viendo tutoriales de maquillaje durante la adolescencia encuentran en estas tendencias una referencia emocional.

Nueva reinterpretación
El retorno del maquillaje de 2016 no significa el abandono de la estética limpia y minimalista que dominó gran parte de la década de 2020. Más bien, conviven dos corrientes distintas: por un lado, el maquillaje apenas perceptible; por otro, una propuesta más elaborada que reivindica el juego con colores, técnicas y acabados.
En muchos casos, la clave está en mezclar ambas influencias. Una piel luminosa y ligera puede convivir con un smokey eye marcado, mientras que unas cejas definidas se equilibran con labios discretos. El maquillaje deja de responder a reglas estrictas y se transforma en una herramienta de experimentación personal.
Las nuevas generaciones también contribuyen a este regreso. Usuarios jóvenes de plataformas digitales redescubren estilos de hace diez años y los reinterpretan desde otra mirada, convirtiendo antiguas tendencias en novedades para públicos que no las vivieron en su auge original.
A esto se suma una mayor diversidad de productos y fórmulas. Las marcas desarrollan cosméticos más livianos, multifuncionales y adaptables, lo que permite recrear estéticas intensas sin la sensación pesada que muchas veces caracterizaba al maquillaje de mediados de la década pasada.










