Esta última edición de la Milán Fashion Week Menswear está dejando en claro que la elegancia masculina atraviesa una profunda metamorfosis. Aunque el traje mantiene su rol central sobre las pasarelas, la tendencia actual huye de la rigidez para abrazar el layering (la superposición de prendas) y combinaciones mucho más audaces.
Milán dicta las reglas de la moda masculina: entre la sastrería relajada y el debut de nuevas identidades
La pasarela de la capital italiana presentó las colecciones de hombre para la temporada primavera-verano 2027. Desde el clasicismo desestructurado de Giorgio Armani hasta la irrupción histórica del diseño colombiano, las grandes firmas redefinieron los conceptos de elegancia, capas y texturas para el armario del hombre contemporáneo.

Firmas icónicas como Paul Smith lideraron esta corriente apostando por la naturalidad. La marca británica decidió relajar las pautas tradicionales a través de estilismos donde las corbatas se lucen sin anudar, las solapas quedan deliberadamente sin doblar y los puños se remangan con aparente descuido, todo contenido en una paleta sobria de grises, negros, blancos y azul marino.

Por su parte, Giorgio Armani ratificó su liderazgo en la sastrería estival explorando de lleno el spezzato —el arte de desparejar los trajes—. Rompiendo sus propios moldes, combinó americanas clásicas de lino y sarga con pantalones cargo, sumando detalles distintivos como cuellos enrollados, broches decorativos y carteras de mano llevadas de manera informal.
La obsesión por una silueta única y el regreso del estilo 'preppy'
En el front row de Prada, la expectativa se centró en la propuesta de Miuccia Prada y Raf Simons. La firma italiana se decantó por un ejercicio minimalista e intencional: definir una única silueta estilizada basada en pantalones slim, conjuntos de piel y sutiles toques cromáticos. Con esto, buscaron eliminar el exceso de patrones e introdujeron la riñonera como el complemento todoterreno llamado a convertirse en la microtendencia de la temporada.

El color y el espíritu universitario norteamericano llegaron de la mano de Polo Ralph Lauren y su línea Ralph Lauren Purple Label. En su segunda aparición dentro del calendario milanés, la marca consolidó su estética preppy mediante suéteres vibrantes anudados sobre los hombros, pantalones chinos con intervenciones pictóricas de estilo artístico, gorras Ivy League y pañuelos que reemplazan de manera definitiva a las corbatas tradicionales.

Tradición, nostalgia costera y un hito para Latinoamérica
La semana de la moda también abrió espacio a narrativas profundamente culturales. Setchu, bajo la dirección de Satoshi Kuwata, entrelazó la herencia japonesa con los códigos occidentales utilizando redes de pesca, pañuelos de seda que otorgan ligereza al movimiento y sutiles referencias a las armaduras samurái, complementados con bolsos-bandolera en tonos militares.
La nostalgia mediterránea corrió por cuenta de Dolce&Gabbana, que trasladó conceptualmente al espectador a unas vacaciones en Sicilia. Su pasarela revivió la estética de los años ochenta con pantalones de tiro alto con pinzas, camisetas de tirantes, tejidos calados, encajes ingleses y una profusa decoración a base de pedrería, broches y rosarios.

Finalmente, el certamen marcó un hito histórico con la presentación de Garcias, convirtiéndose en la primera marca colombiana en desfilar en la Milan Fashion Week. Su fundador, Nicolás Martín, demostró madurez creativa combinando su esencia callejera con la identidad de sus raíces. La colección exhibió camisas oversize con estampados tradicionales, mezclilla intervenida, pantalones contemporáneos con pinzas, pantalones vaqueros anchos con un acabado manchado, combinados con collares de cuentas, alpargatas y sombreros de rafia.









