Una simple caminata por los principales espacios verdes de la ciudad de Santa Fe alcanza para advertir una problemática que crece en silencio pero con consecuencias visibles: el deterioro progresivo del arbolado urbano debido a prácticas inadecuadas en tareas de desmalezamiento.
Árboles en riesgo: el desmalezamiento sin control deja huellas irreversibles en los espacios verdes de Santa Fe
Una recorrida por parques y plazas de la ciudad evidenció daños reiterados en el arbolado urbano producto del uso inadecuado de maquinaria. La falta de capacitación del personal y de controles efectivos pone en jaque la salud de los ejemplares y compromete el futuro ambiental.

Lejos de tratarse de casos aislados, la situación se repite en distintos puntos, encendiendo una señal de alarma sobre el cuidado del patrimonio natural.
El relevamiento realizado en parques y plazas permitió detectar que numerosos árboles presentan daños en la base de sus troncos, producto del uso incorrecto de herramientas como motoguadañas y bordeadoras.

Estos equipos, empleados sin la capacitación adecuada, golpean y desgastan la corteza inferior en el afán de lograr un corte rápido y prolijo del césped.
Daños invisibles que condenan a los árboles
El impacto de estas prácticas no siempre es inmediato a la vista del vecino ocasional, pero resulta determinante en la vida del árbol.
La corteza cumple una función esencial: protege los tejidos internos y permite el correcto transporte de nutrientes. Cuando esta barrera natural se rompe, el ejemplar queda expuesto a enfermedades, plagas y procesos de debilitamiento estructural.
Especialistas coinciden en que la eliminación parcial o total de la corteza en la base del tronco interrumpe el flujo vital de savia, generando un deterioro progresivo que puede derivar en la muerte del árbol en pocos años.
A esto se suma la vulnerabilidad frente a condiciones climáticas adversas. Vientos intensos, lluvias persistentes o tormentas moderadas pueden provocar la caída de ejemplares que, en apariencia, aún se encontraban en pie.
Falta de control y capacitación
Uno de los puntos más críticos que surge del análisis es la ausencia de controles efectivos y de supervisión técnica en las tareas de mantenimiento.
La utilización de maquinaria sin conocimiento específico ni criterios ambientales adecuados agrava el problema, ya que no solo se daña el árbol, sino que se repite el error de manera sistemática en distintos sectores de la ciudad.
Vecinos y caminantes habituales de estos espacios han manifestado su preocupación ante los responsables de áreas verdes, sin obtener respuestas concretas.
La falta de intervención por parte de organismos municipales o comunales deja en evidencia una deuda pendiente en materia de gestión ambiental.

Además, la búsqueda de una estética uniforme —con césped corto y prolijo— suele imponerse por sobre la preservación del arbolado. Esta lógica prioriza lo visual en el corto plazo, pero ignora el impacto negativo que estas prácticas generan a mediano y largo plazo.
Espacios emblemáticos bajo amenaza
La problemática no distingue zonas y alcanza a algunos de los espacios más representativos de la ciudad.
En el Parque del Sur, el Parque Federal y el Parque Garay, así como en diversas plazas barriales, se han registrado situaciones similares: troncos lastimados, corteza desgastada y árboles visiblemente debilitados.
Estos lugares, que cumplen una función clave como pulmones verdes urbanos y espacios de recreación, ven comprometida su sustentabilidad por acciones evitables.
El deterioro del arbolado no solo afecta la biodiversidad, sino también la calidad de vida de los ciudadanos, al reducir sombra, oxígeno y equilibrio ambiental.
La reiteración de estos daños también pone en discusión la planificación del mantenimiento urbano. Sin protocolos claros ni capacitación adecuada, las tareas que deberían preservar terminan destruyendo.
El llamado de atención es claro: cuidar los árboles no es un detalle menor, sino una responsabilidad colectiva. Cada ejemplar que se pierde representa años de crecimiento, sombra y aporte ambiental que no se recuperan de un día para otro.
La necesidad de implementar controles, capacitar al personal y priorizar criterios de conservación se vuelve urgente.
Porque proteger el arbolado urbano es, en definitiva, cuidar el medio ambiente y garantizar un futuro más saludable para todos. Que no parezca poco.









