Queridos amigos, este domingo celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor. Y con esta celebración dimos un salto gigantesco, pasando de un niño pequeño recién nacido, a un hombre adulto, preparado para iniciar su vida pública. Sin lugar a dudas, el bautismo es uno de los momentos más trascendentes, porque en el bautismo Jesús toma plena conciencia de su vocación Mesiánica. San Mateo en el Evangelio de este día nos dice:
"En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le contestó: Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él. Y vino una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo amado, escúchenlo".
La fiesta del Bautismo de Jesús nos remite también a nuestro bautismo. Un día, nuestros padres nos llevaron al templo para poder bautizarnos. Creían que era lo que tenían que hacer, como padres cristianos. No obstante, hoy, cuando tantas cosas se cuestionan, hasta la misma fe, es justo preguntarnos: ¿Para qué bautizar? ¿Para qué bautizarnos?
Cuando a los niños en la catequesis pregunto: ¿Para qué bautizar?, ellos suelen responder: "Padre, se bautiza para que los niños se hagan hijos de Dios". Qué bella respuesta. Pero entonces me pregunto: sin el bautismo... ¿no son hijos de Dios? ¿Quiénes son? Los de otras religiones... ¿no son hijos de Dios? ¿Los musulmanes no son hijos de Dios? Sí, lo son.
Pero entonces me sigo preguntando… ¿Para qué bautizar si ya son hijos de Dios? Hay muchos motivos para hacerlo. A continuación, me permito señalar solo algunos de ellos. Primero: a través del bautismo nos incorporamos a Cristo iniciando un largo proceso de configuración con Cristo que durará toda la vida; paso a paso iremos aprendiendo a pensar, sentir y actuar como Jesús.
Segundo: gracias al bautismo nos incorporamos también a la Iglesia y formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo. Nadie nace cristiano, uno se hace cristiano. ¿Dónde? En la Iglesia, en la familia y en la sociedad y en tantos otros lugares.
Pero, por otra parte, si la familia no evangeliza, si los padres no practican, o no ayudan a sus hijos en el crecimiento y maduración en la fe, sigo preguntando: ¿tiene sentido bautizar? El bautismo mi queridos amigos,... ¿es solo un trofeo para conquistar, un rito de iniciación cristiana para cumplir o algo más? Sí, ciertamente, muchos más.
Al celebrar la Fiesta del Bautismo es necesario preguntarnos con sinceridad: ¿Tomamos en serio nuestro bautismo? ¿El evangelio incide en nuestro modo de pensar, sentir y actuar? ¿Jesús es nuestro modelo de vida? Argentina, nuestra patria, presenta innumerables desafíos: económicos, políticos, sociales. Pero, también en la Iglesia vivimos una profunda crisis de fe.
Preocupa, por lo menos a mí, un permanente abandono de las prácticas religiosas, donde muchas familias ya no acompañan a sus hijos en el proceso de crecimiento y maduración en la fe. Lamentablemente el domingo ya dejó de ser el Día del Señor. Criticamos con frecuencia a los que nos gobiernan y con razón, porque no siempre cumplen con lo que prometieron. Pero, nosotros, los cristianos.
¿Somos personas honestas, buenos ciudadanos, personas de bien? La realidad es compleja, pero -gracias a Dios- hay muchas personas entregadas al servicio de los demás. Su vida es el evangelio encarnado.
Para ejemplificar, en este momento, me permito señalar a tantas almas samaritanas que dan de comer a los niños en los merenderos, comedores, pienso en tantas personas que trabajan en Caritas "ad honorem" y digo: Qué bueno es ser bueno. Y usted querido amigo ¿de qué lado está?
Termino mi reflexión con esta oración que ilustra nuestra vida de bautizados: "Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú. Se tú el que apartó del camino la piedra, el odio de los corazones y las dificultades del problema".
Hay alegría de ser bueno, pero hay, sobre todo, la inmensa alegría de servir. Dios, que no vino para ser servido, sino para servir es quien te pregunta cada día. ¿Serviste hoy?