¿Cómo están queridos amigos? Hace pocos días ha terminado el año 2025. El tiempo pasado no volverá jamás. Podemos felicitarnos por haberlo aprovechado o podemos lamentarnos por haber perdido tantas hermosas oportunidades. ¿Podemos cambiar? No. La vida no admite retorno. A lo largo del año pasado muchas personas nos han dejado, nosotros todavía estamos y aún seguimos. ¿Hasta cuándo? Solo Dios sabe.
Ha comenzado el año 2026 y con él nacen muchas expectativas, sueños, utopías, pero también surgen muchas preguntas, dudas respecto al futuro. ¿Cómo será este año nuevo? Mamerto Menapace, el monje benedictino, se preguntaba: "¿Qué tengo que hacer yo para poder construir un buen año?"
Y él mismo se respondía: "Para vivir un buen año, es importante aprender todos los días a ser mejores y entender que a esta vida vinimos a aprender a amar, a ser felices, a dejar huella". Debemos dejar el mundo un poco mejor de lo que lo hemos encontrado.
Las fiestas navideñas, a pesar de la alegría, magia y emoción, presentan también un mensaje trágico y preocupante. San Juan, en el Prólogo del Evangelio de hoy afirma: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron". Con esto nos dice que ante el Niño Dios podemos tomar distintas actitudes, pero, básicamente dos: podemos aceptarlo o rechazarlo.
En aquel mundo cuando nació Jesús, había lugar para los comerciantes, administradores, gobernantes, para ricos, pero no había lugar para Dios. ¿Piensan ustedes que hoy las cosas han cambiado mucho? ¿Piensan ustedes que en nuestra sociedad hay lugar para Dios? ¿En sus corazones -queridos amigos- hay lugar para Dios? ¿Sus vidas se inspiran en la cosmovisión cristiana?
Por otro lado, San Juan dice: "A los que lo recibieron, dio el poder de llegar a ser hijos de Dios". Qué maravilloso. Dios se hace hombre para que el hombre descubra su dignidad, quién es y cuál es su vocación.
La fe nos dice que somos seres irrepetibles, únicos. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, redimidos por Cristo y templos del Espíritu Santo. Los únicos responsables de nuestra vida somos nosotros. Los demás pueden hacer muchas cosas, pero nadie puede vivir nuestra vida. Las obras, las palabras, los gestos hablan de lo que somos.
Qué bello es constatar que hoy, a pesar de tantos que dejan la Iglesia, que se alejan de los templos, que no practican, muchos de nuestros hermanos todavía aceptan, creen y viven la Palabra de Dios. Muchos son los que bregan para transformar la sociedad inspirados en el Evangelio, incluso se juegan, entregando hasta la propia vida.
¿Cómo será el nuevo año? Lo que viene no depende del horóscopo, de lo que diga la gitana. Depende de la gracia de Dios y de nuestra colaboración con ella. La gran pregunta es: ¿cómo vivir, como actuar? Por eso miso, a continuación quiero contarles esta bella historia.
Cuando San Agustín en el siglo V escribía su obra monumental "Civitatte Dei" (Ciudad de Dios) los tiempos eran difíciles, el Imperio Romano -que parecía de hierro- se caía a pedazos, debido fundamentalmente a la grave crisis ética y moral. Mucha gente vivía atemorizada y decía: "Los tiempos son malos". Y San Agustín les respondía: "Ustedes son el tiempo, sean buenos y los tiempos serán buenos".
Ciertamente, el tiempo, el año, no tienen problemas… pero, usted y yo sí tenemos problemas. Mis queridos amigos. El problema y la solución en el mundo somos nosotros. El mundo de hoy no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos, ciudadanos y no simples habitantes.
Hoy nuestra patria argentina quiere levantarse de un empobrecimiento tremendo causado por nuestras clases dirigentes, por los que nos gobernaron, y por muchos de nosotros también cristianos. Para que el mundo esté como está, es suficiente que los buenos -tal vez usted y yo- no hagamos nada.
Y lamentablemente, muchas veces los buenos callamos, nos llamamos al silencio cuando hay que hablar; tristemente muchos cristianos con frecuencia, no somos ya una presencia profética de Cristo. Nos quedamos en el templo olvidándonos que la misión grana en la calle. Para concluir quiero subrayar una vez más: nuestra patria necesita gestos grandes y concretos.
Nos toca a nosotros en los tiempos actuales escribir una nueva historia de nuestra querida Argentina. Qué privilegio y qué responsabilidad. "No hay hombres imprescindibles como piensan o creen algunos. Hay actitudes imprescindibles".